Rusia ha arriesgado su estabilidad económica por la guerra
La obstinación del presidente Putin con la guerra en Ucrania ha reordenado la economía y la sociedad rusas de un modo que podría poner en peligro el futuro de la nación
Por: Paul Sonne
Durante cuatro años, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha hecho de la guerra contra Ucrania el eje de todos sus movimientos.
Este enfoque tenaz ha ayudado a Putin a salvar lo que empezó como una invasión desastrosa, a devolver a sus tropas al frente y a imponer sus exigencias en las conversaciones de paz mediadas por Washington.
Pero su obstinación por perseguir la guerra ha tenido un costo enorme. Según algunas estimaciones, la invasión ha matado o herido a hasta 1,2 millones de rusos, al tiempo que ha reordenado la economía y la sociedad rusas de un modo que, en opinión de muchos economistas, pone en peligro el futuro de la nación.
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“Se gasta mucho dinero en tanques, proyectiles, bombas, beneficios militares y otras cosas, pero sin ningún valor duradero, nada que sirva para lo que llamamos desarrollo”, dijo Alexandra Prokopenko, exfuncionaria del banco central ruso, quien ahora trabaja en el Centro Carnegie Rusia Eurasia en Berlín.
Incluso antes de la guerra, los rumores de estancamiento económico nublaban las perspectivas a largo plazo de Rusia. Su economía, dominada por la extracción de recursos naturales, había tardado en diversificarse. El colapso de la natalidad después de la caída de la Unión Soviética había provocado una disminución de la población. Las libertades iban desapareciendo bajo el creciente autoritarismo.
La invasión de Moscú a Ucrania, que comenzó el 24 de febrero de 2022, ha amplificado todos estos desafíos y ha añadido otros nuevos, a medida que el Kremlin reorienta vastos recursos estatales hacia el esfuerzo bélico y persigue una militarización más amplia de la sociedad.
Casi el 40 por ciento del presupuesto federal de Rusia ahora se dedica al ejército y a la seguridad. Otro 9 por ciento se destina al pago de intereses de la deuda que Putin ha decidido contraer para financiar la guerra, lo que supone un cambio con respecto a años de estricta disciplina fiscal.
Rusia está agotando rápidamente su Fondo Nacional de Riqueza, un colchón financiero para imprevistos que Putin había creado con los ingresos del petróleo y el gas. Las reservas líquidas del fondo ascendían a unos 55.000 millones de dólares este mes, frente a los 113.000 millones de dólares antes de la guerra.
Mientras China y Estados Unidos invierten fuertes sumas en inteligencia artificial y otras tecnologías de vanguardia, Rusia se ha enfocado en las armas. En las listas mundiales de innovación en IA, Rusia ha quedado rezagada.
“La guerra está consumiendo muchos recursos”, dijo Janis Kluge, experta en Rusia del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad en Berlín. “Si no hubiera empezado, habrían tenido mucho dinero para gastar, sencillamente”.
Además de ser una fuente de gastos, la guerra ha destrozado los lazos que le quedaban a Rusia con Occidente y la ha hecho menos atractiva para los inversores. La inversión extranjera directa se ha desplomado. La inversión nacional se ha visto frenada por los elevados tipos de interés destinados a controlar la inflación, en una economía impulsada por el fuerte gasto militar.
La guerra también ha agravado la crisis demográfica de Rusia. Hasta 325.000 soldados han muerto en el campo de batalla, según un informe reciente del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. Algunos estudios predicen que la población rusa podría, en escenarios pesimistas, caer por debajo de los 100 millones para 2100, frente a los aproximadamente 145 millones que tenía antes de la guerra.
El país ha sufrido una fuga de cerebros, pues cientos de miles de rusos han huido al extranjero mientras el Kremlin utiliza poderes legales de época de guerra para reprimir la disidencia. Desde el comienzo de la guerra, al menos 4029 personas han sido objeto de procesos penales por motivos políticos en Rusia y en los territorios ocupados de Ucrania, según el Memorial de Presos Políticos, un grupo ruso de derechos humanos.
La guerra ha afectado de manera especial a las personas rusas más jóvenes. En una encuesta realizada el otoño pasado, Chronicles, una empresa rusa independiente de sondeos, descubrió que el 59 por ciento de los rusos de entre 18 y 29 años apoyaría la decisión de retirarse de Ucrania sin alcanzar los objetivos declarados por Putin, en comparación con el 42 por ciento de todos los rusos a quienes se encuestó. Casi la mitad de los jóvenes rusos encuestados consideraron que las medidas recientes para frenar la aplicación de mensajería Telegram restringían su libertad de expresión.
