El Universal
El pasado sábado en Las Vegas, el boxeador israelí hizo historia al levantar el cinturón que lo acredita como monarca de los superwelter de la AMB
El boxeo es un deporte que atrae masas y es practicado en todas partes del mundo, pero no discrimina razas o religiones. Yuri Foreman es un púgil de origen israelí y cursa estudios hebraicos con la intención de convertirse en rabino, pero lo interesante es que apenas el pasado sábado se convirtió en el primer judío campeón en peso superwelter de la AMB.

Foreman venció por puntos al puertorriqueño Daniel Santos, quien defendió por segunda vez su corona y se prepara para aprender a la perfección el Talmud, el libro sagrado de los judíos, su manual.

La historia de Yuri empieza hace 29 años en Gomel (Bielorrusia), donde nació y creció en un apartamento de dos habitaciones junto a sus padres, su abuela, su tío, su tía y el hijo de ésta.

El ahora campeón superwelter siempre fue el blanco de bromas y golpes durante su niñez al no tener el talento necesario en la natación, por lo que sus compañeros lo tomaban como burla. Al percatarse de que sufría con esos maltratos, su madre decidió inscribirlo a un club de boxeo para que aprendiera a defenderse.

Con el derrumbe de la URSS, la familia opta por buscar una vida mejor en Haifa, como tantos otros judíos rusos. No emigran por motivos religiosos; sólo quieren mejorar sus condiciones.

En 1991, con once años, Yuri debe empezar de nuevo. Otro país, otro idioma. Cuando salía de la escuela ayudaba a su padre en las labores de casa ante la quebradiza salud de la madre. Durante las vacaciones se empleaba de albañil y como en Haifa no había ningún club de boxeo se entrenaba al aire libre, con otros aprendices de boxeador.

A los 15 años sueña con ser campeón del mundo, se proclama en tres ocasiones campeón de Israel y cuando fallece su madre a causa de una hepatitis, decide con 18 años hacer las maletas para labrarse un futuro en los cuadriláteros de Estados Unidos.

Con el objetivo de adaptarse lo más pronto posible a un nuevo país y una nueva ciudad, Nueva York, Foreman inicia su entrenamiento en el Gleason's Gym de Brooklin. A los tres años de estancia en el país gana el Golden Gloves neoyorquino y al año siguiente, 2002, debuta como profesional.

"No era especialmente religioso; mis padres eran laicos hasta la médula. Pese a vivir ocho años en Israel ni siquiera sabía qué significaba el Yom Kippur" (Día del Perdón, el día más santo del calendario hebreo).

Pero quedó impactado por la prédica de un rabino en la sinagoga. "Hablaba del bien contra el mal y el ejemplo me sugirió un combate de boxeo. Me presenté a él y me puso a estudiar el Talmud, cosa que hacía en la 'yeshiva' (escuela judía) que está a dos puertas del Gleason's Gym donde entreno", explica Foreman en las páginas de 'L'Equipe'.

En esta actividad se inició junto a su esposa, Leyla Leideckaer, cineasta, modelo y ex boxeadora.

Al cabo de dos años de lecturas sagradas decidió estudiar para rabino y su mentor, el rabino DovBer Pinson le califica de "buen alumno. Cuando sus compañeros se enteraron que boxeaba no se lo creían porque Yuri no tiene la imagen habitual de los boxeadores. Es tranquilo y sosegado". A Yuri le queda un año de estudios para graduarse como rabino.

Foreman explica que religión y boxeo no son incompatibles. "Se trata sólo de ser capaz de hacer varias cosas; puedes ser campeón del mundo y a la vez rabino. Hay que ser polivalente y dejarse de estereotipos. El boxeo es mi profesión y empecé a boxear antes de empezar mis estudios para rabino. Probablemente no aconsejaría el boxeo a los chicos en la 'yeshiva' (escuela). Pero este es mi trabajo".

Y lo ejerce de manera brillante porque tras 29 combates profesionales sigue invicto, habiendo vencido en ocho ocasiones por la vía rápida. La única vez que no ha alzado los brazos tras una pelea fue el pasado junio, cuando el combate antes de su asalto al cetro mundial acabó sin veredicto a causa de un cabezazo involuntario de Cornelius Bundrage en el tercer asalto, cuando el israelí iba por delante en las cartulinas de los jueces.

Su religión llama poderosamente la atención de los aficionados al boxeo, incluso el promotor Bob Arum, quien también es judío, decidió darle la oportunidad en la noche de campeonato que se vivió en Las Vegas junto al filipino Manny Pacquiao.

Yuri Foreman es un ejemplo para su familia, amigos y busca seguir los pasos de su homónimo `Big' George, ex campeón del mundo en la división de los pesados que terminó como pastor en una iglesia de California, EU.