La herida materna

La herida materna

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A las puertas del 10 de mayo, la psicóloga Tamara nos invita a un despertar valiente: sanar la relación con nuestra madre no para justificar el pasado, sino para liberar nuestro presente y el futuro de nuestros hijos a través de la gratitud y la elección consciente

Vida
/ 10 mayo 2026
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Es 10 de mayo y muchas mujeres que hoy somos mamás, nacidas entre los ochenta y los noventa, nos encontramos en un despertar doloroso.

Estamos lidiando con la ruptura de patrones para liberar a nuestros hijos de aquello que no nos gustó de nuestra educación y de heridas que cargamos en el alma: abandono, injusticia, rechazo o comparación, ocasionadas muchas veces por nuestros primeros cuidadores.

Pero hoy quiero hablar de la mamá, porque nosotras, las mujeres, podemos llegar a tener un dolor arraigado en el corazón que necesitamos aprender a sanar sin la necesidad de que nuestra madre nos pida perdón.

A veces queremos esa disculpa, pero todavía más importante es que nuestro corazón esté preparado para recibirla. No se trata de justificar las acciones de nuestras madres, sino de encontrar el poder que tenemos de elegir qué hacemos con lo que aprendimos. Podemos elegir a la persona en la que nos convertimos una vez que hacemos consciente aquello que nos causó dolor.

De nada vale solo encontrar la causa, juzgarla y victimizarse. Encontrar la causa es saber de dónde partir, no desde dónde estoy limitada. Comprender no es justificar, agradecer no es negar y perdonar no es decir que no dolió; es dejar de cargar una herida como si tuviera que definir toda nuestra vida.

Ahora nosotras, que somos mamás, tenemos el impulso —y un poco la obligación— de transformar la forma en que se vive. Podemos pensar y tomar decisiones distintas porque observamos el matrimonio que llevaban nuestras madres, su sufrimiento, las cosas que aguantaron, sus reglas, sus leyes y aquello que normalizaron.

Gracias a que ellas, o las circunstancias de la vida, nos dieron algo más, hoy tenemos una nueva perspectiva. Y eso es un regalo. Con esa visión tenemos la oportunidad de decir: “Yo voy a elegir algo distinto, algo mejor”.

Tengo la capacidad de soñar y de anhelar, para que mis hijos también tengan una manera más libre de ver las cosas.

A veces solo nos quedamos en el dolor, en la herida, en el error: en esa vez que nos dejaron abandonadas, en que nos compararon, en las mil veces que nos han juzgado, en que no nos quisieron como a nuestros hermanos, en que esperaban demasiado de nosotros o en que somos la persona que se encarga de todo.

Cada quien trae sus propios roles y modos heredados. Algunos tienen madres narcisistas, otros no. Sin embargo, centrarnos solo en eso nos quita la libertad de darnos cuenta de los regalos de las mismas circunstancias.

El otro día, una madre me decía que le desesperaba ver cuán infeliz era su propia madre; sentía coraje porque no entendía por qué una mujer inteligente se mantenía en una vida sin felicidad. Yo le preguntaba si podía observar que el hecho de darse cuenta de que su madre tenía la oportunidad de elegir algo distinto era porque su madre, de alguna manera, le hizo creer eso.

Es decir, aunque su madre no haya podido dar ese paso, ella como hija tiene una libertad, y el hecho de que hoy pueda cuestionar habla de un criterio más amplio que no apareció de la nada.

A veces, cuando el dolor ya pudo ser nombrado, una parte importante de sanar tiene que ver con la gratitud. No desde un “lavado de cerebro”, sino desde una auténtica gratitud: poder reconocer que eres una persona maravillosa, que se esfuerza, que tiene traumas y batallas, pero que está luchando por no engancharse, por no revivir todo el tiempo sus heridas con sus hijos y por tener más tiempo y ganas de jugar con ellos.

No importa si a veces no sabes si eres controladora o no, o si lo estás haciendo bien o mal. El hecho es que eres una mujer con toda la potencia de convertirse en su mejor versión, y eso también viene de una generación anterior; de un corazón que, de alguna manera, te enseñó que merecías más.

Darle permiso a tu mamá de no ser perfecta, de haberse equivocado y de no saber por dónde iba, también te da permiso a ti de ser una mamá que se puede equivocar y levantar. Una mamá que no educa pensando en no traumar a sus hijos, sino en ofrecerles lo mejor que tiene.

Ojalá puedas festejar el ser mamá, incluso desde el cansancio de encargarte de todo este 10 de mayo. Ojalá puedas levantarte agradeciendo que hoy puedes darte cuenta de que existes y que puedes elegir cómo lo vas a hacer, porque recuerda que todos somos un “todavía”.

Licenciada en Ciencias para la Familia, especializada en armonía emocional, formación de hábitos y desarrollo de la fuerza de voluntad. Terapeuta, conferencista y tallerista internacional con más de 22 años de experiencia. Autora del libro ¿Cómo desarrollar hijos fuertes y seguros? Coautora de nueve libros de la colección Aprender a Querer. Autora y creadora del programa Humans UP y de la colección de 12 libros Mi Diario HUP. Creadora y productora de Big Bang Zoe, serie infantil en YouTube con enfoque en habilidades socioemocionales para niños de 3 hasta 15 años.

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