Stefan Meister, experto en Rusia del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores en Berlín, dijo que Putin no había presentado una visión de prosperidad a largo plazo para Rusia en una era de grandes cambios tecnológicos.
En su lugar, dijo Meister, Putin se ha enfocado en objetivos bélicos que implican el restablecimiento del poder de Rusia sobre tierras que alguna vez controló.
“No tiene visión de futuro, sino solo visión de pasado”, dijo Meister. “Esta guerra representa exactamente eso, y es muy costosa para el país”.
El enorme gasto militar de Rusia en los tres primeros años de la guerra condujo a un auge económico que desafió las expectativas occidentales de un colapso ante las sanciones internacionales.
Ahora, la economía está empezando a descender de ese punto álgido al enfrentarse a recortes del gasto público y a grandes tensiones en el mercado laboral. Los ingresos rusos por petróleo y gas descendieron casi una cuarta parte el año pasado, debido a la caída de los precios mundiales y a las sanciones que imponen descuentos al crudo ruso.
Aunque la recesión aún no es lo bastante grave como para obligar a Putin a poner fin a la guerra, Moscú ha subido los impuestos y tomado otras medidas para apuntalar sus finanzas.
El futuro económico de Rusia depende en gran medida de las condiciones que Moscú pueda negociar en cualquier acuerdo de paz y de la eficacia con que pueda reintegrar al país en la economía mundial.
Como los costos de seguridad y los pagos de la deuda consumen la mitad del presupuesto federal ruso, gran parte del resto se gasta en enormes obligaciones sociales del Estado, como pensiones, asistencia a la salud y educación. Prokopenko, exfuncionaria del banco central ruso, dijo que efectivamente “todos los gastos que no están relacionados con el ejército o el apoyo a la vida social están en suspenso”.
Dijo que gran parte de los recursos, las reservas y el talento empresarial de Rusia podrían haberse utilizado para el desarrollo futuro, pero en lugar de ello se enfocaron en mantener la ilusión de que “todo seguía igual”. Un ejemplo son las aplicaciones que se desarrollaron para permitir a los rusos transferir dinero y gastarlo en criptomonedas después de que el país quedara aislado del sistema bancario internacional.
“Muchas de las innovaciones que vemos ahora en las TI rusas están dedicadas a cómo eludir las sanciones o cómo hacer que nuestro consumo de cosas o nuestros servicios vuelvan a los niveles de antes de la guerra”, dijo Prokopenko. “En lugar de pensar en algo nuevo, dedican tiempo y recursos a reemplazar lo que ya se ha hecho, pero que ahora no está disponible”.
La guerra también ha dividido la economía rusa. Las empresas relacionadas con el ejército o que se beneficiaron de la salida de empresas extranjeras han experimentado un auge. En su mayor parte, el resto de Rusia se encuentra en una situación difícil, con el colapso de las industrias del gas, el carbón y la automovilística, la caída de la actividad manufacturera y las pequeñas empresas que intentan hacer frente a impuestos más altos y costosos préstamos.
Los rusos que cobran pensiones o trabajan en sectores en dificultades se sienten presionados por el aumento de los precios y las facturas de los servicios públicos.
Putin ha planteado la guerra como una defensa definitiva de la soberanía rusa, pero ahora se encuentra más dependiente que nunca de China como comprador de petróleo y proveedor de tecnología. También espera que Estados Unidos medie en un acuerdo de paz que pueda presentar en su país como una victoria.
Esas dependencias, combinadas con la distracción de Rusia con la guerra, han contribuido a una erosión de la influencia rusa en todo el mundo, desde Asia Central y el Cáucaso hasta Medio Oriente y América Latina.
Las conversaciones entre funcionarios rusos y el gobierno de Donald Trump han dejado claro que Moscú ve una relación renovada con Estados Unidos y el levantamiento de las sanciones estadounidenses como un camino hacia la reactivación económica. Gran parte de ello podría enfocarse en la producción de recursos naturales de Rusia, que se ha retrasado durante la guerra.
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No está claro si las empresas occidentales volverán a Rusia si termina la guerra. Moscú ha confiscado las operaciones rusas de varias empresas occidentales durante el conflicto, lo que ha asustado a muchos miembros de la comunidad empresarial.
Aunque Rusia consiga un amplio alivio de las sanciones en las negociaciones de paz, deshacer la economía de guerra que Moscú ha construido será una tarea delicada.
“Se trata de un cambio estructural de la economía rusa, del diseño de la economía rusa, que no es fácil revertir”, dijo Prokopenko. “No es imposible, pero no es fácil”.
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