Manuel Acuña no está solo

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Artes
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Como cada año desde 2012, María del Refugio hizo guardia en la lápida de Manuel Acuña para que no estuviera solo en el día de su 142 aniversario de vida

Saltillo, Coahuila. Al Cusuco le bastaron 24 años para que el desamor y la pobreza, le dieran ganas de acabar con todo. Envenenamiento por cianuro de potasio fue el método que eligió, no sin antes dejar tras de sí erigido al ícono coahuilense de la poesía.

Y es eso lo que mueve cada año a María del Refugio, quien año tras año se da a la tarea de visitar Saltillo desde Ciudad Juárez, para postrar flores en la tumba de Manuel.

Si, las blancas son sus favoritas, yo no le compro de otro color. Son sus favoritas, el siempre traía su camisita blanca, le gusta mucho, mencionó María.

El Nocturno a Rosario y Ante un cadáver, son los poemas que más le gustan a la chihuahuense del autor, tras desarrollar un amor por su obra que elimina impedimentos como las 15 horas de viaje y los gastos en camión.

De hecho ya me salió más barato el camión. Ya voy a ir a ver qué me dicen porque mire, les ando checando los operarios a los de los Chihuahuenses, bromeó.

Parada sola en la rotonda de los hombres ilustres, María del Refugio lamentaba que su favorito estuviera solo: Ahorita yo lloro porque su familia no viene a verlo, lenvántenlo ustedes pues, porque Manuel es un artista, una personalidad, un orgullo de México.

Con el poco flujo de visitantes en el panteón de Santiago, todo indicaba que su admiradora haría su guardia, que inició a las 11 de la mañana y que terminaría a las 6 de la tarde, sola, ya que en esta ocasión su hija no la pudo acompañar.

Me gustaría que Juan Gabriel cantara el Rosario de Manuel Acuña antes de que se muera, porque Juan Gabriel canta muy bonito, entonces me gustaría que la gente hiciera eso, mencionó animosa cuando se le cuestionó sobre qué homenaje le gustaría que se rindiera al poeta.

Me quiero quedar a las fiestas en la noche. Está bien suave que lo recuerden, que no tiren las obras que él hizo, que le hagan sus fiestas. 

Con la esperanza de ver a la familia de Acuña, María del Refugio se quedó con su paraguas morado y su bolsa negra, velando el cumpleaños del escritor, esperando regresar en la noche a su casa para preparar su próxima visita para el aniversario luctuoso.



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