Tres palabritas

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Opinión
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Todo esto lo recordaba don Miguel de Unamuno en Salamanca, de cuya ilustre Universidad fue magnífico rector

— I —

Grande escritor, grande español, grande hombre fue don Miguel de Unamuno. Si con líneas se pudiera dibujar a los humanos, a él se le dibujaría con una vertical.

Cuando tenía nueve años don Miguel, murió su padre, de nombre Félix de Unamuno y Larraza. El filósofo lo recordaba, sin embargo, con singular ternura y emoción. Contaba que su padre salió muy joven de su tierra natal, Vergara, en España, y fue a buscar fortuna a América. Llegó a México y se estableció en Tepic, donde en afanes de comercio logró hacer fortuna. Volvió a su patria con muchos dineros y también con muchos años, y aunque era maduro ya de edad, se casó con una jovencita que era su sobrina carnal.

Un Cuento de Ayer

“Le dejó caudal de tradición mexicana y de noble liberalismo para educarnos” –decía de su padre don Miguel de Unamuno. Y no olvidaba que aquel indiano rico había traído de América, además de sus riquezas, dos retratos que hasta el fin de sus días conservó en su álbum: uno era de Abraham Lincoln; el otro, de don Benito Juárez.

“Así pues –reconocía Unamuno–, México fue el educador de mi padre, y por ello de mí, su hijo”. En una Historia de México, la escrita por Clavijero, hizo Unamuno sus primeras lecturas. Anciano ya, podía citar todavía de memoria algunas frases sueltas de aquel libro, y repetir algunos aztequismos que leyéndolo aprendió.

Pero no sólo dineros, libros y retratos llevó de México a España don Félix de Unamuno y Larraza. Contaba don Miguel: “Trajo también un precioso zarape (sic) que nos servía de sobremesa y en cuyos hermosos colores yo veía los colores de México, que tan brillantes se aparecían en mi imaginación”.

Todo esto lo recordaba don Miguel de Unamuno en Salamanca, de cuya ilustre Universidad fue magnífico rector, y lo que recordaba lo escribió cuando había llegado ya a los 71 años de su edad. ¿Sería de Saltillo aquel “zarape”?

— II —

La palabra “pachuco” servía para designar al individuo de vestimenta estrafalaria, entre mexicano y gringo, que puso de moda en el cine Germán Valdés, “Tin Tan”. Según Boyd, esa palabra tuvo su origen entre los “pochos” de El Paso, Texas. De ahí, del nombre de esa ciudad, pasando por “pasuco”, vendría el voquible “pachuco”, que en Ciudad Juárez empezó a usarse por primera vez antes de conocerse en el resto de la República.

Durante la Segunda Guerra Mundial se acostumbraba en México, por la escasez de moneda fraccionaria, partir en dos los billetes de un peso. A cada fracción de 50 centavos cada una se le llamaba “pachuco”, vaya usted a saber por qué.

Lapsus pedae

— III —

De vez en cuando aún se escucha entre nosotros la palabra “teco”. Abreviatura de “tlaxcalteco”, que así se conocía antiguamente a los indios tlaxcaltecas; esa palabra “teco” se emplea, por desgracia, con tono despectivo. No la usaríamos así si recordáramos lo mucho que a los tlaxcaltecas debió nuestra ciudad. Llegaron ellos en el año de 1591, y en poco tiempo convirtieron la villa en un vergel. ¡Qué de árboles plantaron; qué de huertas famosísimas formaron; qué magueyeras extensas pusieron como las de Tlaxcala, para sacar el pulque y hacer el dulce pan que aún comemos; qué invenciones trajeron para teñir la lana y entretejer sus hilos en esos arcoíris fantásticos que son nuestros sarapes! Todo eso debemos a los tlaxcaltecas, que no eran indios cualesquiera, sino muy principales y señores. Ellos dibujaron muchos de los rasgos que nuestra ciudad tiene: respeto a sus tradiciones y amor al trabajo cotidiano.

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Escritor y Periodista mexicano nacido en Saltillo, Coahuila Su labor periodística se extiende a más de 150 diarios mexicanos, destacando Reforma, El Norte y Mural, donde publica sus columnas “Mirador”, “De política y cosas peores”.

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