Ser genio y de 16 años no es fácil en México

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/ 18 agosto 2011

Andrew Almazán Anaya se convirtió en el sicólogo más joven del país. Prevén complicaciones para incorporar a genios al mercado laboral

CIUDAD DE MÉXICO.- En dos años, Andrew Almazán Anaya se convirtió en el sicólogo más joven del país. Tiene 16 y a los 18 también será médico.

Hoy recibirá la carta que acredita que cumplió con 100 por ciento de los créditos de la carrera de Sicología en la Universidad del Valle de México (UVM), en la mitad del tiempo de lo que le tomaría a un estudiante promedio.

El niño genio, con 162 de Coeficiente Intelectual (IQ, por sus siglas en inglés), superior al de Albert Einstein, tuvo que enfrentar antes de este día, lo que casi todos los superdotados; un erróneo diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH).

Hasta los nueve años portó la etiqueta de insubordinado.Como pocos, sorteó un sistema educativo incapaz de detectarlo y darle seguimiento. La mayoría de los genios mexicanos ahí se quedan extraviados. Por eso, aunque genéticamente debería haber casi un millón de ellos, nadie sabe dónde están.

Si hoy Andrew quisiera insertarse en un puesto de trabajo fuera del mundo de los superdotados tendría que pasar, de nuevo, por un camino difícil. Basta con que se pregunte ¿cuántos tocarían la puerta del consultorio de un sicólogo adolescente de 16 años?

"Las instancias del Estado tenemos que voltear a ver el fenómeno en dos ámbitos: primero, en cómo le hacemos para acompañar a los niños que son capaces de terminar la primaria en tres años y la secundaria en uno y medio y convertirse en licenciados antes de cumplir 18 años; y luego, cómo los incorporamos al mercado laboral en una sociedad donde siguen existiendo paradigmas sobre todo aquello que sale de lo ordinario.

"De pronto a un chico de 16 años le antepones un prejuicio por su edad y a lo mejor por la experiencia, y eso es discriminación", dice Hilda Téllez, directora general adjunta de quejas y reclamaciones del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

Esto a pesar de que Andrew, a sus 16 años, cuenta la misma preparación que un egresado de sicología de 22 años y que en sus prácticas no tuvo problema para resolver ningún caso, explican Gerardo Macías, director de licenciaturas de la UVM campus Coyoacán, y Angeles Ocampo, su coordinadora de carrera.

"Yo sé que si Andrew saliera del mundo de los sobredotados a ejercer la sicología enfrentaría problemas porque el que tocaría la puerta de su consultorio seguramente sería una persona que pensaría que es necesario que tenga canas y arrugas o papás que se rehusarían a llevar a sus hijos con él", reconoce Dunia Anaya, su madre.

Lo más paradójico, comenta Emilio Arch, uno de sus profesores de carrera, es que un sicólogo de su edad tiene la ventaja de poder interactuar mucho más fácil con otro adolescente.Por fortuna, Andrew encontró en los propios superdotados el campo para desarrollarse como sicólogo.

Menos del uno por ciento son atendidos, de acuerdo con la fundación TeleGenio.Y así fue como se le ocurrió la idea de crear, con la ayuda de sus padres y hermanas, el Centro de Atención al Talento (Cedat) en donde se da el tiempo de escuchar las cientos de historias de discriminación que él mismo padeció.

"Tal vez exista la idea de que los sobredotados lo tienen todo, para qué más, pero la verdad es que ellos necesitan tanta atención por parte de la sociedad y de los gobiernos como los que tienen alguna discapacidad", considera Héctor Anaya, abuelo de Andrew.

Desde 2009 la educación especial en nuestro país está destinada a personas con discapacidad transitoria o definitiva, así como a aquellas con aptitudes sobresalientes, logro que en Brasil se alcanzó desde la década de los setenta.

Pero el artículo 41 de la Ley General de Educación que establece que la educación especial incluye además la orientación a los padres o tutores, así como a los maestros y al personal de escuelas, es letra muerta.

"En 90 por ciento de los casos que vemos en el Cedat, el primer diagnóstico de TDAH fue una sentencia de la maestra, a partir de la cual muchas familias empiezan un viacrucis tremendo buscando neurólogos, paidosiquiatras, sicólogos y en ese proceso quedan muy lastimados porque no encuentran información", explica Dunia Anaya.

El destino de la mayoría de estos niños se bifurca en dos caminos: perderse en el sistema educativo o buscar ayuda en otro país.El propio Andrew se vio obligado a hacerlo. A los nueve años abandonó el sistema escolarizado y continuó sus estudios de primaria y secundaria en la modalidad de educación a distancia en una escuela de Arizona, porque en México no encontró otra opción.

Entre 1997 y 2009 la atención de niños con aptitudes sobresalientes tuvo una caída de 68.5 por ciento, de acuerdo con el cuarto informe de labores de la Secretaría de Educación Pública (SEP).En 2003, por ejemplo, existían 715 mil 920 individuos dentro del sistema educativo nacional presuntamente superdotados, de lo cuales fueron atendidos únicamente cuatro mil 893, es decir, 0.6 por ciento.

"Todos sabemos que Estados Unidos, Europa y Japón son países importadores de talento y México lo exporta", advierte Antonio Rada, de Fundación TeleGenio.De 1990 a 2007, un millón 357 mil egresados de licenciatura, maestría y doctorado se fueron del país en busca de un empleo, según un estudio del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe.

La otra forma de perder a los talentos mexicanos, dice Andrew, es condenándolos a un sistema escolarizado que carece de las herramientas para atenderlos."La situación de los niños rebasa la capacidad de los maestros y maestras e incluso de las escuelas, lo que los lleva a sufrir un acto de discriminación porque se les empieza a dar un trato sesgado y se menoscaba su derecho a una educación adecuada y eficaz que les permita desarrollar todas sus habilidades", indica Hilda Téllez del Conapred.

Hoy, Andrew dará a conocer una de sus primeras aportaciones como sicólogo para los padres y maestros de los niños superdotados, el cuento Las preguntitas del hiperactivo Adrián, que narra lo que tienen que enfrentar los que como él nacen genios.



Conócelo:

Andrew Almazán Anaya tiene la meta de realizar posgrados en neurosicología y sicología de la educación. En dos años se graduará como médico.

A los cuatro años le diagnosticaron TDAH.A los 9 años abandonó el sistema escolarizado; en cuatro meses acreditó los últimos tres años de primaria; en siete concluyó la secundaria y en sólo dos meses aprobó 49 materias a título de suficiencia en el Colegio de Bachilleres convirtiéndose en el alumno más brillante que ha pasado por la institución.

A los 12 debutó como universitario.

A los 13 años se enfrentó con su primer paciente de carne y hueso en el quirófano, como ayudante de cirugía.

La OMS define al sobredotado como una persona con un Coeficiente Intelectual igual o superior a 130; el promedio está entre 80 y 120. Andrew tiene 162, esta cifra es superior a la de Albert Einstein.

Excélsior es el segundo periódico más antiguo de la Ciudad de México, después de El Universal. Fue fundado por Rafael Alducin y su primer número circuló el 18 de marzo de 1917.

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