Muchos casos de cáncer de ovario no inician en los ovarios

Muchos casos de cáncer de ovario no inician en los ovarios

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La Sociedad Estadounidense del Cáncer trabaja en una campaña nacional para concientizar a más mujeres y médicos de que la extirpación de las trompas puede ayudar a prevenir la mayoría de los cánceres de ovario

Vida
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Por: Gina Kolata

Kira Wynn está dispuesta a hacer casi cualquier cosa para evitar el cáncer de ovario, la enfermedad que mató a su madre.

“Mi mamá pensó que se había desgarrado un músculo en el costado”, dijo Wynn. El médico de su madre, agregó, “le dijo que hiciera fisioterapia”.

Como suele ocurrir con el cáncer de ovario, la enfermedad de la madre de Wynn ya estaba en una etapa avanzada cuando se le diagnosticó. Murió 10 meses después.

Las pruebas genéticas no pudieron identificar alguna mutación que revelara si Wynn también corría riesgo de padecer cáncer de ovario.

Así que Wynn, de 37 años, tuvo una consulta con Rebecca Stone, oncóloga ginecológica de Johns Hopkins Medicine. Lo que escuchó no fue lo que esperaba.

“Cáncer de ovario”, le dijo Stone, es un término equivocado. Casi todos los cánceres de ovario —y casi todos los cánceres de ovario mortales— en realidad son cánceres de las trompas de Falopio. El aproximadamente 20 por ciento que comienza en los ovarios es diferente, afirmó Stone, y por lo general se puede curar.

Las mujeres a las que se les extirpan las trompas —los conductos con forma de gusano que transportan los óvulos desde los ovarios hasta el útero— reducen sus probabilidades de padecer cáncer de ovario en casi un 80 por ciento. Es una operación de cinco minutos que se puede realizar como parte de casi cualquier cirugía abdominal, lo que incluye una histerectomía, ligadura de trompas, cirugía de vesícula biliar y reparación de hernia.

Sin embargo, ningún médico, dijo Wynn, le había mencionado jamás la extirpación de las trompas uterinas.

No resulta sorprendente, dijo Stone, porque la mayoría de los médicos (y el público) no conocen este nuevo enfoque, a pesar de que grupos profesionales como la Sociedad Estadounidense del Cáncer, el Colegio Estadounidense de Cirujanos y la Sociedad Europea de Oncología Ginecológica han emitido declaraciones recientes en las que alientan a los médicos a ofrecer la extirpación de las trompas en el momento de realizar otras cirugías abdominales.

La Sociedad Estadounidense del Cáncer ahora trabaja en una campaña nacional para concientizar a más mujeres y médicos de que la extirpación de las trompas puede ayudar a prevenir la mayoría de los cánceres de ovario. El grupo planea comenzar la campaña el próximo año, dijo Anne Reynolds-Doerr, una portavoz.

Las mujeres tienen, en promedio, un riesgo del 1,1 por ciento de recibir un diagnóstico de cáncer de ovario, uno de los cánceres más mortales. Las pruebas de detección para encontrarlo a tiempo no funcionan (las tasas de mortalidad no remiten). El ultrasonido, los análisis de sangre y las imágenes avanzadas han fracasado. Además, la mayoría de las 20.000 mujeres al año que reciben un diagnóstico de cáncer de ovario no presentan factores de riesgo conocidos. Para cuando descubren por qué tienen síntomas vagos como hinchazón y dolor abdominal, el cáncer se ha extendido por todo su cuerpo. La cirugía y la quimioterapia —los tratamientos estándar— tienen pocas probabilidades de curarlas.

Los tumores comienzan como diminutos grupos microscópicos de células cancerosas que se desprenden del extremo más ancho de la trompa de Falopio, el que está junto al ovario. Se diseminan por el ovario y el abdomen, donde crecen y se vuelven letales.

Kara Long, especialista en cáncer de ovario en el Centro Oncológico Memorial Sloan Kettering, compara estas diminutas células cancerosas con el polvo que se levanta de una alfombra y flota por una habitación.

Stone dice que son como la caspa que cae sobre los hombros de una persona.

Ese descubrimiento, dijo Long, “fue un momento de revelación para nosotros”. Explicó por qué el diagnóstico temprano fallaba con tanta frecuencia: esas diminutas células no aparecen en el ultrasonido ni en otras imágenes.

Pero el hallazgo no pareció tener eco en la comunidad médica. “¿Cómo tomas un descubrimiento fundamental, uno de los descubrimientos más fundamentales de mi época, y lo conviertes en el estándar de atención?”, preguntó Stone.

El primer indicio de que la mayoría de los casos de cáncer de ovario comienza en las trompas de Falopio surgió en 2000 con un estudiante de doctorado neerlandés, Jurgen Piek. Él sabía que las mujeres con ciertas mutaciones en alguno de dos genes, BRCA1 o BRCA2, tenían un riesgo mucho mayor de padecer cáncer de ovario. Muchas deciden extirparse los ovarios de forma preventiva para protegerse.

