Ricardo Mejía Berdeja, el traidor

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Opinión
/ 15 marzo 2026

Este brevísimo análisis de la biografía y personalidad políticas de Mejía permite encuadrarlo como un político oportunista y traicionero

¿Dónde hunde sus raíces traicioneras Ricardo Mejía Berdeja, militante del PT, aspirante a la alcaldía de Torreón en 2027 y a la gubernatura de Coahuila en 2029?

¿Tendrá acaso este Mejía alguna relación genética con Tomás Mejía, el militar conservador de origen otomí que luchó durante la Guerra de Reforma y apoyó la instauración del Segundo Imperio Mexicano encabezado por Maximiliano de Habsburgo, con respaldo del monarca francés Napoleón III? El mismo que, tras la victoria republicana de Benito Juárez, fue declarado traidor a la patria y fusilado en el Cerro de las Campanas con Maximiliano de Habsburgo y Miguel Miramón el 19 de junio de 1867.

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La pregunta es pertinente porque la ruta política de Ricardo está empedrada y, en su desesperada búsqueda de poder, da saltos al vacío, deslealtades y traiciones para “acumular cinco militancias diferentes en 30 años de carrera”.

Mejía “tiene una carrera política de tres décadas en la que cabe de todo: cinco militancias diferentes, diputaciones locales en dos estados, puestos de poder en gobiernos federales del PRI y de Morena, candidaturas en Guerrero y Coahuila, diputaciones plurinominales, coordinaciones parlamentarias de MC y una derrota electoral cuando pretendió ser alcalde de Acapulco” (Eme Equis: 21-04-2023).

¿Qué huella ha dejado Ricardo en su transitar chapulinesco por la política? Positiva, ninguna. Negativas, varias. Menciono dos, la primera: “Durante su labor como subsecretario de Seguridad (2019-2023) se expidió el permiso para la empresa a cargo de la seguridad durante el incendio donde murieron 40 migrantes en Ciudad Juárez” (Eme Equis: 21-04-2023).

La segunda: en julio de 2025, el PAN nacional, en palabras de Gerardo Aguado, diputado local coahuilense, “alistó una denuncia formal ante la Fiscalía General de la República contra el diputado federal Ricardo Mejía Berdeja, a quien acusan de ser uno de los principales rostros del ‘narcopoder’ en la política mexicana... por sus nexos evidentes con personajes del crimen organizado”.

A raíz de esta denuncia, un medio coahuilense apuntó que “la dirigencia del PT nacional estaba valorando el exilio del diputado Ricardo Mejía Berdeja como su representante en Coahuila, y enviarlo como delegado a Acapulco, Guerrero, ciudad en la que desarrolló toda su carrera política. La petición vendría por parte de Luis Fernando Salazar y Cecilia Guadiana, principales figuras de Morena en el estado” (El Demócrata: 25-07-2025).

En 2023, Mejía dejó su cargo para competir por la gubernatura de Coahuila en 2024 y declaró que “nunca ha estado afiliado a Morena, pero tampoco aparece en el registro nacional del PT”. A pesar de su confusa declaración, las encuestas internas de Morena no lo favorecieron y decidió competir por el PT y, con ello, dividir el voto morenista y debilitar la candidatura guinda de Armando Guadiana para fortalecer el eventual triunfo electoral del priista Manolo Jiménez Salinas.

Esta, su primera traición directa, es contra López Obrador, quien la pintó con estas palabras: “Se fue Ricardo Mejía, ahora sí que ni me dio el adiós, nada más me mandó un papel...”.

La segunda traición es reciente y fue contra la presidenta Claudia Sheinbaum, al votar contra la reforma electoral, y regresar, bien orondo, a Coahuila para exigir a Morena las cinco posiciones acordadas de las 16 candidaturas al Congreso local.

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Este brevísimo análisis de la biografía y personalidad políticas de Mejía permite encuadrarlo como un político oportunista y traicionero. Las razones son las siguientes.

Su ambición personal está por encima de todo. Le siguen su cálculo rápido y su adaptación superficial a las circunstancias para sobrevivir sin importar los principios éticos, pero sí la búsqueda del poder como un fin en sí mismo.

Para ello, Mejía utiliza las coyunturas y circunstancias para beneficio personal e inmediato, sin visión de largo plazo. Razón por la cual le es irrelevante desgastar su credibilidad o la del partido –del momento– y minar la confianza pública. O imaginar las consecuencias para él –ahora transformado en tigre de gruñido gatuno y garras manicuradas– y de sus simpatizantes.

Si el general Tomás Mejía hubiese conocido a Mejía Berdeja hoy, le hubiera dicho: “Bienvenido, Tigre. El Cerro de las Campanas te espera”.

Columna: Panóptico

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