Cultura y Pop: Tracey Emin es una artista
La obra está marcada por experiencias personales, dolor y controversia, encuentra hoy reconocimiento en una exitosa exposición retrospectiva en la Tate Modern
La semana pasada escribí sobre la artista británica Tracey Emin y su obra “Mi cama” (“My Bed”, 1998), una de las dos piezas que han marcado su carrera.
La otra fue la obra con la que se dio a conocer un par de años antes: “Todas las personas con las que he dormido (1963-1995)”, una tienda de campaña en cuyo interior bordó los nombres de todas las personas con las que había dormido hasta entonces, pero no necesariamente —como algunos malinterpretaron— había tenido relaciones sexuales.
Para Emin, esta obra autobiográfica tenía que ver con lo que había vivido en su pueblo: “aborto, violación, sexo adolescente, abuso y pobreza”. Observó que la gente entraba en ella con morbo, esperando conocer a sus parejas sexuales, pero se marchaba pensando en su propia experiencia: “con quién se han acostado, con quién han tenido intimidad, a quién han amado, quién les ha hecho daño, quién ha abusado de ellos”.
La pieza, sin embargo, fue ridiculizada y tratada con machismo y rudeza por muchos, y se perdió junto con otro centenar de obras durante un incendio en 2004. La reacción de los periódicos británicos fue representativa de la opinión que mucha gente tenía de Emin: “¿Acaso millones de personas no celebraron que la basura se incendiara?”
A Emin le pareció una falta de comprensión y respeto: “No es justo, no tiene gracia y es de mala educación. Jamás me reiría de una catástrofe así; solo siento empatía y compasión por las pérdidas de otras personas”.
Se le siguió descartando como exhibicionista, polémica e irrelevante, pero Emin siguió a lo suyo. Y este año la Tate Modern ha montado una exhibición con lo más destacado de su obra.
Ha sido un exitazo. Contiene videos, fotografías, esculturas, textiles, neones y pinturas, y está organizada por temas: su niñez, su familia, la violencia sexual que ha sufrido, sus dos abortos y los graves problemas de salud que han marcado sus años recientes.
La exhibición tiene varias obras memorables. Además de haber visto por fin “My Bed”, me quedo con el corredor donde Emin pone frente a frente autorretratos fotográficos de cuando tenía treinta y ocho años —“una época en la cual me sentía muy bien con mi cuerpo”— opuestos a los que se ha hecho recientemente, tras superar un agresivo cáncer de vejiga.
A pesar del sufrimiento y de las secuelas que le quedaron —entre otras, usar un estoma por el resto de su vida—, Emin salió del hospital convencida de que a partir de entonces haría el mejor arte de su vida.
Quizá por eso las dos últimas salas, donde muestra sus pinturas más recientes, son conmovedoras.
Salí de la exhibición fascinado por lo que vi y pensando en cómo “My Bed” y los autorretratos se conectan.
Como a muchas personas, a Emin le costó encontrarse a sí misma y, sin embargo, siempre tuvo claro qué quería. Resulta que no perseguía ni dinero, ni escándalo, ni fama. Lo que le interesaba era hacer arte. Para ella: “Un artista debe percibir el mundo de manera diferente a los demás. Eso es lo que lo convierte en artista”.
Eso es lo que muestra su exhibición. Algunas personas se convencen de que lo son y, contra viento, marea y la opinión de los demás, deciden ser disciplinadas y creativas en todo lo que hacen. Y lo consiguen.