No soy una mujer agraciada
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Un texto de Bibiana Faulkner para la campaña LEER MATA
No soy una mujer agraciada; de hecho, soy tantito fea, pero ¡ah, qué suerte he tenido con los hombres!
¿Senos? De una mujer de 43 sin operaciones ni mucho ejercicio, es decir: la edad tiene sus costos y el descuido –por no llamarlo pereza– cobra caro.
¿Ancas? Ni de rana ni de modelo brasileña; digamos que fue la única herencia de mi madre saltillense nacida en la casa de mis abuelos que ha tenido sus ventajas: nunca nadie se ha quejado; digamos, también, que tipo Marilyn Monroe cuando pasó por ser talla 9.
Soy poco agraciada en comparación con los estándares de muchacha Vogue, Cosmopolitan o Harper’s Bazaar, pero he aprendido a amarme y lograr –quién sabe cómo– que los hombres me amen por el amor que le profeso a mi cuerpo.
Mucho de todo se trata de eso: de amarse en serio y mirar de cerquita cómo el otro se derrite por un hecho que parece simple, pero que, justamente, carece de la belleza de lo simple.
Yo, la belleza la cargo en mi alma color rosa, en mi piel tantito más clara que el color alazán tostado, en mi personalidad de mujer autosuficiente, en mi sensibilidad también color rosa, en mi cabello largo quebrado y, a veces, en mi cartera cuando me compro algún rímel para pintar mis pestañas que son como las de mi padre, un indio rojo de las montañas del norte de Coahuila.
Me invento la buena suerte cuando no está a mi favor. Mucho de la vida se trata de eso: de aprender a desprenderse de las cosas en el momento indicado, de aprender a leer, a ser leal, a ser feliz.
Soy bella entre un par de estándares y he aprendido que el cuerpo no vive sin memoria ni el alma sin perdones. Entonces, me doy cuenta, de que notar los detalles más simples los hace ver hermosos y sonrío al pensarme serena… será que por ser yo he tenido mejor suerte de la que me he inventado.
Bibiana Faulkner
Saltillo, Coahuila.
@hartatedemi
http://bit.ly/Zd29LW
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