Sam Neill... lecciones para un buen vivir

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Opinión
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Neill se rehusó a vivir cuidando de su marca e imagen, controlado por agentes y publirrelacionistas en el contexto hollywoodense

La madrugada del lunes me enteré con tristeza del fallecimiento del actor neozelandés Sam Neill, lo que, sin embargo, me facilitó la elección sobre qué ver antes de dormir.

Su clásico más a la mano fue “In the Mouth of Madness” (John Carpenter, 1994), aunque Neill tiene clásicos como para constituir todo un subgénero por sí mismo, una categoría aparte en cualquier videoclub. Aun así, es posible que el gran público batalle para ubicarlo o tenga que referirse a él como “¡Ah, el doctor Alan Grant de ‘Parque Jurásico’”.

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Ello no es casual, ya que, pese a su enorme y valiosa carrera, Neill se rehusó a vivir cuidando de su marca e imagen, controlado por agentes y publirrelacionistas en el contexto hollywoodense.

Prefirió llevar la más honesta, sencilla y feliz de las vidas en una granja, Two Paddocks, en Central Otago, Nueva Zelanda. Más verdes prados, menos alfombras rojas.

Me está pasando con la muerte de Neill lo mismo que me sucedió con la de otros grandes, como Dolores O’Riordan, cuya enormidad estuvo siempre ahí y di por sentada; y no fue sino hasta su partida que entendí cuán necesarios eran en mi mundo.

En 1986, Neill estuvo a punto de convertirse en la cuarta encarnación del Agente 007 tras la salida de Roger Moore de la franquicia, que finalmente se decantó por Timothy Dalton. Y aunque aquello pudo significar en su momento una enorme decepción, fue a la postre lo mejor que le pudo suceder a él, al cine y a su público.

No estoy siendo gratuitamente encomiástico, el personaje de James Bond le habría ocupado mucho de su tiempo y muy probablemente le habría encasillado, negándole la posibilidad de interpretar los mejores papeles que aún estaban por llegar, sobre todo de la mano de realizadores arriesgados e independientes.

Acabo de decirle que Neill le dio la espalda a Hollywood para entregarse mejor a una sencilla vida campestre, ¿cierto? Pues no es del todo preciso, ya que el actor se llevó a todo Hollywood hasta su granja de la manera más peculiar.

En repetidas charlas y entrevistas, Neill contó anécdotas sobre sus animales, a los cuales bautizó como sus mejores amigos de la industria del cine. Así nos enteró, por ejemplo, de las gallinas Meryl Streep y Laura Dern; de la vaca Helena Bonham Carter; del carnero Jeff Goldblum; del gallo Michael Fassbender; de los cerdos Taika Waititi, Anjelica Huston, Imogen Poots; del cordero Susan Sarandon y de la pata Kylie Minogue.

No estaba siendo sarcástico ni lanzando un “statement” sobre Hollywood; sólo estaba homenajeando a la gente que apreciaba, nombrando en su honor a sus amados compañeros de granja.

Cuando le preguntaron al respecto, sin embargo, no pudo evitar el apunte humorístico: “Es un seguro de vida... Porque si bautizas a una gallina como Meryl Streep, siendo sinceros, luego ya no te la puedes comer”.

No estoy seguro, creo que la última vez que vi a Sam Neill en un estreno en salas fue en 2016 con “Hunt for the Wilderpeople” (de Waititi). Y me encantó verlo viejo, pesado y cascarrabias en una comedia tan humana.

(Esa debió ser, porque la función de aniversario del clásico “Possession” –Andrzej Zulawski, 1981– no cuenta como estreno).

Estoy tentado a hacer una lista de mis cintas favoritas de Sam Neill, pero sé que lo voy a hacer mal, que siempre estará incompleta y que, para mencionarlas todas, ahí está la IMDB. Mejor, si me quiere compartir su personaje favorito o momento selecto de la filmografía de Neill, se lo agradeceré.

En 2022 se le diagnosticó un agresivo cáncer, por lo que de inmediato inició tratamiento de quimioterapia, aunque el mundo no se enteró de ello hasta un año después, ya que en vez de buscar el apoyo y la conmiseración que su bien ganada fama le habría otorgado sin reservas, prefirió aprovechar ese mutis para escribir sus memorias: “Did I Ever Tell You This? A Memoir”, que estoy ahora muy tentado a adquirir.

Pese a que el cáncer estaba en aparente remisión, el actor falleció de manera inesperada a los 78 años, en su hogar, rodeado de su familia y de sus queridos animales con estrella en el Paseo de la Fama.

Como cada vez que muere alguna celebridad, creo que es hipócrita llorarle, ya que ese es un privilegio de su gente amada. A nosotros, en cambio, nos quedan para siempre sus impresionantes trabajos, a los cuales podemos regresar cuántas veces lo deseemos o consideremos necesario. ¡Y por ello, gracias, Sam Neill!

ESCENA POSTCRÉDITOS:

El finado actor nos deja además unas valiosas lecciones de vida que encarecidamente suplico le hagan llegar a cierto caballero otoñal que tanto las necesita.

Aquí están las cinco lecciones de Sam Neill para bien vivir:

1) Está muy bien lo de retirarte a la apacible vida bucólica, en medio de la naturaleza, alejado del ruido mundano y de las frivolidades, pero... que sea realmente porque abrazas la calma y la tranquilidad del campo, no porque te estás ocultando y así evades encarar tus responsabilidades. Que sea una elección, no una necesidad. Y que sea fruto de tu esfuerzo y de tu trabajo, no un refugio pagado, construido, amurallado y vigilado por la Guardia Nacional y costeado con los impuestos.

https://vanguardia.com.mx/show/fallece-el-actor-sam-neill-protagonista-de-jurassic-park-a-los-78-anos-AC22131607

2) Si vas a dedicarte a escribir, que sea una memoria honesta y que sea de tu autoría. No un mamotreto posiblemente hecho por un tercero por encargo para seguir haciendo demagogia con una visión distorsionada y maniquea de la historia y la realidad. Y ponle un título evocativo, ingenioso y no uno del tamaño del ego con el que haces algún tipo de compensación freudiana: “GRANDEZA”.

3) Es genial si te consagras haciendo papeles de demente, cuando en realidad eres un hombre mesurado, cuerdo, modesto, apacible y amable con sus semejantes. Pero es terrible cuando pretendes ser humilde, justo, sensato y ecuánime, pero en privado eres un pinche loco con la realidad bien alterada.

4) Si en el pasado fuiste derrotado por alguien que fue mejor que tú... ¡Acéptalo! No te pases la vida llorando por lo que no fue. Así hayas perdido la oportunidad de ser el 007, o el Presidente de la República en 2006, vive con ello y aprende de ello, pero pórtate como un hombrecito y dale vuelta a la página.

5) Si tienes un montón de animales que cuidar, trátalos con cariño, aliméntalos, procúralos y ponles nombres originales, si quieres. Pero por lo que más quieras, no los pongas a dirigir el país desde el Congreso, la Suprema Corte y el Gobierno de la República.

Columna: Nación Petatiux

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