Un Nobel para la abogada de los pobres
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Navanethem “Navi” Pillay es la quinta sudafricana y la cuarta mujer africana en recibir el Premio Nobel de la Paz
Por Adekeye Adebajo, Project Syndicate.
PRETORIA- La elección de la jurista sudafricana Navanethem “Navi” Pillay para el Premio Nobel de la Paz de este año supuso una llamativa muestra de apoyo al sistema multilateral basado en normas. También supuso una bofetada al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien ha presionado descaradamente para conseguir el premio al tiempo que atacaba el orden jurídico internacional. En un mitin político celebrado poco después del anuncio, Trump menospreció a Pillay calificándola de «una persona liberal que trabaja en las Naciones Unidas y de la que nadie ha oído hablar jamás».
El comité del Nobel fue claro en su mensaje, señalando que “la independencia, la experiencia y la firmeza de Pillay la han convertido en una de las juristas internacionales más respetadas de nuestro tiempo”, y advirtiendo de que “un mundo que funcione sin el Estado de derecho es injusto, imprudente e inhumano”. Sin embargo, no mencionó el papel fundamental de Pillay como presidenta de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, incluida Jerusalén Este, e Israel, al concluir que las acciones de Israel en Gaza constituyen un genocidio, un reflejo de la labor de toda su vida en defensa de los oprimidos.
Pillay, la quinta sudafricana y la cuarta mujer africana en recibir el Premio Nobel de la Paz, nació en Clairwood, un barrio marginal a las afueras de Durban, durante la época del apartheid. Hija de un conductor de autobús y de un ama de casa, creció en una familia numerosa y pobre de origen tamil indio; sus abuelos llegaron de la India como trabajadores contratados. De adolescente, fue testigo de brutales represiones contra manifestantes negros, y más tarde recordaría que “el Gobierno era opresivo, las leyes eran opresivas y los tribunales cooperaban con esas leyes”. Tras destacar en su instituto, que practicaba la segregación, Pillay estudió Derecho en la que entonces era la Universidad de Natal, en parte gracias a las donaciones de su comunidad local. A pesar de verse obligada a asistir a clases nocturnas para estudiantes negros, se graduó como la mejor de su promoción.
La experiencia de Pillay al vivir y enfrentarse a un régimen racista que utilizaba la “guerra jurídica” para oprimir a su mayoría negra le inculcó una convicción de por vida sobre la importancia de los tribunales internacionales a la hora de frenar los abusos de los Estados autoritarios. La fortaleza y la resiliencia que desarrolló le fueron de gran utilidad a lo largo de su carrera. Resultó, pues, muy apropiado que Pillay se enterara de su premio Nobel durante una conferencia sobre derechos humanos en Núremberg, en el mismo lugar donde fueron juzgados los líderes nazis tras la Segunda Guerra Mundial. La lectura de las transcripciones de aquellos juicios contribuyó a consolidar su interés por el derecho internacional.
Tras licenciarse, Pillay trabajó con un abogado contra el apartheid de ascendencia india, N. T. Naicker, antes de convertirse, en 1967, en la primera mujer en fundar su propio bufete de abogados en lo que entonces era la provincia de Natal. Se hizo famosa defendiendo a activistas contra el apartheid encarcelados, entre ellos Nelson Mandela, y cursó sus estudios en la Facultad de Derecho de Harvard gracias a una beca que cubría todos los gastos, obteniendo finalmente el título de Doctora en Ciencias Jurídicas en 1988. A su regreso a Sudáfrica, cofundó una organización para defender a las mujeres contra la violencia doméstica.
En 1995, tras el fin del apartheid, Mandela nombró a Pillay miembro del Tribunal Superior de Sudáfrica, donde fue la primera mujer negra en ocupar un puesto de magistrada y luchó incansablemente por los derechos de las mujeres. Ese mismo año se incorporó al Tribunal Penal Internacional de las Naciones Unidas para Ruanda, y más tarde fue elegida presidenta del tribunal, cargo que ocupó durante ocho años en total. Bajo la dirección de Pillay, el tribunal contribuyó a tipificar como delito la violación masiva y la propaganda del odio en el contexto del genocidio. Tal y como señaló: “Desde tiempos inmemoriales, la violación se ha considerado un botín de guerra. Ahora se considerará un crimen de guerra”.
En 2003, poco después de la fundación de la Corte Penal Internacional, Pillay fue elegida jueza y ocupó el cargo hasta 2008, cuando fue nombrada Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Pillay, la primera mujer del Sur Global en ocupar ese puesto, demostró su destreza a la hora de gestionar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, un órgano altamente politizado. Durante su mandato, criticó duramente a la junta de Myanmar por sus atrocidades contra la minoría musulmana rohingya del país, impulsó el reconocimiento de las muertes maternas evitables como una cuestión de derechos humanos y, en 2011, fue invitada a una misión a Israel, donde se elogió su imparcialidad en la cuestión palestina.
La postura de Israel cambió cuando Pillay presidió la Comisión de Investigación de la ONU entre 2021 y 2025. Este órgano concluyó que el primer ministro Benjamin Netanyahu, el ministro de Defensa Yoav Gallant y el presidente Yitzhak Herzog habían «incitado a la comisión de un genocidio». Cuando se publicó el informe, Pillay defendió en *The New York Times* que todo Estado tiene la obligación de prevenir el genocidio utilizando todos los medios diplomáticos y jurídicos a su alcance. Escribió: “No hacer nada no es neutralidad. Es complicidad”. Como era de esperar, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel publicó en X que la decisión de otorgar a Pillay el Premio Nobel de la Paz era “la grotesca instrumentalización de un galardón para legitimar el odio y los prejuicios contra Israel”.
Humilde, con los pies en la tierra y mentora de muchos jóvenes abogados africanos, Pillay es sin duda la funcionaria internacional sudafricana más distinguida. Al recibir la noticia del premio, señaló: “Considero este galardón como la voz de la mayoría del mundo”. Ferviente defensora de los “desgraciados de la Tierra”, siempre se situó del lado de las masas de aquellos países que sufren un sistema tremendamente injusto de “apartheid global”. Tras los ataques xenófobos contra migrantes africanos en Durban en 2015, dirigió el Grupo Especial de Referencia sobre Migración e Integración Comunitaria en KwaZulu-Natal, que instó al Gobierno sudafricano a «garantizar que todas sus políticas y sus funcionarios respeten los derechos y la dignidad de todos los seres humanos».
Queda mucho por hacer para proteger los derechos y la dignidad de todas las personas en Sudáfrica; de lo contrario, el vigilantismo, la violencia colectiva y la ausencia de ley, desgarrará el país. La esperanza es que Pillay utilice ahora su recién adquirida influencia para ayudar a evitar ese escenario. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Adekeye Adebajo, profesor e investigador sénior del Centro para el Avance de la Investigación de la Universidad de Pretoria, es el editor de “Triple Burden: Slavery, Colonialism, and Reparations“.