Un derecho muy singular

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Opinión
/ 16 abril 2026

“Amarse a uno mismo, es el comienzo de un romance para toda la vida”.

Oscar Wilde

Decía doña Julia, mi querida suegra, que Dios es muy sabio y que el día que un montón de quejosos clamó para ser escuchados, toda vez que no estaban de acuerdo con el físico que les había dado y eran demasiados narigones o bocones, gordos o chaparros, garrochas desgarbadas, etc., el Creador en su infinita sabiduría los escuchó y cuando terminaron los reclamos, levantó sus divinas manos y luego las extendió, miró con infinita ternura a los reclamantes y les pidió que se vieran en un espejo. El de nariz de ganzúa al verse se pavoneó y concluyó que la nariz le daba personalidad, la de la boca grande se sintió muy halagada porque la hacía más guapa, en fin, que todos quedaron conformes y se marcharon. Dios, decía suegra, les dio amor propio. Caso resuelto. El amor empieza por uno mismo, así de simple y llano, si no eres capaz de esto, estás frito, vas a fastidiarte y a fastidiar a quien se te atraviese.

Paso a otro aspecto. El derecho a ser uno mismo se traduce en vivir acorde a tu identidad, a tus principios y creencias, sin estar ajustándote a expectativas externas. Esto significa respetarte, ser auténtico y tener la capacidad de tomar decisiones, TUS DECISIONES, conformando así un sustento para la autoestima y el amor propio. El amor propio permite poner límites y no negocias los valores personales.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-abismo-OD19929412

Cuando uno se acepta incondicionalmente, la autoestima se fortalece y permite relaciones más sólidas. Las relaciones son más sinceras cuando no andas aparentando cosas que no sientes, por ende las relaciones son más sinceras. Amarte implica reconocer tu propia manera de ser y eso te da confianza y credibilidad.

En la escuela nos enseñaron que uno más uno son dos, no obstante, y hablando de parejas, se cae en el error de pretender ser uno solo. Las relaciones son sanas cuando se tiene bien claro lo que somos. También nos enseñaron que nuestros límites empiezan cuando comienzan los de los demás... gulp, si así es. Hay quienes esperan que el que tienen enfrente viva y piense como ellos. ¿Cómo ser libres de vivir con armonía, con congruencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos? Si algo es limitado es el concepto de libertad. ¿Se es libre trabajando todos los días o somos más libres sin trabajo y sin independencia económica? ¿Se pierde un poquito de libertad a cambio de felicidad cuando nos enamoramos?

Atreverse a ser uno mismo, es toda una osadía. Vivir sin imposiciones sociales es el primer acto de libertad. Una de las primeras osadías las tenemos cuando nos separamos de los pensamientos que nuestros padres nos han inculcado. Recuerdo que estaba yo en preparatoria y un día le salí a mi mamá con la novedad de que DIOS NO EXISTÍA, todavía siento el cachetadón que me estampó. Ya me retractaría de semejante herejía. Creo en Dios con todo mi corazón, y la persona que me hizo amarlo fue precisamente doña Rosario. Fui una niña muy traviesa y una jovencita muy rebelde, aún y con los sopapos que me propinaba mi mamá. No era nada extraordinario el que yo me atreviera a esas manifestaciones. Simplemente estaba dejando que se asomara mi inmadurez.

Cuando uno se enamora, cuando alguien se enamora da lo mejor de sí mismo, pero esto no quiere decir que se sacrifique por la otra. Esté dando lo mejor de sí. Entrega su alegría, su comprensión, y esto se regala no se pide. El amor se transmite, se siente. El amor, dar amor, es uno de los actos de libertad más legítimos. Sí señor. Les comparto la opinión de la psicóloga Leticia Brando al respecto. Es bien interesante: “En cualquier relación, ya sea laboral, amorosa, familiar, es importante que conservemos nuestros valores en aquello que consideremos que es fundamental y a la vez debemos respetar lo esencial del otro. El problema con la libertad es el equilibrio. Uno sabe a lo que no quiere renunciar, sea salir con los amigos cada miércoles, irse de viaje cada mes, tener momentos de soledad los sábados, irse antes del trabajo los viernes para pasar más tiempo con su familia pero no siempre tiene claro lo que está dispuesto a ceder para alcanzar ese acuerdo esencial que le permita convivir en la línea de la convivencia y el respeto. Tampoco la sociedad está preparada para el que quiera vivir según sus códigos, salvo que la persona sea director de cine o artista plástico, ahí la libertad asume límites insospechados”.

El respeto tiene un rol muy importante en las relaciones humanas. Cuando lo llevamos por delante las cosas funcionan. Hagámonos cargo de nuestras acciones. Vivir bien es responsabilidad nuestra. No perdamos de vista que para estar bien con nosotros y con quien socializamos hay que respetarnos. Todo acto tiene consecuencias. Asumamos esto con responsabilidad. Cada quien es el arquitecto de su propio destino, como escribió el poeta Amado Nervo.

https://vanguardia.com.mx/opinion/la-mano-de-dios-JO19716708

Cuando se aprende a convivir con la realidad de uno mismo, ocurre algo maravilloso, porque aprendes a decir lo que sientes, lo que piensas, sin alardes ni poses de sabihondo. Quien se atreve a esto, a hacer lo que piensa, es asombrosamente inevitable el que otras personas se sientan atraídas por su congruencia. En estos tiempos este valor está cayendo en desuso. Recuperémoslo, que priven el diálogo franco, el saber a qué atenernos, sin sorpresas. NO solo de pan vive el hombre, también se alimenta de lo que lleva dentro. La gente libre acostumbra a ejercer la mayor de las valentías, la de ser cuidadosos y congruentes.

Ánimo. La VIDA ES BELLA.

Columna: Dómina. Nacida en Acapulco, Guerrero, Licenciada en Derecho por la UNAM. Representante ante el Consejo Local del Instituto Federal Electoral en Coahuila para los procesos electorales.

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