Sabrosos decires
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Esos modos de hablar tenían ingenio y gracia: eran adornos que engalanaban la conversación, especias que sazonaban la cotidiana sopa de la vida
He espigado con paciencia digna de mejor causa algunas expresiones que ayer se usaron y que, para nuestra desgracia, ya no se emplean hoy. Digo “para nuestra desgracia” porque esos modos de hablar tenían ingenio y gracia: eran adornos que engalanaban la conversación, especias que sazonaban la cotidiana sopa de la vida.
He aquí algunas de esas expresiones de nuestros padres, abuelos y bisabuelos:
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- Esto se puede hacer sin tomar agua bendita.
Decíase de lo que podía hacerse sin faltar a ningún ordenamiento humano o divino. Por ejemplo: “Ya estoy pedida y dada, padre. ¿Puedo darle la mano a mi novio para que me la bese?”. “Sí, hija. Ya puedes hacer eso sin tomar agua bendita”.
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- Ser una mula desorejada.
Ser un pillo, un bribón.
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- Aguja para amortajar suegras.
Era una aguja fuerte, recia, capaz de coser el hilo más grueso con puntadas que nada iba a romper.
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- Es puro pájaro nalgón.
Aludía a quien era largo en palabras, corto en hechos.
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- Estará haciendo un calendario.
Se aplicaba a quien estaba pensativo, con la mirada perdida en el vacío.
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- Pedro Liso y Juan Rasposo.
Frase usada cuando pagaban justos por pecadores. “Pedro Liso” era “Pedro lo hizo”.
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- Ése le saca la lengua a un ahorcado.
Se decía de alguien que era atrevido y descarado, que no se detenía en nada para salirse con la suya.
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- ¡Malajos!
Interjección equivalente a ¡malhaya! Tiene carácter despectivo.
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- Quedar a la altura del betún.
Quedar por los suelos. El betún era la grasa con que se daba lustre a los zapatos.
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- Más desocupado que congal en lunes.
Se usaba para decir que alguien estaba ocioso, sin hacer nada. En vez de “congal” se empleaba a veces otra palabra, femenina, de cuatro letras, empezada en pe.
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- Estar a la cuarta pregunta.
Estar muy pobre. Busqué esa expresión en el “Refranero de México”, del sapiente paremiólogo don Luis Rivera, y ahí aprendí que antiguamente el cura párroco hacía varias preguntas al novio que pretendía contraer matrimonio, y la cuarta se refería a sus posibilidades económicas para afrontar los gastos del casorio. Ahora ya casi no hay casorios. Muchas parejas se van, como quien dice, por la libre, y no por la de cuota.