‘Sueña el Rey que es Rey’: entre pánicos morales y esfera pública digital

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Opinión
/ 7 enero 2026

Las élites políticas e institucionales promueven estados de alarma e incertidumbre para buscar adhesión de sus decisiones

El mundo virtual se convirtió en un mundo simultáneo que combina lo real y la ficción de nuestras metáforas de vida y conversación pública. Lo ocurrido en Venezuela fijó una agenda que transgredió el espacio físico, mediático y digital.

La noticia del bombardeo circuló como anuncio global a través de usuarios venezolanos que grabaron lo sucedido y se expandió globalmente en la plataforma X (antes Twitter). Es importante señalar que X cuenta con un bloqueo en dicho país y que los ciudadanos venezolanos solamente pueden acceder a ella mediante el cambio de residencia virtual cifrada, a través de una VPN (Red Privada Virtual).

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Posterior al suceso, la actividad y comunicación política institucional de todos los países, incluyendo Venezuela, se privilegió en X. ¿Por qué ahí? ¿Por qué es la plataforma elegida en asuntos políticos?

La plataforma Twitter surgió en 2006 como un espacio digital dirigido al microblogging (comentar el día a día mediante escritos breves). Desde sus inicios, Twitter se consolidó como un espacio clave para la difusión de información en tiempo real, por ejemplo, con movimientos sociales de impacto global como #MeToo. Dicho impacto se hizo evidente en acontecimientos políticos y sociales, como las primaveras árabes de 2010 a 2012, donde fue una herramienta fundamental para la organización de protestas y la denuncia de abusos en países con restricciones digitales.

Su grado de influencia y popularidad también alcanzó la esfera política global, con líderes y figuras públicas que aprovecharon esta nueva posibilidad como un canal directo de comunicación. En el contexto mexicano, Felipe Calderón fue uno de los primeros en usar X durante su gestión presidencial.

Autores como Murthy (2011) explican que Twitter ha generado un código comunicativo propio, caracterizado por la baja reciprocidad entre usuarios, ya que no requiere aceptar o enviar invitaciones para establecer vínculos. Y, a diferencia de otras redes sociales, funciona como un espacio público abierto, donde los mensajes son de acceso libre; además de reducir las restricciones discursivas, promoviendo la libertad de expresión como valor político. Por lo tanto, el éxito de la red se encuentra en su sentido abierto al público y en la libertad de expresión, donde todos pueden participar y generar conversación, sin importar el rango o importancia del perfil del usuario.

En el contexto político, Twitter/X sigue contribuyendo a la discusión pública por la viralidad y pronta generación de tendencias, batallas discursivas entre sus usuarios, así como su rasgo distintivo en el uso de los hashtags, que ponderan las tendencias y unen la conversación ciudadana. No obstante: “estimula el contacto entre personas similares que comparten los mismos intereses, esto es, la homofilia” (Murthy, 2011; citado en Mancera & Pano, 2014, p. 58) o lo que se define como el sesgo algorítmico (la red vincula sólo contenido que es afín al consumo del usuario). De modo que el mejor aliado de Donald Trump es Elon Musk (actual dueño de X).

Ante la incertidumbre y falta de confirmación institucional, a las 3:00 horas, Trump publicó en su red sociodigital Truth Social que había capturado a Nicolás Maduro. En X comenzó a circular la captura de pantalla, pues en ese momento la red sólo estaba disponible para usuarios adheridos. Los medios de comunicación replicaron la captura de pantalla, pero fue hasta que la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, publicó en su cuenta verificada de X la confirmación del mensaje como real, que comenzaron los festejos y discusión de los usuarios (verificados y no), así como las comunicaciones oficiales de la élite política global.

La discusión pública, en apariencia, se dicotomizó en dos discursos: quienes estaban extasiados por la captura de Maduro y quienes cuestionaban el actuar de Donald Trump, que eran minoría, hasta que algunos líderes mundiales comenzaron a publicar sus posicionamientos que pronto dividieron la opinión: a favor de la captura de Maduro (derecha) y en contra del actuar de Donald Trump (izquierdas). Sin embargo, las audiencias no latían en ese sentir impuesto por las lógicas políticas, pues había expectativas y celebraciones por la captura de Maduro y por lo que iba a pasar con Venezuela.

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Esto nos recuerda que es necesario comprender cómo los usuarios configuran el espacio público digital durante eventos coyunturales, pues permite identificar no sólo las narrativas dominantes y/o narrativas impuestas, sino también formas emergentes de activismo y contradiscurso.

En los estudios de comunicación política y esfera pública existe un concepto llamado “pánico moral”, propuesto por Jack Young (1971), para describir cómo las élites políticas e institucionales promueven estados de alarma e incertidumbre para buscar adhesión de sus decisiones: “Lo interesante de esta frase es que resalta el efecto espiral producido por la interacción entre los medios masivos, la opinión pública, grupos con intereses en el tema y las autoridades; efecto que magnifica el fenómeno” (Thompson, 2014). Todo lo ocurrido en la discusión pública (a favor y en contra) puede entenderse como un pánico moral impuesto, pues antes de las manifestaciones oficiales, en redes sociodigitales la discusión se centraba en verificar si se podía festejar o no.

En este escenario, “Sueña el Rey que es Rey”, soliloquio de Calderón de la Barca, deja de ser una metáfora abstracta para adquirir un rostro concreto: Elon Musk; él es el verdadero ganador de esta situación, puesto que su figura no sólo administra una infraestructura tecnológica, sino que continúa legitimando a X como espacio privilegiado de la política global y el acceso a la información en tiempo real, para seguir ejerciendo un poder simbólico entre los líderes políticos y ciudadanos globales, pese a la censura en los distintos países. La confirmación institucional, la reacción de las élites y la discusión pública de las audiencias que confluyen en una plataforma cuya autoridad no emana del Estado, sino de su centralidad algorítmica y su promesa de libertad discursiva.

nahayeli.gomez@gmail.com

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Doctorante del programa de excelencia y competencia internacional en Ciencias Humanas de la Universidad Nacional del General San Martin (Argentina), maestría en marketing e innovación social de la UAdeC. Especialista en Procesos de Lectura y Escritura (cátedra UNESCO y la Maestría en Análisis del Discurso) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Lic. en Ciencias de la Comunicación con acentuación en periodismo por la UAdeC.

Actualmente codirige una línea de investigación a nivel nacional sobre la interacción política en las redes sociodigitales. Dirige el Observatorio de Fenómenos en Internet “Diálogos digitales” que pertenece a la Red Nacional de Observatorio de Medios del CONEICC. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma de Coahuila (unidad Laguna). Autora de libros y textos científicos.

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