Carta a Saramago

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/ 30 septiembre 2019

    Luces escasas salvan de la penumbra la entrada por donde ingresan las ambulancias. Un jardín de olores nauseabundos aroma la entrada de Urgencias en el hospital público número siete de Monclova. El bote de basura rebosa hasta acumular en el piso, envoltorios y vasos de unicel. Adentró, un enjambre humano se expresa en forma de gritos, llanto y rostros hartos de esperar sobre sillas de ruedas o bien, con parches momentáneos. El sanitario colectivo es por decir lo menos, una fuente de infección que no es tratada.

    Saramago: ¿para un ciego sería menos dantesca esta experiencia? ¿O peor si es que debido a esta condición, se ahonda con preferencia en los aromas?

    A un costado, se vislumbra una puerta de cristal neja que, al atravesarse, entrega una atmósfera caliente. Un deficiente sistema de aire acondicionado cuyas entradas se encuentran sucias, intenta aminorar la temperatura de este aire espeso.

    Agotado, un hombre enfermo se sostiene del tubo metálico de suero que conecta con su brazo. Está sentado en una silla plástica. A su lado, una hilera de sillones mullidos y viejos reciben otros cuerpos que descansan en espera de ser atendidos. Más sillas con pacientes, una de ellas con un hombre y su niño enfermo en brazos.

    Camillas en hilera se colocan sobre los pasillos que debieran ser para circular libremente, y en los cubículos divididos por cortinas, camillas tienen al fondo paredes con manchas de grasa y otros fluidos corporales. Afuera de la sala de urgencias, en dos pasillos que llevan a otras zonas del hospital, también hay camillas. Hay números colocados sobre la pared para saber quién yace allí. Los familiares -algunos con sillas, otros sin ellas- se mantienen vigilantes.

    Urgencias fue una zona diseñada inicialmente par albergar 10 camas. Aquí hay más de 50 cuerpos que son atendidos en condiciones precarias. Los médicos y los enfermeros, como pueden, intentan resolver las contingencias. No hay camas en el hospital para que algunos de los pacientes sean transferidos a otros pisos. Incluso en esta zona las camillas son insuficientes.

    La comida que se entrega a quienes pueden comer, se conforma por escasos trozos papas y salchichas que nadan en un pequeño caldo; una fruta. El plato extendido y ovalado parece mucho más grande ante esta escasez.

    El reglamento indica que está prohibido llevar faldas o pantalones cortos debido al estrecho espacio que hay entre camillas, por lo que esta medida busca proteger al cuerpo de los acompañantes de posibles heridas en sus traslados en esta zona que es, altamente infecciosa.

    Son las enfermeras y enfermeros la cara cálida de esta desmesura; ni los practicantes tienen ánimo o sensibilidad y atienden a los cuerpos yacientes, con frías miradas, con cierto desprecio.

    ¿Cuántos trabajadores hay en México? ¿Cuánto paga cada “patrón” al seguro social en cuotas por quincena? Multipliquemos por habitantes productivos. Son montañas de recursos que aquí no se reflejan. Alguien dice: “tanto hemos pagado al IMSS que hasta nuestro entierro debería de salir gratis”. Y ahora resulta que los trabajadores son una carga.

    Sí, son una “carga” que resuelve la maquinaria y los procedimientos necesarios para que este país funcione como lo hace y para que unos pocos vivan bien, mientras los cuerpos de esta “carga” tratados como indignamente.

    En Urgencias, el enjambre humano doliente, todos los días reproduce sus colores, sus olores y sus carencias.

    claudiadesierto@gmail.com

    Claudia Luna Fuentes. (Monclova, Coahuila, 1969). Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2024-2027). Es licenciada en ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Coahuila, Maestra en Historia Contemporánea por la IBERO Saltillo y doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario por la Universidad Autónoma de Coahuila.

    Entre sus libros de poemas figuran Amenazado y brillante (Mantis Editores, México 2025), Donde la piel (Mantis Editores y CONARTE, México 2019), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Ruido de hormigas (Gatsby Ediciones, México 2005) y Casa de sol (FECA-CONACULTA, 1995). Entre otras antologías, aparece en el Anuario de poesía mexicana (Fondo de Cultura Económica, 2006), en Hacia un azul imposible (CEPE-UNAM/El tapiz del unicornio, 2023) y en Semillas de Nuestra Tierra. Muestra Ecopoética Mexicana (Grupo de Investigaciones Poéticas de la Madre Tierra y Cactus del viento, 2023).

    Entre las revistas en las que ha publicado, destacan Southwest review, Dallas TX volumen 109, número 2; la revista de poesía contemporánea de Valencia 21veintiúnversos y Lichtungen, en el apartado Literatura del norte de México. Sus poemas traducidos, se imprimieron en muro en el Instituto Cultural de México en París, acompañando esculturas de Avelina y Alejandro Fuentes Quezada en la exposición Extinción Continua (2021). Fotografías medioambientales y video poemas fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi, en Tánger (2021). Participó en una mesa literaria y en la muestra de arte visual coahuilense titulada Segar el mar con un poema visual, dentro del 49 Festival Cervantino (2022). Una selección de poemas sonoros trabajados alrededor del poema Piedra de Sol, de Octavio Paz, se dejaron escuchar en el Memorial Marie-José Tramini y Octavio Paz, en el Colegio de San Ildefonso, dentro del Festival Naturaleza y Poesía 2023 organizado por la Cátedra Extraordinaria Octavio Paz.

    En junio de 2024 fue invitada por la Universidad de Varsovia a compartir sus procesos creativos. Fue becaria del FONCA, FORCA y PECDA. Parte de su poesía ha sido traducida al árabe, francés, alemán, inglés y polaco. Hasta el día de hoy se desempeña como directora de divulgación científica y proyectos en el Museo del Desierto, de Saltillo, Coahuila, México, donde es integrante fundadora. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medioambientales del mundo y en sus sitios https://claudialunafuentes.com

    IG: @clunafuentes

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