Variaciones sobre un tema con olor a Mozart
*Algo del espíritu mozartiano debió permear la sensibilidad creativa del escritor mexicano Eusebio Ruvalcaba (1951-2017), reflejada en su libro Con olor a Mozart (1998). Aunque el texto, publicado por la UNAM y Verdehalago, sugiere por su título una aproximación estética o ensayística, el libro incursiona en el género de la poesía. El también prosista define y aborda la música de Mozart desde la cotidianidad y la presencia física y doméstica. En los versos libres Ruvalcaba utiliza la imagen del aroma que impregna la casa, que se cuela en la rutina del tránsito habitacional, el perfume que palia el dolor y aromatiza los sinsabores de la vida diaria.
La textura cristalina de la música mozartiana habita el pulso poético de Ruvalcaba, porque Mozart encarna la transparencia, la ligereza y el espíritu lúdico que armoniza el espíritu humano atormentado por las vicisitudes existenciales. En al Arte de mentir (Almadía, 2014), Eusebio Ruvalcaba construye con la minuciosidad del orfebre de juguetería artesanal su pasión personal por la música de Mozart, a través de la confesión, el atisbo revestido de reverencia, ceñidos en el molde aforístico. En el capítulo Juguetería musical del Arte de mentir, explora en trece aforismos el universo de los creadores y la “maquinaria” de la música (la naturaleza de la melodía, las dimensiones de las formas musicales, la morfología de los instrumentos y su naturaleza sonora); revela también su capacidad de escribir, ya sea en prosa o en verso, desde el afecto personal, la confesión y la complicidad con el lector:
“En el caso de Mozart es posible escuchar su obra como una identidad de un solo bloque sonoro. Pese a que todas las formas musicales están ahí, hay tal algarabía espiritual que le proporciona una unidad inequívoca. No hay exabruptos ni piedras de tropiezo. Ciertamente la música de Mozart se pasea por los más inusitados linderos de la fertilidad, pero dentro de un mismo perímetro. El perímetro de la belleza sonora. De la mística auditiva”.
*El Tema con variaciones es el antecedente más depurado de las formas aforísticas que tanto fascinaron a los románticos decimonónicos de medio siglo. La brevedad de las variaciones transmutan el tema en un “desfile de personajes” con temperamento propio, vestimenta variada y su propio ritmo emocional. El genio mozartiano abordó con seriedad lúdica la estructura del género, evitando las limitaciones propias que el barroco musical le confería como un género menor. Mozart enriqueció la melodía principal agregando figuraciones rápidas, ornamentaciones como trinos y grupetos, y mutaciones en el diseño del acompañamiento armónico.
Pero el verdadero valor que adhirió a la estructura fue la de impregnar el procedimiento de una profunda lógica psicológica y reservando el modo menor hacia el final, en la antepenúltima o penúltima variación, introduciendo una sombra de melancolía, tensión dramática y modulaciones ingeniosas. Sin embargo, Mozart no abandonó del todo el impulso del barroco que se esfumaba ente la música galante, mezclando la claridad melódica del clasicismo con el genio contrapuntístico y rigor polifónico del barroco. Mozart, de esta manera, tendió un puente directo hacia el Romanticismo. Los cambios que Mozart aportó a dicha estructura fueron valorados por Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Schumann y Brahms, consolidando el principio de la variación desarrollada que caracterizaría el siglo XIX.
*La animadversión de algunos trasnochados ante la pureza de la música de Mozart no es más que el horror ante la vacuidad del barroco que se esfumó.
*Mozart se hartó de la lucidez del sonido: sucumbió a la seducción de la incertidumbre del destino.
*El compositor transfigura; el intérprete traiciona; el oyente divaga.
*En los temas con variaciones para piano de Mozart habitan los genes de óperas frustradas.
CODA
“Mozart vive en el corazón mismo de la condición humana”, Eusebio Ruvalcaba (El arte de mentir. Almadía, 2014).