Brandon Flowers, el "killer" de terciopelo

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/ 23 septiembre 2010

Desprotegido sin sus compañeros de "The Killers", Brandon Flowers ha optado por la introspección en su primer trabajo en solitario

MADRID.- Brandon Flowers ha dejado de ser el "asesino" de una banda que ametrallaba éxitos a golpe de guitarra para convertirse en un francotirador sofisticado, reposado, sutil, que dispara con un country, una balada o un ritmo electrónico.

Sin la presión que generaría un nuevo disco de "The Killers" tras haber vendido 15 millones de copias en todo el mundo con el último trabajo, Flowers ha dado en solitario más rienda suelta a su personalidad, sus gustos y sus obsesiones.

El mormón más famoso del pop/rock mundial se sube al púlpito de "Flamingo", su primer disco en solitario, y con 14 homilías hace proselitismo de la salvación, de la esperanza, de la redención y paradójicamente de la "Sin City", la ciudad del pecado, Las Vegas, su ciudad.

Flowers, de 29 años, no es una estrella al uso: casado, con dos hijos (y el tercero en camino), mormón, alejado de las drogas, ídolo de adolescentes, cuidadoso de su estilismo, tímido, ansioso por trascender, ambicioso, propenso al mesianismo...

Y casi un santo en Las Vegas, ciudad de contradicción, punto de encuentro de soñadores, prostitutas, cocaína y pecados, como canta en el tema "Welcome to Fabulous Las Vegas" con el que abre el disco. Las Vegas, engendro artificial de jugadores que buscan fortuna, ciudad de luces de neón circundada de desierto. Aridez y glamour, antítesis a la que recurre habitualmente Flowers, de esmoquin sobre el polvo.

"Crecí allí, así que está en mi corazón. Siento una responsabilidad de representar el lugar de donde soy, de defenderlo. Es un lugar que mucha gente odia. Yo no puedo evitar amarlo. Crecí con mucha gente que ansiaba salir de ahí y eso siempre me resultó extraño. Siento que tengo una conexión con la ciudad, está en mi sangre", dice Flowers, que llamó al disco "Flamingo" por el nombre de la calle donde creció.

El éxito de "The Killers" en 2004 con su primer álbum, "Hot Fuss", provocó que muchos, por su sonido y sus influencias, consideraran a los cuatro músicos de Las Vegas como "la mejor banda británica de Estados Unidos". Reaccionaron dos años después con un disco, "Sam's Town" (nombre de un casino cercano a la casa de Flowers), en el que reivindicaban sus raíces americanas: estética western, influencia del rock de Bruce Springsteen y un nuevo éxito. "El mejor disco de los últimos 20 años", lo definió Flowers, que desde entonces se encarga de que no le confundan más con un británico.

A final de 2008 salió "Day and Age", en el que el grupo viró hacia ritmos más pop, con éxitos bailables ("Human" o "Spaceman") y que traicionó algo del espíritu rock de sus dos primeros trabajos, aunque les hizo más masivos.

Flowers no busca ser masivo con "Flamingo". Por eso ha pasado de llenar estadios a actuar en pequeñas salas en las que presenta sus nuevos temas, algunos festivos ("Jilted Lovers and Broken Hearts") que recuerdan a "The Killers", pero en su mayoría desgarrados ("On the Floor" o "Playing with Fire") en los que se muestra más oscuro y amargo, influido quizás también por la reciente muerte de su madre.

También aprovecha para experimentar con nuevos registros de voz (el falsete), de estilo (country y gospel) o de sonido ("Jacksonville" o "Swallow it").

"Flamingo" ha sido un "proceso solitario", dice. Dave Keuning, Mark Stoermer y Ronnie Vanucci Jr. decidieron tomarse una pausa tras un ritmo frenético de giras y álbumes desde que la banda impactó en el mercado con "Hot Fuss" en 2004.Pero Flowers, adicto al trabajo y escritor compulsivo de letras, necesitaba grabar. Muchas de las canciones que componen "Flamingo" fueron escritas durante la última gira del grupo.

"Hubiera preferido que fuera un disco de `The Killers`, aunque obviamente habría sido diferente si lo hubiera hecho con la banda", asegura Flowers, que admite que sin sus tres compañeros se siente "un poco desnudo".El disco rezuma, sobre todo, introspección y melancolía. Es una oda a su universo físico -Las Vegas- y trascendental: el cielo y el infierno, la familia, la salvación, su derecho a tener un dios pese a no acudir a la iglesia.

Y detrás de todo, una cuidada producción. El pefeccionista Flowers se ha rodeado de Stuart Price, el hacedor de la Madonna más bailable y con el que "The Killers" hicieron "Day and Age"; de Daniel Lanois, productor habitual de U2, y de Brendan O`Brien (Pearl Jam o Bruce Springsteen).La mano de Price es casi imperceptible ante la pausa de los temas, pero está bien presente en "Only the young" y en las canciones "bonus" de la versión "deluxe", en las que Flowers se adentra en el universo electrónico de la mano de Price. "Jacksonville" recuerda a sus admirados "Pet Shop Boys".

"He renovado mi admiración por la banda", dice el "frontman" de "The Killers". No supone el fin del grupo, insiste. Pero no podía parar. En el futuro, asegura que desea dedicar más tiempo a sus hijos. Por eso siente que es su momento.

"El disco no nace de la necesidad de hacer algo diferente o de atraer la atención ni nada de eso. Simplemente se trataba de hacer música", afirma Flowers que, sin sus compañeros, ha decidido hacer música de otro tipo. La de "Flamingo" es únicamente suya, personal, inexportable. Con más terciopelo que golpe de guitarra y éxito.

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