Las percusiones y la música de una mujer protagonizan memorable concierto en el Teatro de la Ciudad
Gabriela Jiménez deleitó al público saltillense con un concierto donde las percusiones ofrecieron una variedad de texturas, melodía y energía pocas veces escuchadas en vivo
Las percusiones suelen ser textura, acentos, ritmo; crean un fondo para el todo de una obra musical y al mismo tiempo se encuentran al fondo, en la última fila de la orquesta sobre el escenario. Pero a veces, cuando el soporte pasa al primer plano y revela lo que puede hacer más allá de su rol habitual, la estructura se trastoca y ocurren maravillas.
Esto fue lo que pasó el viernes 20 de marzo en el Teatro de la Ciudad Fernando Soler, donde la maestra Gabriela Jiménez, junto con la Orquesta Filarmónica del Desierto de Coahuila (OFDC) mostró al público saltillense una pizca de lo que pueden hacer los timbales cuando toman el rol protagónico y dejan de ser acompañamiento para convertirse en solistas.
Con el Concierto para Timbales y Cuerdas de Ney Rosauro, la destacada percusionista mexicana demostró una maestría que solo décadas de trayectoria otorgan. Más allá del virtuosismo técnico la interpretación de Jiménez sorprendió y encantó al público —que casi abarrotó el recinto— por su fluidez, precisión, carisma y potencia.
Sonriente y ágil, la maestra Jiménez llenó la sala con el sonido de cinco timbales afinados para crear una, en ocasiones sutil, pero siempre presente, melodía. En un despliegue casi dancístico la solista entregó su cuerpo entero a una obra que reveló potencial de estos instrumentos y a la vez fue una oportunidad para que el público observara con mayor detenimiento el uso de las baquetas, el ajuste de los pedales y la tensión de los timbales y otros detalles de este tipo de interpretación que muchas veces quedan ocultas al fondo del escenario.
La obra en sí permitió escuchar al instrumento en esta posición, con solos virtuosísticos, diálogo con la orquesta y pasajes memorables, sin dejar de lado la cualidad rítmica de las percusiones, invitando al público a zapatear en respuesta.
El encore, que presentó entre vítores y aplausos que se rehusaban a callar, ante la emoción por su trabajo sobre el escenario, se trató de un fragmento del solo de su autoría “Tambourine alone”, inspirado en el rol que las mujeres tuvieron en la prehistoria al frente de las percusiones, dándole ritmo a la vida de los humanos de hace milenios, rol que con el tiempo perdieron y que hoy están recuperando.
El concierto, que contó con la dirección artística y musical de Natanael Espinoza, abrió con una rendición de la “Marcha Eslava” de Tchaikovsky, la cual levantó el ánimo para recibir a la maestra Jiménez. En contraste, la segunda parte de la velada fue dedicada a la 5ta Sinfonía de Beethoven, una obra que la OFDC ha tocado ya en varias ocasiones en el pasado y que ofreció un sabor distinto a los presentes, mucho más convencional.