"No siempre escribe uno lo que quiere": Joaquín Sabina

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/ 24 octubre 2009

México, D.F..- Quién lo diría, Joaquín Sabina puede resultar un hombre de pocas palabras e ideas concretas. De aquel poeta andaluz que con sus canciones parece revolcarse en la miseria poco queda durante una charla telefónica. Se le oye amable y presto, sin tapujos, listo para disfrutar lo que él llama "una tardecita de sol en el invierno madrileño en mi casa".

El autor está de vuelta con su nuevo álbum, Vinagre y rosas, décimo quinto de estudio de su carrera, y con el que esperó cuatro años para entrar al recinto de grabación.

"Llevaba mucho tiempo sin sacarme de las entrañas canciones nuevas y es verdad que me han costado mucho, porque yo no sé hacer canciones porque tenga que hacer un disco. Es al revés, yo hago el disco cuando tengo las canciones como ahora y eso me hace muy feliz", comenta el músico sobre la placa que saldrá a la venta el 17 de noviembre y que él mismo define, haciendo honor a su título, como una tortura preciosa, en la que el vinagre es la tortura y las rosas son la felicidad de haberlo grabado.

Del álbum ya suena Tiramisú de limón, un tema compuesto por Sabina que contó con la melodía del grupo de rock español Pereza y los coros Joan Manuel Serrat, Pancho Varona y Antonio García de Diego y el futbolista del Real Madrid, Guti.

"Como todas las cosas buenas de la vida se dio por casualidad, estábamos grabando y entró Joan Manuel que había ido a una casa de al lado a no sé qué y lo metí de inmediato a hacer coros, luego entró Guti, el que debiera ser enemigo mío, porque soy del Atlético, y también lo metí, pero esas cosas pasan por casualidad y así son las más hermosas", explicó el cantautor.

Añadió que invitó a los músicos de Pereza a integrarse al proyecto para tratar de quitar lo amargo de las canciones. La banda participó, además del primer sencillo, en Embustera.

En el disco, Sabina refleja los momentos que ha vivido desde que tenía 20 años hasta ahora, cuando cumplió 60 y dejó atrás una vida llena de excesos que lo llevó, incluso, a ser víctima de un leve infarto cerebral y a constantes ataques depresivos, luego de dejar las drogas.

"He cambiado de vida en defensa propia, tampoco estoy tan lejos como cree alguna gente de la antigua bohemia, en mi casa también hay un bar al que vienen mis amigos, lo que ya no hay es estar a las nueve de la mañana todos los días tirado en los afterhours, advierte.

Quizá haya sido esa vida, la que él mismo reconoce ahora como miserable, pero enriquecedora, la que lo ha llevado a convertirse en uno de los escritores más prolíficos e importantes en la música hispanoamericana.

Lo reconoce al afirmar que existen pocos creadores que hayan tenido una vida ordenada, feliz y doméstica. "La pasión es un incendio que quema", apunta antes de asegurar que sus canciones tampoco son un reflejo fiel de su vida, no tanto como muchos de sus seguidores pudieran pensar, pues cada uno de los temas tiene vida propia y el compositor se encuentra a su servicio.

"Uno no siempre escribe lo que quiere, las canciones a veces lo eligen a uno, hay un montón de temas e historias, de cenizas de la memoria que me gustaría fueran canción pero depende de ellas. No me levanto y me siento a trabajar en una canción, sólo lo hago cuando ellas quieren", dice Sabina, quien vive en un mundo donde la felicidad requiere ciertomaquillaje, incluso por protección propia.

"A veces hay que hacer alguna trampa para que tu mujer no te ponga las maletas en la puerta", bromea.

Joaquín Sabina es contundente cuando se le pregunta por México: "La buena gente mexicana que oye mis discos y va a mis conciertos no sabe cuánto le deben mis canciones y mi vida a mi México lindo y querido. Es una deuda cada vez mayor, pues desde mi quinto disco nunca ha dejado de aparecer", recuerda.

Lo dice con orgullo y nostalgia. Habla sobre las noches que vivió en la Plaza de Garibaldi y de José Alfredo Jiménez, "el más grande compositor", asegura.

"Tengo en mi casa un reproductor de música y de vez en cuando escucho a José Alfredo Jiménez, y entonces me dan ganas de quemar todas mis canciones. Lo que hizo con sus temas me emociona muchísimo, aunque descubrí tarde su nombre, sus canciones las oía desde que tenía menos de 20 años, pero no sabía que eran de él, cuando me enteré me volví loco por él".

Excélsior es el segundo periódico más antiguo de la Ciudad de México, después de El Universal. Fue fundado por Rafael Alducin y su primer número circuló el 18 de marzo de 1917.

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