Rescatistas y cuidadores, los héroes de lo extraordinario
Aarón descubrió el poder maravilloso de la fuerza que reside en la solidaridad. Esta, que fue una situación extraordinaria y producto de una catástrofe, se refleja en la vida cotidiana palabra por palabra
La escena resulta conmovedora. Un joven que fue rescatado de entre los escombros tras el terremoto en Venezuela del 24 de junio pasado tiene un encuentro con sus rescatistas, integrantes de los Topos de México, quienes lo ayudaron a salir tras 106 horas atrapado.
Al abrazarlo, el primer rescatista le expresa sonriendo que en aquel momento le había dicho que se volverían a ver. Vienen más abrazos con el resto y, en medio de ello, escuchamos las palabras de agradecimiento del muchacho.
Externa que sabe que “primeramente fue Dios el que me salvó, pero ustedes fueron los ángeles que mandó”.
Sigue la gratitud del muchacho, Aaron Levi Castillo, tras la broma del rescatista que hace brotar las risas: “Perro, yo vengo por mis cervezas”.
“Fueron los ángeles que él mandó, que nunca me dejaron solo, de verdad. Gracias por no dejarme solo, por siempre hablar conmigo, por conversar, por tratar de mantenerme distraído, por darme agua, por todas esas pequeñas cosas, por darme luz, por siempre decirme que mantuviera la calma, y discúlpenme, porque andaba demasiado desesperado, y sé que en algún momento les llegué a hablar un poco feo, pero estaba mal, mírenme las manos, yo le pegaba muy duro al techo que tenía encima, pero era porque yo quería salir de ahí.
“Todos ustedes me prometieron que me iban a sacar de ahí y lo lograron, lo hicieron. Dios les dio la fuerza, Dios les dio la sabiduría para saber qué piedra tenían que mover, qué escombro tenían que quitar, todo ese tipo de cosas. Todos ustedes son un gran equipo, y no, ustedes se volvieron mi familia”.
Aarón descubrió el poder maravilloso de la fuerza que reside en la solidaridad. Esta, que fue una situación extraordinaria y producto de una catástrofe, se refleja en la vida cotidiana palabra por palabra. Cada una de las que pronunció podemos extrapolarla a los cuidados de aquellas personas que necesitan de los demás en cualesquiera otras circunstancias: a las personas enfermas, a los desvalidos por discapacidad, a los adultos mayores.
Agradecer a los cuidadores por no dejar solas y siempre hablar con las personas a su cargo, por conversar, por mantenerlas distraídas, por cosas tan simples en el día a día, como llevar un vaso de agua o ayudar con la medicina. Por tranquilizar cuando la noche se acerca y es mayor el miedo de las personas desvalidas. Por todas esas pequeñas cosas y por dar la luz, como dice Aarón; por conferir calma ante la dificultad al no lograr sostenerse uno mismo.
Los adultos mayores se sientan frente a un horizonte que no fue el suyo durante toda la vida. Algunos parecen interesarse cada vez menos en lo que ocurre a su alrededor, pero es el cuidador el que sabe, o intenta indagar, lo que pasa por su mente y por su corazón: le hace preguntas, conversa con él, le ofrece música, lo hace sentir partícipe del mundo que se habita ahora, procurando despertar su interés y sus emociones.
Adicional a esto, la forma respetuosa en el trato. No lo obliga a comer rápido, sabiendo que no es posible que lo haga a la misma velocidad que antes o como cualquiera que esté a su lado. Cada mañana es un milagro y se lo hace saber con una presencia afectuosa y sin prisas.
Por todas esas cosas, los cuidadores pertenecen a la misma estirpe que estos grandes héroes mexicanos que salvaron la vida de Aarón, este agradecido joven de 21 años.