Cuando habla el cansancio
El dolor acumulado y la desesperación no son un reflejo de tu valor o de tus ganas de vivir, sino la voz de un cansancio ciego que te exige buscar ayuda para abrirle espacio a la esperanza
Hoy te escribo a ti. A ti que quizá tienes más de dos semanas sintiéndote cansado, triste o sin ganas. A ti que dejaste de sentir lo que antes sentías y ya no encuentras gusto en aquello que antes te movía el piso.
Quizá llevas mucho tiempo sin encontrarle sentido a tus esfuerzos porque has vivido la decepción profunda de intentarlo muchas veces. Tal vez tu mente y tu corazón ya no tienen energía para seguir luchando. Quizá estás cansado de sobrevivir a un dolor que ya no quieres sostener.
Te hablo a ti, que estás viviendo una pérdida o un momento que parece no tener fin. A ti, cuyo corazón quisiera un cambio, pero ha comenzado a creer que no lo habrá. Has sostenido, luchado y peleado durante tanto tiempo que llegaste a un cansancio brutal. Y ahora tu mente encuentra cada vez más argumentos y comienza a proponerte maneras de terminar con el dolor.
Hoy quiero pedirte que le pongas una imagen a ese cansancio.
Si pudieras imaginarlo como un personaje, ¿cómo sería? Ponle ropa, una cara, una figura. Escucha su voz. Quizá te habla con desesperación, hartazgo, desilusión, impotencia o enojo. Obsérvalo como algo ajeno a ti, como un ser que tiene su propia manera de comunicarse contigo.
Ahora míralo bien: el cansancio es ciego. No puede ver el presente ni el futuro. Solamente puede ver el pasado. Todos los consejos que te da nacen de lo único que conoce: lo que ya dolió, lo que no funcionó, lo que perdiste, las veces que lo intentaste y no salió como esperabas.
Cuando te invita a imaginar formas de terminar con tu vida, en realidad está tratando de decirte que ya no sabe cómo terminar con tu dolor. Es el cansancio hablando, no es tu corazón. No es que no ames la vida; es que ya no quieres esta vida así.
Pero el cansancio necesita la ayuda de otro personaje. Necesita algo que pueda moverse y mirar más allá. Necesita a la esperanza.
La esperanza no es motivación, ni ganas, ni un sentimiento bonito. No es levantarte mañana creyendo que mágicamente todo estará bien. La esperanza es simplemente la capacidad de mirar hacia un lugar que el cansancio todavía no puede ver.
¿Por qué te lo presento con personajes? Porque quiero que puedas distinguir sus voces. Cuando habla el cansancio, también existe un anhelo que está intentando hablar. Si quieres terminar con el dolor es porque, en algún lugar de ti, sabes que quieres algo distinto. Quieres otra manera de vivir. Quieres descanso, alivio, compañía, un cambio. Quizá has escuchado tanto al cansancio que llegaste a creer que ya no puedes, pero tu potencia y tu capacidad siguen dentro de ti.
Necesitas ayuda. Necesitas ayuda porque estás cargando demasiado solo. Necesitas personas que sepan acompañarte, personas que te amen y espacios en los que puedas hacer común tu dolor. Hoy no tienes que resolver tu vida completa: solamente necesitas decirle a alguien la verdad sobre cómo te sientes.
Eres necesario en esta vida. Por el solo hecho de existir has transformado la vida de otras personas, incluso cuando no alcanzas a verlo. Todo el esfuerzo que has hecho para llegar hasta hoy es una victoria. Es evidencia de tu poder interno, aun con todo lo que te duele.
Empieza diciéndote: “Está hablando el cansancio”. Después pídele a la esperanza que siembre en ti los pensamientos que hoy necesitas, aunque todavía no los creas, aunque no los sientas y aunque no tengas ganas. Recárgate en quienes te aman. Regálate espacios amables. Conéctate con la naturaleza. Experimenta algo nuevo. Muévete, incluso sin ganas, y permítele a la vida mostrarle al cansancio de lo que estás hecho.
Y si hoy sientes que podrías lastimarte, no te quedes solo ni guardes silencio. Busca inmediatamente a alguien de confianza, llama al 911 o comunícate con la Línea de la Vida al 800 911 2000. Tu dolor necesita ayuda, no tu ausencia.
Recuerda: somos un todavía.