La Máquina mostró desconfianza desde la primera parte del encuentro

PACHUCA, Hgo.- De doce puntos posible, Robert Dante Siboldi ha ganado sólo tres, tres empates y una derrota. Pobrísima productividad, Liguilla casi perdida y hay quien ya dice.

¿Dónde está Pedro Caixinha? O mejor dicho… ¿Dónde está Ricardo Peláez? Victoria de Pachuca 2-0 sobre la Máquina.

Una semana perfecta para los de Martín Palermo, tres juegos, nueve puntos y ya se puso en zona de finales. Sí, con Siboldi, Cruz Azul cambió. Ya no es ese equipo que espera a lo que haga el rival; ya no es ese equipo que prefiere jugar lateral, ahora es vertical.

Pero sigue adoleciendo de algo que no le han podido quitar Luis Fernando Tena, Enrique Meza, Guillermo Vázquez, Sergio Bueno, Francisco Jémez, Joaquín Moreno y el mismo Pedro Caixinha.

El miedo. La desconfianza. Eso mostró la Máquina en la primera parte. Cruz Azul es un equipo que tiene uno de los mejores planteles del futbol mexicano, pero tiene miedo a demostrarlo.

En defensa Pablo Aguilar desconfía de sus compañeros, por eso no salió a atacar a Víctor Guzmán, quien le hizo la faena para meter el 1-0 (28').

En medio campo, Elías Hernández tiene miedo a desgastarse por el fuerte sol que caía sobre el estadio de Pachuca, por eso a los 20 minutos ya no le metía a fondo. Jonathan Rodríguez desconfía si ponerse como extremo o segundo delantero, por eso cuando remata a portería, la pelota va al poste.

Pachuca se ve como un equipo sólido, que gira en base al veterano Rubens Sambueza, puesto nominalmente como segundo contención, pero con libertad de estar por toda la cancha, y hacer lo que quiera…

Hasta seguir enojándose con los árbitros. En la segunda parte Cruz Azul fue más, fue así porque lo quiso Pachuca. Los Tuzos jugaron a la defensa heroica, a no dejarse anotar, a amontonar hombres en su área, y ante la falta de creatividad y confianza de los azules, lo que llegó no fue el empate, sino el segundo pachuqueño obra de Franco Jara (84').

Cruz Azul tiene miedo, desconfianza. Y para muestra el último balón del juego, en el que Caraglio voló el tiro de penalti. Y lo peor es que ahí viene su fantasma, el América.