Sierra de Zapalinamé: es obligado protegerla
COMPARTIR
Proteger las zonas naturales de nuestro entorno es mucho más que un compromiso de preservación de la naturaleza; es la apuesta por la supervivencia de nuestra especie
La protección del entorno en el cual nos desarrollamos de forma cotidiana, se ha dicho en todos los tonos posibles, no es solamente algo que debemos hacer para actuar de “forma amigable” con el medio ambiente. Se trata, en realidad, de un compromiso con nuestro propio futuro.
Porque mantener la buena salud de nuestro entorno natural es la única garantía que tenemos de contar con el espacio necesario para el desarrollo de nuestras comunidades. De lo que se trata, pues, es de actuar en beneficio de nuestros propios intereses.
Justo por ello hemos desarrollado reglas que obligan a privilegiar las conductas que evitan la contaminación del agua, el aire y el suelo, y castigan aquellas que las promueven. También por ello hemos definido áreas que deben estar exentas de desarrollo urbano, porque constituyen espacios de amortiguamiento que la naturaleza requiere.
Es el caso de la denominada “Cota 1800”, un límite físico que se ha establecido para proteger el entorno de la Sierra de Zapalinamé, en el valle de Saltillo. Dicho límite, que se refiere a una altura sobre el nivel medio del mar, establece el punto máximo al cual puede llegar el desarrollo urbano en la Región.
No se trata de una frontera establecida de forma caprichosa, sino de un mecanismo de protección que permite a la Sierra mantener su salud y, de esta forma, cumplir los ciclos naturales en los que participa, marcadamente el relacionado con la absorción del agua de lluvia.
Por ello es crucial, como se consigna en el reporte que incluimos en esta edición, que las autoridades de todos los órdenes mantengan una vigilancia estrecha en relación con esta área de nuestra Región, pues de la preservación de su salud depende también la nuestra.
Nada impide que alguien sea propietario de una porción de la zona. Sin embargo, quien decida invertir su dinero en adquirir terreno en dicha área debe tener claro que, a diferencia de casi cualquier otro bien inmueble, este no puede destinarse a cualquier fin.
Lo ideal sería, desde luego, que las zonas protegidas fueran propiedad pública y que sobre ellas se definieran reglas que impidieran cualquier tentación en relación con su uso como zona de desarrollo de vivienda, por ejemplo.
Pero si eso no es posible, la vigilancia estricta del área y, sobre todo, la actuación rápida y decidida de las autoridades, resulta suficiente para que podamos mantener la salud de esta zona estratégica para el futuro de todos los seres vivos que habitamos en la Región.
No es una concesión graciosa la preservación del área, sino un compromiso que todos debemos asumir, porque la naturaleza no nos necesita a nosotros para sostenerse y perseverar, pero para nosotros un medio ambiente saludable es indispensable y por ello debemos comprometernos a protegerlo.