Sheinbaum es solo otra apaciguadora de Trump

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Opinión
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Las relaciones de la presidenta mexicana con Trump se han presentado, en gran medida, bajo una luz positiva

Por Jorge G. Castañeda, Project Syndicate.

CIUDAD DE MÉXICO- El 1 de octubre marcará el final del segundo año del mandato de seis años de la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum. Su historial económico es mediocre, tal y como ha demostrado mi colega y exministro de Hacienda mexicano Guillermo Ortiz, y su desempeño en materia de seguridad, aplicación de la ley y lucha contra el crimen organizado y la corrupción también es cuestionable. Quizá lo más preocupante sea que Sheinbaum está llevando al país por una senda autoritaria.

Sin embargo, eso no ha impedido que Sheinbaum sea ampliamente elogiada, tanto en México como en el extranjero, por su gestión de las relaciones con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Considerada a la vez firme y flexible, capaz de evitar la confrontación sin doblegarse, a Sheinbaum se la suele comparar con el primer ministro canadiense, Mark Carney, o con el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quienes han desafiado a Trump (aunque con resultados limitados).

De hecho, Sheinbaum ha disimulado hábilmente -y con cinismo- hasta qué punto ha cedido ante Trump en casi todos los temas. En esto se ha visto favorecida por la prensa internacional, que tiende a darle el beneficio de la duda, y por los medios de comunicación mexicanos, cada vez más controlados por el gobierno y siempre en busca de motivos para elogiarla.

Consideremos la estrategia de Sheinbaum respecto a la aplicación de las leyes migratorias. A principios de 2025, tras las amenazas arancelarias de Trump, desplegó 10.000 efectivos en la frontera con Estados Unidos. Para impedir que migrantes de Centroamérica, Sudamérica y el Caribe transitaran por México, Sheinbaum también reforzó la seguridad en la frontera sur, instaló puestos de control adicionales en las autopistas que van desde el estado sureño de Chiapas al resto del país e intensificó los patrullajes en las rutas migratorias rurales. El resultado fue que las detenciones de migrantes en la frontera entre Estados Unidos y México, que ya habían empezado a caer en la presidencia de Joe Biden, se redujeron drásticamente.

Pero no se detuvo ahí. En 2025, México acogió a unos 12.000 no mexicanos deportados, en su mayoría cubanos y venezolanos, procedentes de Estados Unidos, a pesar de no estar legalmente obligado a acoger a ninguno de ellos -una práctica que comenzó durante la primera administración de Trump, pero que se intensificó en los últimos años-. Peor aún, aunque ha indicado claramente que México acepta el retorno de todos sus ciudadanos, Sheinbaum no ha podido detener la deportación de migrantes mexicanos a terceros países, principalmente Guatemala y Honduras. Esta medida, particularmente cruel, pretende disuadir a los mexicanos de emigrar hacia el norte, trasladándolos en avión a lugares peligrosos lejos de sus hogares.

En materia de lucha contra el narcotráfico, Sheinbaum accedió rápidamente a las exigencias de Trump cuando este comenzó a revocar los visados estadounidenses de funcionarios mexicanos, a hacer afirmaciones estridentes sobre la connivencia entre los cárteles y la clase política mexicana, y a designar a dichos cárteles como organizaciones terroristas extranjeras. Cuando Sheinbaum le entregó a Estados Unidos a 92 figuras de los cárteles, prescindiendo de los procedimientos de extradición y del debido proceso, los norteamericanos quedaron encantados. Las autoridades estadounidenses han ampliado la vigilancia con drones y las operaciones encubiertas en el país, y se han dedicado a recabar y compartir más información de inteligencia con las fuerzas de seguridad mexicanas, lo que ha llevado al asesinato del jefe del cártel de la droga “El Mencho” y a la captura o muerte de otros objetivos de gran importancia.

A Sheinbaum se la elogia por rechazar las “ofertas” de Trump de desplegar “botas estadounidenses sobre el terreno” en México. Todavía no está claro si esas “ofertas” se han convertido en exigencias o amenazas, y si la expresión “botas sobre el terreno” se refiere únicamente a militares estadounidenses uniformados que participen abiertamente en operaciones conjuntas en territorio mexicano. Sin embargo, rechazar una presencia militar estadounidense manifiesta en México es algo que todos los presidentes mexicanos han hecho durante el último siglo. En cuanto al número de funcionarios estadounidenses no militares que operan clandestinamente en el país hoy en día, esa cifra es, por definición, desconocida para el público. Sheinbaum puede rechazar públicamente el envío de “botas sobre el terreno” mientras acepta discretamente un acuerdo más encubierto.

En materia de comercio, el otro tema importante de la agenda bilateral, Sheinbaum ha satisfecho en gran medida los deseos de Trump. Incluso antes de que comenzara la revisión prevista del Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), México impuso unilateralmente un arancel del 50% a productos clave importados de China (país con el que mantiene un déficit comercial de unos 123.000 millones de dólares), ante la queja de Trump de que muchos productos chinos exportados a México terminaban en Estados Unidos.

Sheinbaum tampoco ha tomado represalias contra los aranceles o las restricciones estadounidenses sobre una amplia gama de exportaciones mexicanas, desde acero y vehículos hasta ganado y paltas. Cuando Trump se negó a renovar el T-MEC por otros 16 años, prefiriendo revisiones anuales y solo entre Estados Unidos y México, el gobierno mexicano accedió a regañadientes. Sheinbaum ha aceptado la mayoría de las exigencias de los negociadores estadounidenses, aunque el verdadero alcance de sus concesiones solo se revelará cuando se anuncie un nuevo acuerdo.

Incluso en cuestiones más simbólicas, como el apoyo a Cuba, que durante mucho tiempo ha sido un referente ideológico para la izquierda mexicana, Sheinbaum cedió. Cuando Trump anunció un bloqueo de combustible a la isla en enero, México suspendió inmediatamente los envíos de petróleo y productos derivados -envíos que no se han reanudado.

Para ser justos, Sheinbaum no ha tenido más remedio que apaciguar a Trump. México está vinculado a la economía estadounidense, lo que hace prácticamente imposible oponerse a los aranceles o tomar cualquier otra medida que pueda provocar represalias por parte de Estados Unidos. Esto no es nada nuevo, ni es probable que cambie.

Por otra parte, con la economía que heredó, Sheinbaum difícilmente pueda permitirse plantarle cara a uno de los líderes más poderosos del mundo, un hombre que es objeto de burlas generalizadas, pero al que rara vez se confronta. El predecesor de Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador, allanó el camino para su victoria aplastante, pero dejó el país en ruinas. Permitió que los cárteles de la droga prosperaran y construyó proyectos de infraestructura tipo “elefantes blancos” que requerían enormes subsidios y desalentaban la inversión privada. El resultado fue una economía estancada, enormes déficits presupuestarios y una vulnerabilidad extrema a la presión de Estados Unidos. La distribución de ingresos ha mejorado y la pobreza ha disminuido, pero la economía mexicana se resiste a crecer.

Las relaciones de la presidenta mexicana con Trump se han presentado, en gran medida, bajo una luz positiva. Si bien no se le puede reprochar necesariamente haber intentado apaciguarlo, sus políticas deben analizarse tal y como son. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Jorge G. Castañeda, exministro de Relaciones Exteriores de México, es profesor visitante en Sciences Po y autor de America Through Foreign Eyes (Oxford University Press, 2020).

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