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La práctica del patriarcado aquí y ahora

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/ 25 junio 2019

    “Desde su origen el patriarcado está asociado a la violencia, y ésta es su recurso más utilizado para sostener su poder, ya sea la violencia en general y la violencia contra la mujer en particular. A esto ha venido a agregarse la violencia contra la naturaleza cuando entra en sinergia con el capitalismo”.

    David Amorin Fontes

    En la actualidad, el ejercicio del patriarcado como estructura de poder y afirmación en el mundo, es practicado por hombres y mujeres. Somos herederos de un sistema con el que crecimos y hemos sido educados. Por tanto, las violencias corren en ambos sentidos. Es en este contexto, en el que las frases violentas en las redes sociales, también se convierten en una extensión de este modelo que prefiere la alusión a clasificaciones relacionadas con el género y el sexo, en forma indistinta.

    Las formas de organización contemporáneas también, diseñadas por hombres y mujeres, prosiguen sosteniendo esta forma de estar en el mundo. Y especialmente dentro del modelo neoliberal actual, cobran importancia pues apuntalan el sistema de producción y consumo que también -como lo señala Amorin Fontes- toca a la naturaleza.

    La naturaleza es nuestro cordón umbilical, la savia para la existencia y, si no existiera una buena dosis de lecturas filosóficas, la naturaleza existiría a estas alturas solo para ser tasada  como recurso para generar algo que tenga un precio y no un valor. Sin embargo, y pese a nuestra ceguera, la naturaleza, por sí misma es un sistema de gran complejidad y vitalidad al cual pertenecemos.

    Como referencia, el psicólogo social Amorin señala que por ejemplo, “el arte prehistórico está plagado de representaciones alusivas a mujeres embarazadas y a los genitales femeninos”. Es puntual en referir que las organizaciones humanas que generaban estas representaciones, no eran ginecocrática o centradas en el poder de la mujer. Esta forma de organizarse “socialmente consistía en la ausencia formal de jerarquías y jefaturas, o sea de ejercicios de superioridad y poder de unos sobre otros y otras; por tanto también faltaba la relación dominador/sometida entre los sexos.”

    Entendamos entonces que se gestaba una forma de articular “colectivos humanos participativos, colaborativos, solidarios, igualitarios y en mayor armonía, en base a criterios generales de reciprocidad.”

    En contraposición -refiere Amorin-,  “hoy sí mantenemos una cultura androcrática aún apuntalada en el poder del varón hegemónico.” Con toda la carga de violencia que conlleva sostener un modelo económico, político y social basado en el poder de la fuerza varonil y viril, ejercida por ambos géneros.

    No es novedad que para este experto, el concepto de poder y el abuso de este poder, sean las claves para comprender la dominación patriarcal sobre la convivencia humana y también, dolorosamente, como un modo de producción que ha causado una gran fractura en el equilibrio ecológico global. Y ecología en el sentido amplio, sumémosle también el ambiente generado por ejemplo, en las relaciones interpersonales. ¿Qué se prefiere, grito o acuerdo?

    claudiadesierto@gmail.com

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