‘Soy tu compañere’: el rechazo(in)justificado del lenguaje inclusivo

Opinión
/ 5 septiembre 2021

Hace dos semanas aproximadamente un video se hizo viral en internet. Es la grabación de menos de un minuto de una clase virtual realizada a través de la plataforma Zoom. El motivo por el que dicho video causó tanta conmoción en las redes sociales fue que en este se puede ver a uno de los estudiantes replicando y al borde de las lágrimas: “no soy tu compañera, soy tu compañere”.

Aquel que podemos inferir le llamó compañera contesta: “una disculpa, compañere” y continúa dando su exposición para la clase. En estas líneas me refiero al estudiante afectado como “él”, pues es un pronombre que también acepta.

El que vemos en el video parece un intercambio conflictivo, pero que se resolvió de forma casi inmediata, al menos a simple vista. Lo que no se resolvió inmediatamente fue la ola de reacciones que este clip desató en la red. La etiqueta “#compañere”, seguido de otros como “todes”, se volvió tendencia de forma casi inmediata. Muchas de las reacciones eran de apoyo y concientización. Sin embargo, la gran mayoría de las reacciones fueron de desaprobación, como mínimo, y de burla y hostigamiento en sus peores expresiones.

En los días siguientes, tanto Facebook como Twitter se llenaron de memes que hacían alusión a lo ridículo, tanto de la actitud de Andra (el estudiante que deseaba ser llamado compañere), como del lenguaje inclusivo en sí mismo.

De hecho, para muchas personas la actitud que el compañere tomó confirma que las personas no binarias están enfermas o son personas con alguna discapacidad mental. Los memes sobre esto son bastante reveladores, ya que no sólo se burlaban de quienes usan el lenguaje inclusivo, sino que revelan la actitud condescendiente que aún se tiene con las personas con discapacidad. Ese es otro tema completo del que se podría hablar.

Regresando al tema de le compañere, como ahora se refiere a sí mismo Andra, en un acto de rebeldía y resignificación, hay que formularse una pregunta: ¿por qué la población en general es tan reaccionaria a las manifestaciones del lenguaje inclusivo?

Lo que la mayoría de los contrarios al mismo refiere es que las expresiones del lenguaje inclusivo deforman el idioma español. Sin embargo, a muchas de esas personas no les ofende cuando escuchan a alguien decir “pa’rriba”, “troca” o “pichar” en el lenguaje coloquial. Y seguro aceptan de buena gana términos como “cantinflear” y “tuitear”.

En nuestra cotidianidad, modificamos el lenguaje incesantemente, inventando nuevas palabras, expresiones o adaptando términos de idiomas ajenos al nuestro. Esta situación aplica para todos los idiomas en el mundo.

Sin embargo, nada hace que se busque proteger tanto la santidad del lenguaje como cuando alguien emplea una expresión en lenguaje inclusivo. Y no son pocos los que sienten malestar cuando se emplea el “todas y todos”, quienes argumentan que el “todos” ya es una expresión neutra del lenguaje para designar a la colectividad de hombres y mujeres.

Tal parece que lo que realmente molesta no es la deformación del lenguaje, sino su modificación para dar cabida a otras identidades que no son las normativas. Sin embargo, no debemos olvidar que el lenguaje, así como el derecho, la ciencia u otras realidades inventadas están al servicio de los seres humanos y no al revés.

La actitud señalada recuerda bastante a otras manifestaciones de rechazo contra el otro, muy comunes hacia la población LGBTIQ+. Por ejemplo, no es raro escuchar expresiones como “hay asuntos más importantes que legislar antes que el matrimonio igualitario”, u “orgullo es estudiar la universidad, no con quien te acuestas”. La forma en que escribo estás expresiones está matizada, pero manda el mensaje principal. Se escuda el desagrado en que las necesidades del “extraño” son menos importantes o necesarias que las de los “aceptables”.

Ahora bien, no se trata de ceder ante caprichos o chantajes emocionales. Si se estudia a fondo la cuestión, podemos darnos cuenta de que la identidad de una persona va más allá de simples cambios de ánimo. Por ende, las expresiones de género, dentro de lo que se incluyen los pronombres de las personas, deben ser respetadas.

Al final, si uno siente rechazo por los nuevos términos inventados del lenguaje, siempre puede decidir no hacer uso de estos. No obstante, si uno cree en la dignidad humana haría bien en realizar un ejercicio de entendimiento antes que de enjuiciamiento. Eso serviría para recordar de dónde surge la necesidad de un lenguaje inclusivo y, como estándar mínimo, respetar a quienes lo utilizan.

El autor es investigador del Centro de Estudios Constitucionales Comparados de la Academia IDH

Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH