‘Fairycore’, de ser un nicho en internet a un fenómeno global
Lo que empezó como un nicho en internet con más de 3,300 millones de visitas, repleto de filtros pastel y estética de hadas, es hoy un fenómeno global que ha conquistado la alta costura, el interiorismo y el turismo
Imaginen una pantalla donde, de repente, los titulares sobre las crisis de última hora son sustituidos por paisajes frondosos, alas de mariposa y una paleta de colores que oscila entre el verde bosque y el rosa empolvado. No, no es el tráiler de una nueva película de fantasía, es el “Fairycore”, la última gran rebelión estética de los nativos digitales.
Si hace diez años las tribus urbanas se definían por los discos que escuchaban, los barrios que frecuentaban, las revistas que leían o sus referentes culturales, hoy el sentido de pertenencia se dicta a golpe de algoritmo.
Así, el sufijo “-core” ha colonizado internet hasta convertir cualquier estilo de vida en una etiqueta coleccionable. Y una de estas nuevas subculturas es, precisamente, el “Fairycore”. Porque en un mundo que se percibe cada vez más hostil y gris los jóvenes han decidido mudarse simbólicamente a un mundo de fantasía.
ÉRASE UNA VEZ, UNA MODA
El “Fairycore”, la estética de las hadas, es mucho más que una tendencia pasajera en redes sociales: es un estilo de vida que idealiza la naturaleza, pero siempre aderezada por el filtro de la mitología y lo fantástico.
Los elementos fundamentales de este movimiento son inconfundibles: colores pastel, alas de alambre brillante, mariposas, orejas de elfo y coronas de flores silvestres. Es una puesta en escena que parece extraída directamente de la Tierra Media, de los cuentos clásicos o de la poética inconfundible de las películas de Studio Ghibli.
Sin embargo, sería un error considerar este fenómeno como un invento exclusivo de TikTok. Los expertos en historia del arte sugieren que sus cimientos son mucho más profundos, trazando una línea directa que conecta estas nuevas comunidades digitales con el Romanticismo inglés de la década de 1800.
Lo que distingue al “Fairycore” de cualquier otra corriente naturalista es esa irrupción de lo fantástico. Se trata de un legado visual que bebe directamente de la época victoriana y de clásicos como ‘El sueño de una noche de verano’, de Shakespeare, cuya influencia fue clave en aquella fiebre por la pintura de hadas que definió el gusto estético del siglo XIX.
Pero, más allá del tul, el maquillaje o los artificios, el “Fairycore” opera como un curioso mecanismo de supervivencia. Es una forma de encontrar consuelo en los destellos de un cristal o en la calma de un bosque. Una herramienta, en definitiva, para encarar la rutina diaria con pequeños talismanes de belleza que actúen como refugio.
Quien crea que portar unas alas de hada es un juego de nicho o una excentricidad pasajera, se equivoca: las cifras cuentan una historia muy distinta. TikTok ha ejercido de incubadora global para este universo, y los números son, sencillamente, apabullantes.
La etiqueta “#fairycore” acumula ya 3,300 millones de visualizaciones, con contenidos que van desde tutoriales para integrar sutiles guiños élficos en el maquillaje cotidiano, hasta vídeos que invitan a perderse en arroyos centelleantes, siempre acompañados por bandas sonoras de melancolía envolvente.
MÁS ALLA DE LOS CUENTOS
En paralelo, Pinterest, la gran brújula de la inspiración estética, ha documentado en su informe de tendencias, la fiebre por el “Fairycore”, y la ha enmarcado dentro de una corriente más amplia: la llamada “decoración de dopamina”, una querencia que busca transformar cada rincón del hogar en un escenario diseñado para generar alegría inmediata.
Dentro de este paraguas de optimismo visual, las búsquedas de “dormitorio fairycore” se dispararon un 420%, mientras que conceptos afines, como la “decoración whimsical”, experimentaron un incremento estratosférico del 4,690%.
Por su parte, el “Cottagecore” amasa cifras aún más grandes, superando los 12, 600 millones de visitas en TikTok. Esta corriente comparte con el “Fairycore” el interés por la naturaleza, pero se centra en la vida rural, el cultivo del huerto y el horneado de pan.
Mientras el “Cottagecore” busca una granja tranquila en el mundo real, el “Fairycore” anhela abandonar la realidad por un entorno fantástico. Pero la naturaleza tiene muchas caras, y bajo los bosques y pantanos surge el “Goblincore”.
Esta estética abraza el lado menos normativo, más caótico y silvestre, con un punto gótico. Elementos como los sapos, el musgo húmedo y los hongos venenosos evocan la naturaleza en su versión más auténtica, salvaje y, por qué no, un poco sucia.
La obsesión por estas realidades alternativas con estética de otra época también ha dado pie al “Royalcore” y el “Medievalcore”. Aquí, el bosque deja paso a los castillos. Sus seguidores se alejan de la vida rural para imaginar una existencia palaciega, rodeados de tapices y del romanticismo de tiempos pasados.
Por supuesto, el “Fairycore” ha dado el salto de las carpetas de Pinterest al mundo real. Lo que comenzó siendo una moda de adolescentes que personalizaban ropa de segunda mano en casa, ha crecido hasta alcanzar las pasarelas de alta costura.
LA MODA CREE EN LAS HADAS
Su impacto ha sido tal que figuras como Olivia Rodrigo o Bella Hadid han lucido peinados con mariposas y detalles fantásticos en eventos como las Met Galas, demostrando que esta estética ha dejado de ser una curiosidad de internet para convertirse en un protagonista indiscutible de la alfombra roja.
La tendencia también ha ido mutando para adaptarse a diferentes estilos. Ha surgido, por ejemplo, el “Fairy Grunge”, una variante que combina la fragilidad propia de las hadas con la estética cañera de los años 2000 o “Y2K”: faldas largas y asimétricas, corsés ajustados, guantes sin dedos y las botas militares, todo ello salpicado por grandes dosis de encaje.
En una línea parecida, aunque con un aire más oscuro, aparecen el “Whimsical” o “Whimsygoth”, que se alejan de la luz para acercarse al gótico y a la estética de las brujas noventeras, pero siempre con referencias a la naturaleza y lo retro.
En el interiorismo, el minimalismo más frío y aséptico también está perdiendo terreno frente a la necesidad de infundir un poco de magia en el hogar. Adaptar el “Fairycore” no requiere transformar la casa en el interior de un tronco de árbol; la tendencia se integra a través de pequeños detalles decorativos.
Los objetos clave para conseguir este ambiente son las lámparas con forma de hongos o flores, los cojines con texturas que recuerdan al bosque, el uso estratégico de cristales para jugar con la luz o los muebles antiguos que recuerdan a épocas casi fantásticas.
Algo que también ha tenido su impacto en el ocio y el turismo, con espacios tematizados que evocan estas estéticas, como es el caso de Nibelungos House, un alojamiento frente al pantano de San Juan (Madrid), definido como “un refugio ‘whimsical fairy’, un lugar donde el tiempo se pausa y la mente descansa, una experiencia para sentir, recordar y volver a ti”.
Porque, bajo las capas de tul y brillo se esconde una respuesta cultural mucho más profunda: de manera consciente, los jóvenes han decidido convertir sus cuartos en santuarios y su ropa en una armadura para protegerse de la ansiedad del mundo exterior.
Abrazar estas estéticas es, en el fondo, una forma de tomar las riendas de su propia identidad. Y el “Fairycore”, la prueba definitiva de que el anhelo humano por encontrar un poco de magia y belleza permanece intacto.
DESTACADOS:
- Las etiquetas “#fairycore” y “#cottagecore” acumulan 3.300 millones y 12, 600 millones de visitas en Tiktok.
- Algunas búsquedas de decoración relacionadas con el “fairycore” han crecido entre un 420% y un 4,690%.
- Olivia Rodrigo o Bella Hadid han lucido “outfits” de esta estética.
Por Nora Cifuentes EFE- Reportajes.