Rubén Darío, un poeta contra el imperialismo
COMPARTIR
Para el literato nicaragüense, el Tío Sam está dispuesto a pisotear a las naciones latinoamericanas para ir ‘a la caza del dollar’, el ‘ideal de esos calibanes está circunscrito a la bolsa y a la fábrica’
Ayer, 18 de enero, se cumplieron 159 años del nacimiento del poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916), uno de los principales representantes del modernismo literario latinoamericano. A pesar de ser un escritor de finales del siglo 19 y principios del 20, su obra se mantiene vigente como un baluarte crítico ante las pulsiones imperialistas; particularmente las recientes, en este rincón del mundo, con Donald Trump, su corolario a la Doctrina Monroe –o Doctrina Donroe, como coloquialmente se le ha llamado– y la intervención ilegal en Venezuela, así como las presiones en el resto de Latinoamérica.
TE PUEDE INTERESAR: ‘Operación Resolución Absoluta’: ¿Petróleo o libertad?
Mi primer recuerdo del poeta modernista es de una clase de literatura en el bachillerato, cuando mi profesora nos explicaba la diferencia entre arte menor y arte mayor en la poesía: el primero consta de versos de ocho sílabas o menos, mientras que el segundo se constituye de versos de nueve sílabas o más. Aquel día, la docente nos ejemplificó el arte mayor con la “Sonatina” (1893) de Darío, la cual quedó impresa en mi memoria:
La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
y en un vaso olvidada se desmaya una flor.
En ese instante adolescente, aquella primera estrofa me cautivó con sus imágenes que evocaban la melancolía de un universo fantástico perdido. Años más tarde, comprendí que este poema plasmaba la agenda modernista: la desilusión ante su mundo contemporáneo, su cultura, su sociedad y su política.
Si su princesa estaba triste y había perdido la risa y el color, Darío pasaba por una situación análoga. En sus palabras preliminares al libro “Prosas profanas y otros poemas” –que integra Sonatina– confesó: “mas he aquí que veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles: ¡qué queréis!, yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer”.
Ante la desilusión, la creación. Como refugio estético ante el desencanto existencial, Darío recurrió a una poética y una prosa cargadas de simbolismos, apoyándose en la mitología para recrear una atmósfera idílica y exótica. Frente a los grises del mundo real, retrató un paisaje lírico colorido:
—¡Calla, calla, princesa —dice el hada madrina—,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!
TE PUEDE INTERESAR: EU justifica que los aranceles por Groenlandia son para ‘evitar una emergencia nacional’
Y aunque Darío repudiaba el tiempo en el que le tocó vivir, aunque se cobijaba en su poesía, no rehuía a la crítica política cuando lo consideraba pertinente. En el contexto de la guerra hispano-estadounidense de 1898, cuando Estados Unidos de América se quedó con Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, publicó su ensayo “El Triunfo de Calibán” (1898), en donde equipara al gobierno estadounidense en turno con Calibán, un personaje bárbaro del drama shakespeariano “La Tempestad”. Para el literato nicaragüense, el Tío Sam está dispuesto a pisotear a las naciones latinoamericanas para ir “a la caza del dollar”, el “ideal de esos calibanes está circunscrito a la bolsa y a la fábrica”.
En su poema “A Roosevelt” (1904), dedicó las siguientes palabras al entonces presidente:
Crees que la vida es incendio,
que el progreso es erupción;
en donde pones la bala
el porvenir pones.
No.
Estas mismas palabras bien podría dedicarlas hoy a Trump.
X: @areopago480
Correo electrónico: areopago480@gmail.com