Infecciones urinarias: cómo distinguirlas y qué hacer para prevenirlas
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El calor, la humedad, los bañadores mojados o una hidratación insuficiente crean el escenario perfecto para que aparezcan infecciones urinarias o vaginales
Cada verano aumenta el número de consultas relacionadas con la salud íntima femenina. La combinación de altas temperaturas, mayor sudoración, baños frecuentes y cambios en las rutinas favorece la proliferación de microorganismos que, en circunstancias normales, conviven en equilibrio con el organismo.
Las infecciones urinarias y las vulvovaginitis son dos de los problemas más frecuentes durante esta época del año. Sin embargo, no siempre resulta sencillo distinguir unas de otras, y recurrir a remedios caseros o automedicarse puede retrasar el tratamiento adecuado.
El calor modifica el equilibrio natural de la zona íntima. Permanecer con el bañador mojado durante horas, acudir a piscinas públicas, la humedad constante o una menor hidratación favorecen la aparición de infecciones tanto urinarias como vaginales.
Según explica la ginecóloga Belén Gómez, del Hospital Infanta Leonor de Madrid, “en verano, el aumento de temperaturas y sudoración, salidas al aire libre y baños repetidos, aumentan la humedad en la zona genital”.
La especialista señala que esta situación “puede favorecer la proliferación de gérmenes como hongos o bacterias, que se encuentran en nuestra piel y nuestro tracto digestivo y ya colonizan la vagina habitualmente sin provocar síntomas”.
El problema aparece cuando ese delicado equilibrio se rompe. “Si la flora vaginal habitual, compuesta principalmente por lactobacilos, no está en equilibrio, estos gérmenes crecerían de forma desproporcionada y pueden provocar síntomas de vulvovaginitis, como picor, escozor y aumento de secreción”, explica.
NO TODAS LAS INFECCIONES SON IGUALES
Uno de los errores más habituales consiste en llamar “infección íntima” a cualquier molestia en la zona genital. Sin embargo, detrás de los síntomas pueden esconderse problemas muy distintos.
Por un lado, están las infecciones vaginales, que suelen estar causadas por el hongo Candida o por bacterias como Gardnerella. Por otro, las infecciones urinarias afectan al aparato urinario, especialmente a la vejiga, y presentan síntomas diferentes.
Belén Gómez recuerda que “estas dos infecciones son las más frecuentes en la zona genital”, en referencia a la candidiasis y la vaginosis bacteriana. Además, añade que durante el verano “también son más frecuentes los eccemas en zonas de los pliegues que, a veces, se pueden sobreinfectar y requerir tratamiento, o incluso las infecciones de orina, por la deshidratación y el cúmulo de gérmenes en el residuo miccional que queda en la vejiga”.
CÓMO RECONOCER SI SON HONGOS O BACTERIAS
Aunque solo un profesional puede confirmar el diagnóstico, existen algunas diferencias que ayudan a orientar el origen del problema. “Las vulvovaginitis suelen tener síntomas comunes, como el picor genital, el escozor y la alteración del flujo”, explica la ginecóloga.
Cuando el flujo “es grumoso, espeso y blanquecino, suele ser debido a una infección por Candida”. En cambio, “si lo más llamativo es el olor intenso y desagradable, similar al pescado, y el flujo es espumoso, grisáceo o verdoso, suele ser debido a una infección por Gardnerella”.
Las infecciones urinarias, por su parte, suelen manifestarse con dolor o escozor al orinar, necesidad constante de acudir al baño, sensación de no vaciar completamente la vejiga o molestias en la parte baja del abdomen.
Los especialistas coinciden en que pequeños hábitos cotidianos pueden marcar la diferencia. Mantener durante horas el bikini mojado, retrasar la micción, beber poca agua, utilizar prendas demasiado ajustadas o permanecer con ropa húmeda tras el ejercicio favorecen la proliferación de microorganismos.
También conviene prestar atención a la higiene íntima. Los expertos recuerdan que una limpieza excesiva o el uso de productos demasiado agresivos puede alterar el equilibrio natural de la flora vaginal, favoreciendo precisamente aquello que se intenta evitar.
¿SIRVEN LOS REMEDIOS CASEROS?
Internet está lleno de consejos para combatir estas molestias, desde baños con vinagre hasta aplicaciones de yogur o bicarbonato. Sin embargo, los ginecólogos desaconsejan estas prácticas.
”Ante cualquiera de estas señales, los remedios caseros no aseguran un tratamiento seguro, pudiendo en algunas ocasiones empeorar los síntomas”, advierte Belén Gómez.
La especialista recomienda “acudir siempre a un profesional”. Aunque el farmacéutico puede orientar sobre algunos tratamientos iniciales, añade que “si los síntomas perduran, reaparecen o empeoran, es necesaria la valoración por un ginecólogo”, quien podrá realizar un cultivo para identificar el microorganismo responsable y prescribir el tratamiento más adecuado.
EL PAPEL DE LOS PROBIÓTICOS
En los últimos años, diversas investigaciones han puesto el foco en la importancia del microbioma vaginal para prevenir recaídas. Belén Gómez recuerda que “las últimas recomendaciones de las sociedades de ginecología afirman que el uso de probióticos, por vía oral o vaginal, unido al tratamiento específico del germen que está causando la infección, mejora la recuperación”.
Según explica, estos productos “regeneran la flora vaginal y recuperan el equilibrio del pH vaginal, que es tan importante para evitar el crecimiento de hongos y bacterias”.
Los especialistas insisten en que la mejor estrategia continúa siendo la prevención. Mantener una buena hidratación, cambiar el bañador mojado cuanto antes, utilizar ropa interior transpirable, evitar permanecer muchas horas con prendas húmedas y cuidar la higiene íntima respetando el equilibrio del pH son algunas de las medidas más eficaces.
En verano también puede resultar útil disponer de productos específicos para la higiene íntima fuera de casa, especialmente después de acudir a la playa, la piscina o el gimnasio, siempre que respeten el equilibrio natural de la zona genital y no sustituyan una higiene adecuada.
Aunque el calor sea inevitable, reducir el riesgo de infecciones depende en gran medida de hábitos cotidianos que ayudan a preservar el equilibrio natural del organismo. Y, ante cualquier síntoma persistente, la mejor recomendación sigue siendo la misma: consultar con un especialista antes de iniciar cualquier tratamiento.
EFE Reportajes | María Muñoz Rivera