Su obra irradió en la escena cultural del país e influyó en escritores como Octavio Paz Foto: especial
El escritor, autor de la ‘Cartilla Moral’ retomada por el gobierno federal, falleció un día como hoy de 1959

Este año el nombre de Alfonso Reyes llegó a los titulares de todo el país pues su Cartilla Moral fue editada y distribuida por el Gobierno Federal en “un primer paso para iniciar una reflexión nacional sobre los principios y valores que pueden contribuir a que en nuestras comunidades, en nuestro país, haya una convivencia armónica y respeto a la pluralidad y a la diversidad”.

El texto es uno de los trabajos del autor regiomontano que más problemas ha tenido en su publicación desde que en 1944 Jaime Torres Bodet le solicitó cooperar en una Cartilla de Alfabetización con “un mínimo de principios morales”.

Ni en ese momento ni en subsecuentes ocasiones lo que terminó como un documento mucho más largo y comprensivo de lo solicitado —a pesar de que Reyes procuró brevedad— se quedó en el limbo de la mesa del editor y la única vez en que salió a la luz, en el 92 cuando Ernesto Zedillo era Secretario de Educación, fue retirado ante protestas del sindicato.

A pesar de esto el legado de Alfonso Reyes también ha sido recordado mucho este 2019 pues el 27 de diciembre se cumplen seis décadas del fallecimiento del poeta y diplomático y en VANGUARDIA nos sumamos a la conmemoración.

Hijo de un porfirista

Su padre, Bernardo Reyes Ogazón, fue gobernador de Nuevo León de 1885 a 1909, periodo en el que Alfonso nació, un 17 de mayo de 1889, siempre leal al régimen de Porfirio Díaz, al grado de que fue nombrado Secretario de Guerra y Marina, puesto que no ocupó por mucho —de 1900 a 1902, cuando regresó al gubernatura neoleonesa— debido a conflictos con el grupo Los Científicos, creados durante la crisis electoral del Porfiriato en 1892.

Cuando Madero asumió la presidencia y en vísperas de la Decena Trágica Reyes proclamó el Plan de la Soledad, desconociendo el gobierno maderista, pero con muy pocos seguidores, por lo que tuvo que rendirse, y fue encarcelado.

Al inicio de la Decena Trágica, el 9 de febrero de 1911, las tropas sublevadas bajo el mando de Gregorio Ruiz y Manuel Mondragón, intentaron liberar tanto a Reyes como a Félix Díaz, pero en el intento el militar fue abatido.

Su cuerpo fue llevado ante Madero en Palacio Nacional y posteriormente sepultado en el Panteón del Tepeyac, y cuando este fue cerrado al público sus restos se llevaron a la Explanada de los Héroes en la Macroplaza de Monterrey. Alfonso Reyes tenía 21 años.

El fin de la creación literaria es iluminar el corazón de todos los hombres, en los que tienen de meramente humano”.
Alfonso Reyes, Ensayista, narrador y poeta.

Inspiración de grandes

En su faceta como diplomático Alfonso Reyes estuvo en España, Argentina, Francia y Brasil pero fue en el segundo donde se relacionó con una élite joven literaria entre los que se encontraban autores como Adolfo Bioy Casares y un joven Jorge Luis Borges, quien en particular “sobre todo le subyugaba el refinado y seductor estilo literario del escritor mexicano”, como escribió Braulio Hornedo en su libro “Reyes el Memorioso”.

Asimismo también conoció ahí a Paul Groussac, de quien Reyes declaró en varias ocasiones que le “enseñó a escribir”.

Gran legado

Con tan solo 19 años, Alfonso Reyes fue además fundador de El Ateneo de la Juventud, un espacio de diálogo y discusión sobre los clásicos entre intelectuales como Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso y José Vasconcelos Calderón, entre otros.

A pesar de que luego de la Decena Trágica vivió fuera del país fue entonces que pasó a ser diplomático y embajador de México hasta 1938; un año después fundaría el Colegio de México, que en aquel momento se llamaba Casa de España en México. También fue catedrático y fundador del Colegio Nacional y Gabriela Mistral lo postuló como candidato para el Premio Nobel de Literatura de 1949, aunque su elección fue obstruida por el movimiento nacionalista mexicano pues Reyes “escribía mucho de los griegos y muy poco de los aztecas”.

Asimismo en 1939 comenzó con la construcción de la casa que albergaría su biblioteca y que actualmente conocemos como Capilla Alfonsina, en la Ciudad de México.