Estración del metro en Nueva York. Foto: Internet
A diferencia de las grandes ciudades europeas, donde el transporte de cercanías suele ser eficiente y se puede acceder al centro con relativa facilidad, los trenes y autobuses en Nueva York destacan, sin embargo, por ser un medio poco fiable.

Si Frans Muller tiene razón, el desastre está asegurado. No acudirá nadie de otros barrios, los restaurantes perderán su clientela y las tiendas tendrán que cerrar. Algunos ya dan por muerto el barrio de Williamsburg, en el distrito neoyorquino de Brooklyn, un bastión hipster de gente mayor que, en opinión de algunos pasará a ser un terreno baldío por culpa de una línea de metro, la línea L, que une la zona con la parte sur de Manhattan.

Cierra por reformas. Y será un cierre total durante año y medio.

"Nadie va a venir aquí porque nadie puede llegar al centro", dijo Muller, un australiano que desde hace seis años vive en Nueva York y trabaja en un restaurante cerca de la estación Bedford Avenue, en el corazón de Williamsburg. Para su sector, la hostelería, pinta un panorama de lo más sombrío. "Será dramático", insiste, justo antes de montarse en el "L Train", que todavía circula. Los trabajos se han anunciado para principios de 2019, pero algunos trabajadores que acuden allí a diario ya dan por muerto el barrio.

La culpa de toda esta debacle es el huracán "Sandy", que en 2012 arrasó la costa este y el Caribe. Y no sólo costó la vida a 180 personas, sin también causó importantes daños en el túnel Canarsie. Después de que "Sandy" llegara a inundar gran parte del túnel, de 11 kilómetros, hay que reparar o sustituir las vías, las agujas, las señales, los cables de electricidad, las luces y los muros. Se trata de unos trabajos que no se pueden evitar, según explica Thomas Prendergast, presidente de la corporación de tráfico MTA.

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A muchas de las 400,000 personas que a diario viajan en la línea L les debería dar igual. Pero unas 225,000 de ellas acuden todos los días con el tren, que cruza el East River, para llegar a Manhattan o a Brooklyn y poder así trabajar, ir de compras, visitar a los amigos o a la familia. "Voy a necesitar tres veces más de tiempo que antes", se lamenta Chin, una diseñadora gráfica que no quiere ver su apellido impreso en los medios. "Será muy desesperante".

A diferencia de las grandes ciudades europeas, donde el transporte de cercanías suele ser eficiente y se puede acceder al centro con relativa facilidad, los trenes y autobuses en Nueva York destacan, sin embargo, por ser un medio poco fiable.

Cambiar a otras líneas cuesta a menudo mucho tiempo, ya sea por la gran afluencia o por los largos trayectos a pie que hay que cubrir. Muchas veces, cambiar de línea sencillamente no es una opción. Chin, de 39 años, ya sabe que ir a pie para ella es a menudo la forma más rápida de llegar.

Personas viajan en un vagón del metro de Nueva York. Foto: Internet

Se estuvieron manejando otras opciones antes de cerrar por completo el túnel. Un cierre parcial con el tráfico que entra y sale de la ciudad en hora punta habría durado tres años, mientras que un cierre sólo los fines de semana habría supuesto prolongar los trabajos de remodelación durante siete años. "Consideramos que lo mejor era hacer el dolor lo más breve posible en lugar de un proceso largo e inestable", explicó Veronique Hakim, presidente del consorcio de transporte NYCT.

Más de un tercio de los afectados también se mostró partidario del cierre completo, según dijo Hakim, tras reunirse con los residentes y ver los comentarios en las redes sociales y los mails.

La idea es que sea breve y lo menos doloroso posible cuando a partir de 2019 y durante 18 meses los neoyorquinos tengan que buscar vías alternativas para ir y volver del trabajo. Se reforzará el transporte público con buses, así como las líneas de metro y también se está ideando un servicio con ferries para poder hacer frente al caos que se avecina. No obstante, habrá que hacinarse más en los ya de por sí congestionados convoyes del transporte suburbano de esta ciudad de millones de habitantes.

Músicos como Marquise Fair, que toca la guitarra en el andén de la Bedford Avenue, se buscarán otra estación donde poder presentar su arte, aunque sea con menos espacio. "Este barrio es importante para muchos artistas", asegura el joven de 24 años, quien se disculpa porque tiene que seguir trabajando. Y entona la famosa melodía de Ben E. Kings "Stand by Me".