Argentina for export: tango y turismo gay
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<span></span><span style="font-weight: bold;">Buenos Aires, Argentina.- </span>Buenos Aires se convirtió en una meca para Chieko Kawashima, quien llegó de Tokio hace una década seducida por la magia de la danza de tango, y en un confortable lugar sin homofobia para una pareja de ingleses, Darren y Paul, que jugaron el Mundial gay de fútbol en una Argentina que el domingo celebrará comicios presidenciales.
Kawashima baila tango en un bar del porteño barrio de San Telmo y enseña a turistas extranjeros ávidos por el arte del dos por cuatro, mientras que los británicos estuvieron de paso para jugar el torneo futbolístico contra la discriminación.
"Llegué a Buenos Aires sin hablar castellano. No entendía nada, me sentía una salvaje y al principio tenía mucho miedo porque nosotros no nos tocamos cuando nos saludamos y aquí todo el mundo me abrazaba y me saludaba con un beso", cuenta Chieko, de 38 años, a la AFP.
Pero Chieko superó rápido el obstáculo impuesto por el choque cultural.
"Tenía mi pasaje para volver a Japón pero se me pasó la fecha de regreso y no volví más", dice y revela sonriendo que ahora se siente "mitad japonesa y mitad porteña".
El tango se convirtió en uno de los motores del "boom" turístico en Argentina, que explotó tras la devaluación del peso en 2002, y actualmente decenas de "milongas" abren sus puertas todos los días de la semana, y conviven con los sofisticados y más caros shows de tango, armados con un perfil "for export".
"Muchos turistas contratan antes de llegar un profesor de tango por 15 ó 20 días para aprender a bailar, y buscan tanguerías y milongas y no van tanto a los espectáculos de tango más tradicionales", dice Rolando Gori, empleado de una agencia de viajes, a la AFP.
"Argentina se convirtió en un destino turístico más buscado después del atentado a las torres gemelas de Nueva York, el tsunami asiático y la devaluación del peso. Aquí no hay tormentas tropicales ni terrorismo", resume Gori, de 50 años.
La capital argentina, con una población inferior a los tres millones de habitantes, fue convirtiéndose en los últimos años en una meca del turismo gay, con una amplia oferta de restaurantes, bares, discotecas y alojamientos exclusivos para parejas del mismo sexo, que encuentran en la metrópoli pocos prejuicios y precios considerablemente baratos.
"Argentina es un país bastante relajado con el tema gay. Uno se siente muy cómodo siendo gay en Buenos Aires. No he notado ningún tipo de homofobia", cuenta Héctor Gómez, un publicitario español de 37 años, apasionado por la arquitectura colonial, en su tercera visita al país sudamericano.
La ley de Unión Civil para las parejas homosexuales sancionada a finales de 2002 colocó a Buenos Aires a la vanguardia de las ciudades latinoamericanas, posición que fue ratificada este año con la realización del Mundial de Fútbol Gay, del que participaron unos 500 jugadores de equipos amateurs.
"La gente en Buenos Aires es muy amigable", dijo Darren. "La ciudad es fantástica", elogió Paul, jugadores ambos de los London Titans, una escuadra que participó del Mundial gay de fútbol.
Desde hace dos años, la capital argentina cuenta con una "milonga" gay, La Marshall, enclavada en el centro porteño, donde además de bailar se pueden tomar clases de tango, y es cita obligada de hombres apasionados por la danza.
"La clave de la milonga gay es que el hombre puede "llevar" los dos roles: ser conductor y conducido, este último, papel que en el tango tradicional, lo lleva siempre la mujer", explica Augusto Balizano, profesor de La Marshall.
Sentado en la histórica cafetería Tortoni de Buenos Aires, Marcelo De Oliveira, disfruta su cuarto café, mientras abunda en las comparaciones entre Buenos Aires y su natal Rio de Janeiro, a la que reprocha los crecientes índices de violencia.
"Buenos Aires es una ciudad limpia, organizada y segura. Me sorprendió ver chicas caminando solas por la calle a la madrugada a la salida de las discos", cuenta a la AFP De Oliveira, un pediatra de 40 años, que se declara amante de la noche porteña.
"La noche es muy divertida y existen muchas opciones para salir", dice. Pero se lamenta, como tantos otros turistas, de que los bares y discotecas se llenan avanzada la madrugada. "Buenos Aires es una ciudad que no duerme nunca", sentencia.