Jonathan Avalos Rodríguez, alcalde del municipio de Francisco I. Madero en Coahuila. Foto: Twitter
Jonathan Ávalos, alcalde del municipio de Francisco I. Madero, dijo que distribuirá dosis del tratamiento a quien lo pida, pero podría ser multado y hasta llegar a pisar la cárcel, de acuerdo a la Ley General de Salud Federal y Estatal

Jonathan Ávalos Rodríguez, alcalde del municipio de Francisco I. Madero en Coahuila, a través de un video que compartió en sus redes sociales, hace la invitación a la ciudadanía a usar el dióxido de cloro como tratamiento contra el COVID-19, y dio a conocer que él  mismo proporcionaría de manera gratuita dosis del químico a quien lo solicite de manera voluntaria.

El morenista dio a conocer que distribuiría mil tratamientos con dióxido de cloro a las personas que voluntariamente lo acepten y que padezcan COVID-19, mismas que llegarán el próximo viernes, pero que "los interesados deberán firmar un documento" con su consentimiento. Esto luego de haber tomado un "curso" en el cual le hablaron de las bondades de dicha sustancia.

"Habrá dependencias que estén en contra de esto y van a querer que no lo administremos a la gente, pero yo lo voy a hacer porque me lo dicta mi corazón", afirmó el munícipe.

La Secretaría de Salud de Coahuila dijo que no existe  evidencia que determine el uso de este tipo de productos llamados “milagro” para el tratamiento de pacientes positivos a COVID y que su uso indebido representa un riesgo para la salud de quienes lo consumen, y expuso que “si alguna autoridad promueve estas acciones y genera alguna afectación a la salud de los pacientes (infectados o no), deberá ser penalizada", de acuerdo a lo establecido en la Ley General de Salud Federal y Estatal.

Dichas sanciones van desde el aseguramiento del producto (Artículo 414 Bis), información engañosa (Artículo 300) o consecuencias penales, entre ellas prisión a los responsables (Artículo 465).

¿QUÉ ES EL DIÓXIDO DE CLORO Y POR QUÉ ES PELIGROSO INGERIRLO?

Ante la aparición del nuevo coronavirus, se difundió la idea de que el consumo de dióxido de cloro podría ser un método de prevención y cura. Pero autoridades y expertos desaconsejan ingerirlo con este fin y advierten de sus consecuencias.

Ingerirlo una vez en una dosis baja, podría no causar daños, pero consumirlo de forma reiterada o en una dosis alta podría derivar en daños a la salud. 

De acuerdo a la agencia de noticias AFP, Amalia Laborde, toxicóloga y académica del Departamento de Toxicología de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República (Uruguay), dijo que: “El dióxido de cloro en realidad en algunos países se utiliza como desinfectante en concentraciones extremadamente bajas para limpiar el agua potable”.

Laborde añadió que el dióxido de cloro no cuenta con ningún registro sanitario ni está aceptado “por ningún organismo de la salud. Ningún ministerio ni agencia sanitaria ha mostrado su eficacia”, como fármaco.

“La eficacia que se plantea por sus precursores está basada en datos teóricos del cloro como antiséptico, pero no tiene ningún uso terapéutico”, dijo Laborde.

Isidora Molina, bioquímica de la Universidad de Santiago en España, descartó su uso farmacéutico: “Para que algo sea medicinal debe cumplir una serie de parámetros: que sea eficiente, específico, que tenga una determinada vida media en el organismo, que se pueda metabolizar y que los productos resultantes de este proceso no sean tóxicos. Ningún trabajo o recolección de trabajos ha abordado con aquella profundidad a este compuesto”.

Se aseguró que este desinfectante oxida organismos como virus y bacterias presentes en superficies inanimadas, “es decir, objetos”. Pero, si el dióxido de cloro es ingerido “morirán células de mi esófago y estómago. Eso va a producir irritación cuando es una dosis baja, o inflamación aguda cuando la dosis es alta”.

Respecto al uso del dióxido de cloro como fármaco, desde la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA) advierten que no tienen conocimiento de “ninguna evidencia científica que apoye su seguridad o eficacia, y presentan riesgos considerables [los productos con esta sustancia, NDLR] a la salud de los pacientes”.

Además, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) “no recomienda utilizar productos a base de dióxido de cloro o clorito de sodio por vía oral o parenteral en pacientes con sospecha o diagnóstico de COVID-19, ni en ningún otro caso".  En julio pasado informó que al ingerir dióxido de cloro, “la disminución de la presión arterial puede dar lugar a síntomas graves como complicaciones respiratorias debido a la modificación de la capacidad de la sangre para transportar oxígeno”. 

De igual manera se advirtió sobre el efecto acumulativo de estas dosis: “Mientras más veces se repita esta ingesta, mayor es el daño acumulativo que se observa en el tejido del tracto digestivo”. “Por eso puede ocurrir que mucha gente lo tome una sola vez y se sienta bien, porque el daño que se generó no es tanto como para que se produzca muerte celular”, agregó Molina.

En Estados Unidos, la FDA también reiteró que la venta de estos productos de dióxido de cloro “puede poner en peligro la salud de una persona y retrasar el tratamiento médico apropiado”.

En México, el 23 de julio la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) señaló que “no cuenta con evidencia científica que determine el uso de dicho producto para el tratamiento de ninguna enfermedad”.