Una columna con huevos
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“Hueva” es llamado en México la pereza, y “huevón” el perezoso. Tratando de averiguar desde cuándo se usa esa costumbre halló el Cronista lo que no andaba buscando. Igual le sucedió a José Rubén Romero, el celebrado creador del celebérrimo Pito Pérez. Escribió:
“Buscando huevos en el gallinero un día
me encontré con los senos de mi prima”.
Álvaro Obregón, el mayor matador de hombres en la historia política de este país, que ha tenido matones en abundancia, poseía sin embargo singular ingenio y picardía. Cuando comentaba los méritos literarios de don José Rubén solía decir con una equívoca sonrisa:
-Romero ha escrito muchas cosas buenas, pero lo mejor que tiene son los senos de su prima.
En su búsqueda el Cronista encontró cosas peregrinas, curiosas, pintorescas y extrañas acerca del huevo. Hoy las escribe, a falta de otras cosas acerca de las cuales escribir. Qué hueva.
- II -
Comencemos ab ovo. Es decir, desde el huevo. Así decían los griegos cuando iniciaban un relato desde su origen más remoto. Contada ab ovo, la historia de la guerra de Troya se iniciaba con la seducción de Leda por Zeus, quien para poseerla se convirtió en cisne. En vez de tener un niño Leda puso dos huevos: del uno nacieron Cástor y Pólux, que andan todavía dando la vuelta al mundo en la constelación de Géminis; del otro nació Helena, causante de la guerra de Troya y de todos los desastrados desastres que siguieron.
- III -
Desde siempre la figura del huevo ha intrigado a los hombres. “¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?”. (Al gallo nadie lo toma en cuenta).
Cosa intrigante es, en efecto, el huevo. Materia orgánica en cápsula inorgánica, es el único objeto de la naturaleza en el cual están unidos en forma tan cercana e inmediata lo mineral y lo animal. Es una cosa mágica el huevo. Se usa en ritos de todas las culturas, sobre todo los de carácter curativo. Entre nosotros, ya se sabe, el mal de ojo se cura con un huevo que se hace pasar una y otra vez sobre quien es víctima de tan misterioso mal. La curación, por supuesto, debe hacerse con cuidado. “Pónganle un huevo en la frente” -dijo alguien a los que curaban a un pobre hombre. Equivocaron el procedimiento, y lo lastimaron bastante.
- IV -
La figura del huevo ha sido parte siempre del rito de la Resurrección en Rusia. Ahí se da más importancia a la Pascua que a la Navidad. El gran orfebre francés Fabergé labraba hermosísimos huevos de Pascua, hechos de oro, plata y piedras preciosas, que el Zar regalaba luego a la Zarina.
Símbolo de la vida que renace, el huevo encierra muchas filosofías. No por nada a los testes o dídimos de los animales machos se les llama prosaicamente así; por la forma que tienen, desde luego, pero también –quizá intuitivamente– porque en ellos se origina el elemento seminal que da la vida. Perfectas estructuras, los huevos –ahora me refiero a los que ponen las aves, especialmente las gallinas– son también símbolos perfectos de la vida. Deberíamos verlos con mayor reverencia.