Insurgencia y revolución musical mexicana
COMPARTIR
Hay un sonido que es mexicano, moderno y subversivo. Surgió y evolucionó con un poco de suerte, unas cuantas firmas discográficas aventureras, y algunos seres proclives a la experimentación. Ahora, la tonada mexicana ha ido más allá de la copia o del folclore, para crear un estilo propio, que traspasa fronteras pero reitera su origen.
Madrid, España.- Hay un sonido que es mexicano, moderno y subversivo. Surgió y evolucionó con un poco de suerte, unas cuantas discográficas aventureras, y algunos seres proclives a la experimentación. Ahora, la tonada mexicana ha ido más allá de la copia o del folclore, para crear un estilo propio, que traspasa fronteras pero reitera su origen.
Nacido con inspiraciones anglosajonas y provenientes de España, el sonido roquero, progresivo y experimental tuvo como estandartes el festival "Rock and Ruedas de Avándaro" de 1971, y a grupos como Three Souls in my Mind, Peace and Love, Tinta Blanca, o el Ritual.
Unas bandas que permanecían en la marginalidad porque sus seguidores se consideraban afines a movimientos subversivos, por lo que esta música era mayoritariamente representada en espacios refugio tales como los denominados "Hoyos Funkies".
LA PROPAGACION
Será a mediados de la década de los ochenta cuento diversos proyectos logren la propagación y aceptación de la nueva música mexicana.
Por un lado, surgieron bares, como Rockotitlán o LUCC, que permitían tocar a las nuevas bandas y, de otro, nacieron aventuradas firmas como el sello discográfico Comrock (abreviación de Commercial Rock) o el subsello Culebra, de la compañía transnacional BMG, que grabó grupos como Lupita (1992), Santa Sabina (1992), y Romántico Desliz (1994).
Además, la creación del mercado de discos "Tianguis Cultural del Chopo" constituyó un entorno propicio para el intercambio musical.
Al impulso por bares y firmas de discos, hay que sumarle la creación de "Rock en tu idioma", un certamen nacido en 1987 que hasta la fecha premia a grupos emergentes, no solo mexicanos, con la publicación de sus canciones bajo el sello BMG Ariola.
Asimismo, las emisoras de radio jugaron un papel fundamental en la popularización de la música roquera y nueva en México como Rock 101, Oxido 1180 y Orbita.
EL MOVIMIENTO TELURICO Y MUSICAL
Sin embargo, casi todos coinciden que el momento más importante para la permisividad y el apogeo musical de las nuevas bandas mexicanas llegó después del terremoto que devastó gran parte de la ciudad de México en septiembre de 1985.
Con un cierto espíritu de unidad a partir de la catástrofe, en donde cabe recordar la muerte del cantante roquero Rockdrigo, el terremoto de 1985 fue, según Francisco Barrios El Mastuerzo, uno de los fundadores de Rockotitlán, "un pretexto de cohesión social que generó la posibilidad de que se crearan colectivos".
Algunos de los estandartes de esta nueva generación musical serían Caifanes, Café Tacuba y La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto, que en los noventa lograrían acaparar foros con cada vez más proyección internacional.
El número de bandas y subgéneros florecerían en los noventa.
Por un lado, con grupos como la Gusana Ciega, o Jumbo, que generarían un sonido de rock alternativo de corte britpop en castellano y que continuaría con bandas como Pastilla, Ely Guerra, Zoé, Julieta Venegas o Porter y de otros grupos con una propuesta ecléctica con ritmos de hip-hop, rap, ska, hardcore, o punk y con letras irreverentes y una fuerte dosis de crítica social como Molotov, Panteón Rococó, Los Estrambóticos, La Tremenda Korte, La Matatena, o Inspector.
En esta década surgiría también un número importante de grupos en el norte de México, con una cultura característica de frontera.
Entre las bandas destacan Los Humanos, Panda, Jumbo, Zurdok, El Gran Silencio, Plastilina Mosh, Kinky o Control Machete.
