Revisión. Hibraim Belmares afirma haber pasado por varios filtros médicos, en China y Houston, para descartar cualquier contagio. MARCO MEDINA
Este es el testimonio de Hibraim Belmares, un saltillense que atestiguó cómo una ciudad del país asiático entró en pánico a causa del coronavirus

Saltillense narra a VANGUARDIA la zozobra que vivió en China, cuando se dio a conocer el coronavirus, un brote de neumonía por el cual se ha declarado emergencia internacional y que, hasta el momento, ha cobrado la vida de al menos 563 personas. Además de registrarse 28 mil 278 casos en distintos países.

Hibraim Belmares, de 33 años, vio cómo una ciudad se fue quedando desolada a causa del pánico y la prevención. Ya en casa, luego de superar varios filtros médicos, reconoce que sintió miedo de no poder regresar a México justo a tiempo. Este es su testimonio.

Él es ingeniero metalúrgico. La compañía para la que trabaja se dedica al arranque de plantas productoras de acero, lo que le ha permitido viajar por más de 11 países en casi 4 años.

Su trabajo más reciente tuvo lugar en Maanshan, ciudad industrial en China, ubicada a 515 kilómetros de Wuhuan, donde surgió el brote de coronavirus y que actualmente se encuentra en cuarentena.

Hibraim llegó a Maanshan el 5 de enero. Luego de 3 semanas le dieron un periodo vacacional de 6 días, con motivo del Año Nuevo Chino, festejado el 25 de enero. Por costos y trámites, su empresa decidió que él y otros compañeros se quedarían en territorio asiático para luego retomar actividades.

Ante esto, el saltillense planeó conocer lugares como la Muralla China, Disney y Shanghái. Pero todo eso se frustró cuando se reveló el impacto del coronavirus.

ESPECIAL

“Sabíamos que había un brote viral en Wuhuan, pero nada más”, dijo Hibraim. Al no entender el idioma chino, las noticias en los medios de comunicación de allá eran una limitante. La primera información que recibió al respecto fue desde México.

Vía WhatsApp sus amigos le preguntaron cómo estaba y lo pusieron al tanto. Fue entonces cuando Hibraim y sus compañeros, entre ellos italianos y croatas, comprendieron la situación.

El 23 de enero se enteraron del cierre de Wuhuan. Al día siguiente supieron que el gobierno chino envió soldados para contener a la gente en aquella ciudad. “Ahí fue cuando nos dimos cuenta de que algo no estaba bien. Hablamos con nuestros compañeros en China y nos dijeron que no saliéramos”, relató Hibraim.

Ante las recomendaciones, él y sus compañeros decidieron no moverse del hotel, el “Wanda Realm Maanshan”. Solo iban a un centro comercial ubicado justo al lado, pero conforme avanzaron los días, cerraron algunos locales. “La gente empezó a entrar en pánico”, dijo el ingeniero metalúrgico.

Luego se anunció el uso obligatorio de cubrebocas. De no hacerlo, se podía imponer una multa o ser llevado directo al hospital.

El pánico también se reflejó en supermercados con la escasez de productos enlatados, “veías que la gente se estaba preparando para algo más”, narró Hibraim.

“Sabíamos que había un brote viral en Wuhuan, pero nada más”
Hibraim Belmares

En el hotel en el que estaban el mexicano y sus compañeros hay un restaurante y entretenimiento, por lo que no era necesario salir.

Sin embargo, para el 27 de enero cerraron las áreas comunes como alberca y gimnasio. Y cada vez que iban a comer al restaurante les revisaban la temperatura. Para entonces ya había menos de 10 huéspedes en todo el hotel.

Mientras esto ocurría, Hibraim gestionaba con su empresa el poder salir del país. En caso de no obtener respuesta, él mismo buscaría opciones para irse.

Durante la espera, el saltillense buscó maneras de no aburrirse. Además de ver Netflix, se compró juguetes de bloques Lego. Uno era de La Pantera Rosa y otro de Bumblebee, se tardó cuatro y tres horas en armarlos, respectivamente.

Los días siguientes se enteró de que varias aerolíneas cancelaron vuelos. Lo que aumentó su urgencia por irse. Finalmente, el 30 de enero logró salir de China. Su compañía le envió el boleto de avión vía electrónica.

PASA FILTROS MÉDICOS

Camino al aeropuerto, Hibraim se topó con dos estaciones de revisión. Policías con traje blanco, gafas de protección y mascarilla, le pidieron que bajara del auto. Le revisaron la temperatura y con lámparas le iluminaron los ojos para checar síntomas. 

El aeropuerto de Nanjing, uno de los más grandes de China, lucía desolado con no más de 200 personas. Ahí, había que pasar por dos filtros médicos antes de abordar el avión. Cámaras térmicas y revisión de síntomas.

Hibraim viajó de China a Japón, en un vuelo con apenas 20 personas. Luego llegó a Houston, donde también tuvo que pasar por una cámara térmica. De ahí a Monterrey.

Cuando recién iba a emprender el viaje de regreso a México, Hibraim se contactó por correo electrónico con la Secretaría de Salud y la embajada de México en China, para conocer el protocolo. Sin embargo, platicó que no le dieron indicaciones exactas.

Aún así, él siguió utilizando cubrebocas y tomando medidas preventivas. Llegando a Saltillo se aisló por cinco días.

Tras la experiencia, Hibraim envió un mensaje a todos aquellos que no han podido salir de China, “solamente buena vibra, que todo salga bien. Sí está crítica la situación. Pero que le echen ganas, no se puede hacer nada. Literalmente orar por ellos y que les vaya bien”, finalizó el saltillense, quien está a la espera de cuál será su siguiente destino laboral.

 

Entérese

Hibraim Belmares, de 33 años, es un ingeniero metalúrgico enviado a trabajar a China por la empresa en la que labora.

Fue hasta el 30 de enero que logró salir del país asiático.

A su llegada a Saltillo, se aisló por cinco días