Así que Piek comenzó a estudiar los ovarios que las mujeres decidieron extirparse, en busca de signos tempranos de cáncer. Los médicos que extirpan los ovarios también extirpan las trompas uterinas al mismo tiempo, porque aunque los ovarios pueden sobrevivir sin las trompas, las trompas no pueden sobrevivir sin los ovarios, de los cuales dependen para su suministro de sangre.

Piek notó algo que lo sorprendió: no vio ninguna célula precancerosa en los ovarios, pero a menudo las encontraba en las trompas. Las células se veían exactamente como el cáncer de ovario en etapa temprana.

En 2001 postuló que el cáncer de ovario comienza en las trompas de Falopio. “Estuve en algunas conferencias por aquel entonces, como estudiante de doctorado”, dijo Piek. La mayoría de los asistentes, recordó, decían: “Es un lunático”. Otros, agregó, estaban intrigados.

Después siguieron años de trabajo.

“Hizo falta mucha investigación para sentirnos realmente seguros de recomendar que la gente se extirpara una estructura”, dijo Long. Había preguntas cruciales: ¿Eran las trompas la fuente del cáncer en mujeres que tenían un riesgo promedio? (La respuesta es sí). ¿Es seguro extirpar las trompas? (Sí). ¿La operación daña los ovarios? (No).

Sin embargo, Joseph Sakran, cirujano en Johns Hopkins Medicine, advirtió que los artículos publicados no eran suficientes para cambiar la práctica. “Existe una brecha entre tener los datos disponibles y su implementación”, dijo.

Debido a que la extirpación de las trompas uterinas afecta la fertilidad, los médicos tienen el cuidado de explicar las implicaciones antes de ofrecer el procedimiento. Quieren actuar con cautela y asegurarse de que las mujeres no piensen que están siendo presionadas para esterilizarse. Hay una larga historia de esterilización forzada de personas con discapacidad, personas negras y personas desfavorecidas.

Ahora, Break Through Cancer, una fundación en Cambridge, Massachusetts, y la Sociedad Estadounidense del Cáncer realizan un estudio en el Memorial Sloan Kettering, el MD Anderson Cancer Center y Johns Hopkins. A todas las mujeres que tienen programada una cirugía abdominal se les ofrece la oportunidad de ver un video que explica lo que se sabe sobre el cáncer de ovario, y luego se le pregunta si le gustaría que le extirpen las trompas durante su cirugía. Cualquier mujer puede negarse a ver el video o negarse a que le extirpen las trompas uterinas, por ejemplo, si está considerando quedar embarazada algún día o simplemente se siente incómoda con la idea de que le extirpen una parte sana del cuerpo.

Rolester Garner, una residente de Baltimore de 79 años, vio el video recientemente cuando acudió a Johns Hopkins para una visita preoperatoria antes de someterse a una reparación de hernia. No tiene antecedentes familiares de cáncer de ovario, dijo, ni ningún riesgo genético conocido. Y no tenía idea de que la mayoría de los cánceres de ovario comienzan en las trompas de Falopio.

Pero después de enterarse, dijo: “Decidí hacerlo”. Sakran le extirpó las trompas el 13 de julio.

Long dijo que ella y Stone revisaron los registros médicos de sus pacientes con cáncer de ovario para ver cuántas habían tenido cirugía abdominal en algún momento del pasado. Si se les hubiera dado la oportunidad, podrían haberse extirpado las trompas y prevenir sus cánceres.

“Más de una cuarta parte tuvo una oportunidad perdida”, dijo Long. “Dios mío, son cientos de pacientes”.

Kristin Buser, de 42 años, quien vive cerca de Annapolis, Maryland, es una de ellas. Ella estaba entrenando para una carrera de 10 kilómetros el año pasado cuando comenzaron sus síntomas. “Algo andaba mal”, dijo. “Tenía problemas de intestino irritable”.

Su médico había pensado que Buser padecía el síndrome del intestino irritable, pero la envió a hacerse una tomografía computarizada “para descartar cualquier cosa rara”, dijo Buser.

Recibió un diagnóstico el 15 de mayo del año pasado: cáncer de ovario avanzado. El tratamiento hasta ahora ha implicado cinco cirugías, nueve rondas de quimioterapia y cinco rondas de inmunoterapia.

Los patólogos descubrieron que su cáncer había comenzado en su trompa uterina izquierda. Ella se había sometido a una cesárea hace 10 años, junto con una ligadura de trompas, en la que le cortaron las trompas pero no se las extrajeron. “Me tenían totalmente abierta”, dijo Buser. Habría sido muy fácil extirparle las trompas.

Pero, dijo, “me niego a ver esto desde el punto de vista de ay, pobre, qué pena por mí”. En lugar de eso, agregó, quiere contar su historia para ayudar a otras personas a que no pierdan la oportunidad de prevenir el cáncer de ovario.

“Lo más importante para mí en la vida”, dijo Buser, “es seguir adelante y mantenerme positiva”.

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El periódico publicado en la ciudad de Nueva York es editado por Arthur Gregg Sulzberger y se distribuye en los Estados Unidos y otros países. Desde su primer Premio Pulitzer, en 1851, hasta la fecha, lo ha ganado 132 veces.

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