Finalmente, en la década del 2000, el rock mexicano tendría una renovación con propuestas independientes, entre otras determinadas por una nueva tecnología para la producción musical con bandas como Kinky, Porter, Monocordio, Zoé o Bengala.
ABRIENDO FRONTERAS EN EL 2010
Nortec Collective es un grupo de Tijuana que ha vuelto a poner de moda la norteña, un género popular que ha sido redescubierto por una banda que trabaja sus producciones y directos con dispositivos iPad, a los que se unen el trombón y el acordeón como elementos propios del folclore mexicano.
Fussible (Pepe Mogt) y Bostich (Ramón Amezcua), líderes del colectivo, han fusionado la tradición y la modernidad para crear algo completamente nuevo, un estilo que podría definirse como música electrónica con un fuerte componente social.
En esta línea se encuentra Camilo Lara, líder de Instituto Mexicano del Sonido (IMS), quien ha recurrido a los antepasados musicales del país para aportar una nueva visión del imaginario musical de la región a través de caminos tan lejanos como el pop, el hip hop y la electrónica.
"La cumbia es el único género 'underground' de Sudamérica porque no es popular ni suena en la radio", afirmaba recientemente Lara, quien además preside la discográfica EMI en México.
Tampoco el Super Sonido Changorama ha dudado en formar parte de esta corriente añadiendo ese toque "cumbiero" a sus producciones.
La formación capitalina, integrada por Zaratustra Vázquez, Rafael Couto y David Somellera, ha entrado de lleno en el terreno de la experimentación al incluir en sus conciertos a la radio y a la televisión. Así, en su canción "La cumbia del informe", el sistema político es puesto en entredicho, eso sí, con mucho ritmo.
Dapuntobeat no reniega de sus reminiscencias funk y electrónicas con percusiones y voces distorsionadas para lograr un tono bailable y pegadizo "sobre todo pensada para el directo", asegura su baterista Ry Machado.
La banda, que ha presentado este año su nuevo trabajo "Off the record", ha sido invitada, gracias a su sonido ecléctico hasta a festivales de jazz como el de San Sebastián en 2008.
Otro de los artistas que propone el baile, el humor y la crítica como terapia es el iconoclasta Silverio. Su nuevo e irónico álbum "Esclavo" encaja a la perfección en el año en el que se conmemora el Bicentenario de la Independencia de México.
"El público es una parte fundamental de mi espectáculo, que está basado en la provocación", subrayó el músico guerrerense, quien es capaz de insultar en todas direcciones, desnudarse y destrozar su equipo durante cualquiera de sus "performances".
Este particular discjockey era además el propietario del sello mexicano Nuevos Ricos, una ecléctica casa discográfica que daba cobijo a grupos y artistas de la talla de Titan, Miki Guadamur, Faca o María Daniela y su sonido Lasser.
Muchos de los artistas anteriores han formado parte de la Gira Insurgentes 2010, un tour itinerante que para abrir fronteras ha pasado por Barcelona, Madrid, Bruselas y Estocolmo.
Así, a través de giras, foros, bares, mercados y hasta catástrofes, la música roquera y experimental mexicana ha traspasado las trincheras de la marginalidad y se ha consolidado con un género propio, revolucionario y mexicano.
DESTACADOS:
- Durante la década de los setenta la música roquera y experimental mexicana, considerada como subversiva en sus orígenes, era representada en foros y bares underground.
- Esto cambió fue debido al terremoto ocurrido en la ciudad de México en 1985, el interés de ciertas discográficas, la creación del "Tianguis del Chopo" y la propagación de esta música en la radio.
- En los noventa la cultura roquera y experimental mexicana multiplicó sus partícipes y géneros y obtuvo reconocimiento internacional.
- En la actualidad grupos diversos conviven en foros como el Insurgentes 2010 para reiterar el origen mexicano y reivindicar una musicalidad distinta.