Bad Bunny en el Super Bowl: El símbolo del orgullo y la incongruencia

Bad Bunny en el Super Bowl: El símbolo del orgullo y la incongruencia

+ Seguir en Seguir en Google

La emoción que provocó el espectáculo de Medio Tiempo se vio mermada por la realidad detrás de un producto comercial y fabricado para la televisión. Pero la conversación no se puede quedar ahí

Artes
/ 9 febrero 2026
COMPARTIR

Este domingo vi a mi papá cambiar de opinión. Después de pasar la mitad de la tarde burlándose de los balbuceos de Bad Bunny y cuestionando anticipadamente su presencia en el espectáculo de Medio Tiempo del Súper Tazón LX, cuando terminó la presentación del boricua, en medio de la emoción de la familia, reconoció que sí estuvo bueno el evento y que tenía sus méritos.

La puesta de solo unos minutos, que llevó a territorio estadounidense elementos de la cultura barrial latinoamericana y trastocó algunos de los símbolos de un país marcado por la violencia contra inmigrantes —como “el sueño americano” y la frase “God Bless America”—, infundió un sentimiento de orgullo en millones de personas, tanto por sus méritos artísticos como por la rabia que generó en quienes se vieron directamente atacados o que solo encontraron en el show “encueramiento, mariguaniza, degenere sexual, mugre, pelos, sangre y muerte”.

Se trató de un espectáculo diseñado para la televisión —desde el estadio no se apreciaba nada en vivo, más que una fiesta en medio de un cañaveral lejano—, encuadrado y editado acorde a un guión bien planeado. Tuvo varios detalles técnicos, sobre todo en el audio que dificultaron la escucha de la ya de por sí poco audible voz de Bad Bunny, pero como dijo alguien en un comentario de Youtube “entendí el 2% de lo que dijo pero el 100% de lo que expresó”.

Y todo parecía perfecto, tan perfecto que llegó al punto de la hipérbole. “¡Revolucionario!”, le llamaron algunos y en respuesta muchos respondieron “ni de cerca”. Porque un producto creado desde el mainstream, con grandes patrocinadores y muchos intereses capitalistas detrás, no puede ser revolucionario. Y es cierto. Las incongruencias de un montaje afectan su mensaje. Vestir Zara o invitar a Lady Gaga al escenario, dos figuras que están involucradas empresarialmente con Israel o al menos se han posicionado a favor de un régimen que está ejecutando un genocidio contra el pueblo palestino, resultan inexcusables cuando dichos intereses económicos también afectan negativamente a Latinoamérica.

Desde la crítica de arte este tipo de contradicciones no suelen arruinar una obra, pero sí enriquece la conversación en torno a ella y es ahí donde radican las consecuencias más importantes de un evento así. Pero, como suele suceder en redes sociales, la discusión solo tuvo dos conclusiones: o es basura o es un tesoro. Ninguna ofreció más allá de ello, nos imaginamos un mundo perfecto al día siguiente o nos quedamos en las mismas sin un ápice de movimiento. Pero yo sí vi sus efectos. No sé en qué medida hay consecuencias pero al menos en casa y en algunos puntos específicos del internet noté que algo se movió.

Pensar el medio tiempo en su justa medida implica aceptar una incomodidad doble. Reconocer que la cultura importa y que los símbolos producen efectos reales, pero también asumir que esos efectos tienen límites estrictos cuando no se articulan con organización política y disputa material”, escribió el escritor Gerardo Flores Peña en un post de Facebook.

142.3 millones de personas se emocionaron más con un espectáculo de menos de 20 minutos que con el evento de 4 horas que se supone que acompaña. Este fin de semana la conversación sobre un show lleno de “referencias latinas” desplazó a un deporte que se practica y consume mayoritariamente en los Estados Unidos, con México como su segundo más grande mercado —con casi 40 millones de aficionados—.

En una plataforma de esta magnitud y en un contexto de represión y violencia racial como el que se vive en Estados Unidos, el performance del boricua, tan cargado de símbolos y tan efímero a la vez, solo tendrá repercusiones cuando se acerque el próximo Super Tazón, a menos que haya una conversación real, incómoda, que confronte y que remueva, que pase del si y del no, que nos recuerde a Palestina y Minneapolis, que ya dejaron de ser tendencia.

“En lugar de discutir sobre si deben ver o no a Bad Bunny, o si está bien o mal alegrarse con su mensaje, tenemos que pensar en qué haremos para que los temas relevantes [...] no se queden ahí”, escribió la escritora y abogada Carla Escoffié en Substack.

Darle espacio a un “espectáculo” en una sección de “artes” es una invitación a conversar y reflexionar, sin ansias de tener la razón, pero con ganas de conocernos más y acompañarnos en el cambio.

TEMAS
Personajes

Egresado de la licenciatura en Artes Plásticas con acentuación en Gestión Cultural por la Universidad Autónoma de Coahuila. Reportero y editor de la sección Artes Vanguardia.

Productor y locutor del programa de radio Camino a Casa de Radio Concierto 97.7 FM. Desarrolla desde 2020 el proyecto de archivo y divulgación histórica “Sobres las tablas: Historia del teatro en Saltillo”. Participó en el Coloquio de Periodismo Cultural 2.0 en la ciudad de Chihuahua, Chihuahua en el 2019 y en el Diplomado de Periodismo de Soluciones impartido por la Fundación Gabo, así como en talleres, diplomados y seminarios sobre diferentes disciplinas artísticas a cargo de maestros como la crítica de teatro Luz Emilia Aguilar Zinser, el pianista y coach vocal Alejandro Reyes-Valdés y la dramaturga Verónica Bujeiro, entre otros. Premio de Periodismo Armando Fuentes Aguirre 2022 en la categoría Entrevista.

Selección de los editores