Bebidas energéticas: ¿realmente ofrecen algo más que cafeína?
Expertos analizan si sus ingredientes aportan beneficios reales.
El consumo de bebidas energéticas ha crecido de forma sostenida en los últimos años, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Muchos recurren a ellas para rendir más en el gimnasio, estudiar hasta tarde o mantenerse alerta en jornadas largas. Sin embargo, más allá del impulso inmediato que proporciona la cafeína, surge una pregunta clave: ¿realmente ofrecen beneficios adicionales para la salud o el rendimiento?
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La mayoría de estas bebidas contienen entre 100 y 300 miligramos de cafeína por ración, una cantidad que puede superar la de una taza de café. La cafeína es un estimulante bien estudiado que mejora el estado de alerta y reduce la sensación de fatiga. De acuerdo con especialistas en toxicología y cardiología, la mayor parte de los efectos energizantes que se experimentan tras consumir estas bebidas se debe precisamente a esta sustancia.
Ingredientes que prometen más de lo que prueban
Además de cafeína, muchas marcas incluyen extractos vegetales como guaraná, yerba mate y té verde. Algunos de estos ingredientes contienen cafeína adicional que no siempre se detalla con claridad en la etiqueta, lo que podría llevar a superar el límite seguro de 400 miligramos diarios para la mayoría de los adultos.
Otros componentes frecuentes son el ginseng y el Ginkgo biloba, que pueden influir en el flujo sanguíneo. Aunque suenan prometedores, la evidencia científica sobre su capacidad para mejorar la concentración o la resistencia física es limitada. Cuando se combinan con cafeína, pueden provocar efectos adversos como palpitaciones o aumento de la presión arterial, especialmente en personas sensibles.
¿Las vitaminas B dan más energía?
Las bebidas energéticas suelen contener altas dosis de vitaminas del grupo B, como B2, B3, B6 y B12. Estas vitaminas son esenciales para transformar los alimentos en energía, pero la mayoría de las personas obtiene la cantidad necesaria a través de una dieta equilibrada.
Consumir dosis muy superiores al valor diario recomendado no necesariamente aumenta la energía o la concentración. En algunos casos, el exceso prolongado podría asociarse con efectos no deseados como daño hepático o alteraciones neurológicas. Si existe sospecha de deficiencia, lo adecuado es confirmarlo con un análisis médico y recurrir a suplementos específicos bajo supervisión profesional.
Aminoácidos y rendimiento físico
Entre los ingredientes más comunes también se encuentran aminoácidos como la taurina y la L-teanina. Algunos estudios pequeños sugieren que, combinados con cafeína, podrían mejorar el estado de alerta o el rendimiento físico. No obstante, la evidencia aún es insuficiente para afirmar beneficios consistentes a largo plazo.
Además, estos compuestos pueden interactuar con ciertos medicamentos y, en combinación con altas dosis de cafeína, se han relacionado en investigaciones experimentales con alteraciones del ritmo cardíaco. Esto subraya la necesidad de mayor investigación y precaución en su consumo habitual.
El factor azúcar: un riesgo adicional
Muchas bebidas energéticas contienen cantidades elevadas de azúcar añadido, en algunos casos hasta 60 gramos por porción. Este exceso contribuye al aumento de peso, eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2, y puede provocar cambios bruscos en el estado de ánimo.
Por ello, expertos recomiendan revisar cuidadosamente el tamaño de la ración y optar por versiones con menos azúcar, si se decide consumirlas.
¿Conviene evitarlas?
Para la mayoría de las personas sanas, una bebida energética ocasional podría no representar un riesgo significativo. Sin embargo, su consumo frecuente o en grandes cantidades puede tener efectos negativos, especialmente en adolescentes, mujeres embarazadas y personas con enfermedades cardíacas.
Si lo que se busca es un impulso de energía más seguro, una taza de café o té puede ofrecer beneficios antioxidantes sin el exceso de aditivos y azúcar. En definitiva, más allá del marketing y los nombres llamativos de sus “mezclas energéticas”, la evidencia científica sugiere que el verdadero motor de estas bebidas sigue siendo, principalmente, la cafeína.