Somos México... ¿Somos, Kemosabe?
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No hay tintas medias. No tener postura o, peor, abstenerse, no vuelve a una persona ‘de centro’, sino timorata
Mientras el oficialismo intenta deshacerse de una vez por todas de sus partidos satélite/rémora, el Puti-PT y el SexoServiVerde Ecologista, un grupo de ciudadanos y líderes de oposición intenta al mismo tiempo levantar un proyecto que contrarreste la hegemonía política que busca consolidar la Cuarta Transformación.
Hablamos de Somos México, que está a unos cuantos sellos oficiales de lograr el registro como partido. Ya acreditó el número de firmas y adherentes que exige la autoridad electoral. Así que, a menos que desde el poder se les interponga alguna traba burocrática, podría convertirse en un importante actor electoral a partir de este mismo año.
El proyecto es ambicioso, dado que busca capitalizar tanto el descontento con el actual régimen como el desencanto por las viejas divisas tradicionales, es decir, busca hacerse del segmento realmente mayoritario del mercado electoral y para ello han decidido venderse como un producto “one size fits all”, una camiseta unitalla para todos los gustos y tamaños.
Es decir, se nos presenta como un refugio para los desencantados de aquí y de allá, gente que jamás votaría por Morena o que quizás la votó, pero se arrepintió y no quiere regresar tampoco al prianismo tradicional.
Así que no importaría si durante toda su vida ha sido opositor a lo que (al menos en el papel, se supone) representa Morena; como tampoco obstaría si toda su vida ha enarbolado los principios de izquierda y siente que el obradorismo y su corcholatita de a peso, ya en el poder, dejaron mucho a desear.
Hablaríamos de dos visiones, no digamos ya distintas, sino diametralmente opuestas, para entender a la sociedad y la función del Estado. Y sin embargo... ¿Me están diciendo que ambas tendrán cabida en esta nueva y refrescante divisa política? Bueno, suena como una receta para la catástrofe.
Somos México tiene su génesis en movilizaciones ciudadanas como la llamada Marea Rosa y otras causas civiles que, una vez cumplido su propósito de manifestarse públicamente, decidieron dar el siguiente paso hacia una oposición participativa.
Hasta ahí, perfecto. Pero una cosa es lograr el consenso para una marcha y otra muy diferente lograrlo para levantar una candidatura.
De hecho, algunos de los liderazgos de Somos México no me disgustan del todo (y le disgustan mucho al oficialismo, lo cual lo encuentro hasta virtuoso). No obstante, no metería ya las manos al fuego por nadie.
El problema comienza si buscamos una postura ideológica a partir de la cual se nos proponga un proyecto de nación.
En su página oficial, en su apartado introductorio, evita por todos los vericuetos retóricos posibles comprometerse con ninguna ideología. De hecho, se presentan como un partido “de causas, no de ideologías”.
Uno de sus principales líderes y voceros, Emilio Álvarez Icaza, afirmó que el movimiento y partido en ciernes “no es de derecha ni de izquierda... sino de derecho”.
Suena muy bonito, muy incluyente y muy conciliador, hasta que reparamos en que en política no es posible navegar sin ideología y, sobre todo, que no existe una postura “de centro”.
Recuérdelo la próxima vez que algún amigo, familiar o conocido (desconocido también) se quiera presumir como moderado y ecuánime, y afirme ser “de centro”. Téngale algo de compasión porque es obvio que el pobre está más extraviado que niño de dos años en el pasillo de bragas y pantimedias de la tienda departamental.
No existe “el centro”. Ni existe tampoco una tercera vía. Se es de izquierda o de derecha porque serlo significa tomar una postura y tener una opinión sobre todos los temas concernientes a la relación del individuo con el Estado.
Es tan simple como decidir si creemos que el Estado debe permitir o prohibir que el ciudadano haga X, o si es competencia de dicho Estado intervenir en ello... Sólo hay una de dos posibles respuestas y de esta dependerá si somos de derecha o de izquierda. No hay tintas medias. No tener postura o, peor, abstenerse, no vuelve a una persona “de centro”, sino timorata.
Ahora bien, que no exista una postura centrista no significa que no existan matices a cada lado del espectro ideológico, ambos con tendencia a radicalizarse conforme se retiran de ese centro que tiene (como en matemáticas) un valor “cero”.
No es lo mismo un comunista que aún sueña con la dictadura proletaria que un socialdemócrata que cree en elecciones libres y un libre mercado regulado en asuntos vitales como salud, alimentación y servicios públicos; como tampoco es lo mismo un empresario que paga todas las prestaciones a sus trabajadores que un neoliberalote que considera legítimo el trabajo infantil y la posibilidad de comprar los órganos de los más pobres para trasplante.
Como verá, hay matices tanto en izquierda como en derecha, pero se está indefectiblemente de uno u otro lado de la línea.
Pero llega Somos México a decirnos que son “tan cool” que no tienen ideología, lo que sólo puede significar que el movimiento carece de postura.
Es obvio que se presentan bajo esta ambigüedad porque no quieren ahuyentar a los izquierdistas desencantados de la Cuarta, ni a los de derechas que se les cuecen las habas por ver al presente régimen caer.
Y lo hacen porque saben que están hablando con un electorado que apenas se estaba alfabetizando políticamente cuando el proceso de maduración de su democracia fue abruptamente interrumpido por un régimen populista que desvirtuó lo que se había logrado hasta la fecha, y que hizo de izquierda y derecha una narrativa de buenos contra malos, en la que cada quien se asume “el bueno” tomando al propio régimen como referencia.
Puede haber gente con ideales de izquierda que sólo por repulsión al régimen se asuma como de derechas, y viceversa. Por eso es comprensible que de momento Somos esté evitando cualquiera de las incómodas etiquetas o bien, aprovechando esa confusión semántica.
Porque presentarse como una alternativa de izquierda haría sonar las alarmas de más de uno:
“¡Ay, no! ¡Otra vez la monserga de la izquierda. Seguro son los zánganos que no alcanzaron hueso en la 4T”.
Y asumirse como “de derecha” sólo para mostrar distanciamiento con el régimen no sólo es una pésima credencial, sino una vuelta al pasado en la mente de los adoctrinados de la mañanera (que no saben que el régimen ya nos devolvió a los setenta).
Comprendo que el partido en ciernes busca agrupar diferentes corrientes, pero necesita comprometerse con un discurso social honesto, pese a la pésima reputación que la 4T le ha dado a la izquierda. Si Somos no comienza por hablar francamente con los ciudadanos, a trabajar en la delicada tarea de comunicación y a sacudirse esa falsa fachada de “partido ni ni”, la bandera multicolor que pretende enarbolar no pasará de ser sólo otra bandera gris.