Trump: Perseverancia y banalidad del mal
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Ningún país, por poderoso o culto que sea, tiene derecho a oprimir a otros. Tucídides afirmaba que la guerra no la gana quien esté protegido por los dioses, ni quien tenga la razón o el derecho: triunfa el más fuerte
No leí las conclusiones a las que llegaron Donald Trump y Xi Jinping cuando se encontraron en China; es normal que las auténticas conversaciones se mantengan secretas y no se den a conocer a los medios. Lo que se pudo observar entre paréntesis fue que el bravucón americano se vio muy disminuido frente al líder chino. Es evidente, ambos son dictadores, cada cual con su poder y su estilo.
Lo que me impresionó fue la despedida: cuando Xi citó al historiador griego Tucídides como un ejemplo de lo que Trump debería considerar en sus ataques a países menos poderosos, carentes de armas comparables con las de Norteamérica, o al abusar del poder por gusto. Sencillamente, se pueden recordar los asesinatos de pescadores del Caribe sin la menor seguridad de que hubiesen cometido algún delito o amenazaran a Estados Unidos; la condena a los cubanos a morir de hambre o la aprobación del asesinato brutal de 100 mil gazatíes, sin más.
¿Cómo pudo un chino citar a uno de los constructores de la cultura occidental? ¿Quién fue Tucídides y qué es lo que debería saber Trump? Tucídides dejó el extraordinario libro (para la época en que fue escrito) “Historia de la Guerra del Peloponeso”, relato crítico y objetivo sobre el conflicto entre Atenas y Esparta, ocurrido hace veinticinco siglos. Fue un general ateniense que participó en esa guerra y posteriormente dedicó años a recopilar información directa, así como testimonios para narrar los hechos de manera objetiva, evitando explicaciones mitológicas o poéticas como las de Homero. Su obra se centra en la guerra entre la Liga de Delos, liderada por Atenas, y la Liga del Peloponeso, por Esparta.
Describe esa guerra como la necesidad que tenían los atenienses de mostrar a los demás pueblos quién era el que mandaba. Exigieron a una sociedad isleña, con la que no tenían pleitos, que les dieran pleitesía y pagaran impuestos. Los habitantes de la isla respondieron que no tenían conflicto con Esparta y que no aceptaban colaborar en la batalla. De inmediato los atacaron y destruyeron. Xi recomendó a un hombre ignorante, pero poderoso, que leyera lo que se escribió hace veinticinco siglos.
Ningún país, por poderoso o culto que sea, tiene derecho a oprimir a otros. Tucídides afirmaba que la guerra no la gana quien esté protegido por los dioses, ni quien tenga la razón o el derecho: triunfa el más fuerte.
La recomendación cayó en un cerebro poco alimentado y en un hombre acomplejado, narcisista, ocurrente y despiadado. Ahora debe sentir el reto de demostrar que él tiene el poder, sobre todo después de perder la guerra contra Irán. De inmediato, en plena reunión de los siete países más ricos del mundo, volteó sus ojos hacia México y lanzó una amenaza. Debo señalar algo que hace patente su complejo de inferioridad: declaró que la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que en un tiempo fue su halagadora, le había pedido tomarse una fotografía juntos. Ella lo desmintió: ¡jamás lo hizo!, concluyó que Italia no se doblegaría ante nadie. Vaya, si él tiene tanta necesidad de elogios es porque siente a sus 80 años que no es un gran presidente. Su solicitud de que le entregaran el Premio Nobel de la Paz, de que al Centro Kennedy le cambiaran el nombre por Centro Trump-Kennedy o de celebrar su cumpleaños con mayor fasto que el 250 aniversario de la creación de los Estados Unidos de América, etcétera, son ejemplos de ello.
Alfred Adler, psicoanalista, realizó investigaciones sobre el complejo de inferioridad y señaló que quien lo padece suele disfrazarlo con gestos de superioridad, creyendo que así logrará destacar.
Si regresamos a los postulados de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal, sabremos que estamos hechos de prepotencia, somos despiadados, no nos duelen los sufrimientos de los otros, creemos que somos justos cuando castigamos y somos crueles. Lo que Tucídides denunciaba lo estamos viviendo día tras día. Peor aún, hay mexicanos que desean que Trump nos invada, detone drones o secuestre personas. Si comparamos lo que está haciendo Claudia Sheinbaum con lo que hizo (o dejó de hacer) López Obrador, no hay la mínima comparación. Omar García Harfuch y el ejército han encarcelado cerca de 100 mil narcos, destruido casi 3 mil laboratorios y recuperado armamento. Son datos que Trump parece ignorar o de veras ignora. No, no ha leído a Tucídides ni lo entendería.