El asombro

+ Seguir en Seguir en Google
Artes
/ 9 noviembre 2020

 A las hechiceras


Ella escondía pedazos piedras brillantes debajo de la almohada, trozos de madera en el refrigerador, huevos de canario en el alhajero, rosas en el cajón de ropa interior.

Era su manera de seguir asombrándose. Su método. Su cura. Su manera de recordar qué precioso es el mundo. Incluso en tiempos de pandemia. Incluso en tiempos de aislamiento.

Y los objetos se incrementaban. Aquello era, como los poetas dicen, el más extenso desarreglo de los sentidos. Una lombriz seca que encontró intentando ingresar a su casa aquella temporada de lluvia, y quedó allí, deshidratada en su avance, está ahora sobre un esquinero junto a un panal que igualmente, se había hallado en el jardín de ingreso a su casa. Sí, también estaba junto a la hoja de encino canadiense y a la hoja de maple.

Tenía frascos de arena de sitios remotos, botellas de agua que le trajeron de Alaska —esta era tan pequeña que ya se había evaporado— y quedaba el pequeño frasco de cristal como recuerdo. Otra era de Islandia. La había probado y era salada en demasía. Pues allí estaba sumando.

Su casa estaba llena de esencias, objetos, cosas y seres que le recordaran su matrimonio con el mundo.
Un pedazo de hueso del cabrito que como platillo le habían obsequiado la semana pasada, se encontraba secándose en la ventada de la cocina que recibe los primeros rayos de sol, junto a las semillas de tomate y de limón amarillo. Esperaba a ser pintada con oro líquido.

—Las rosas deberían nacer adentro de la casa, dijo. Y se olvidó rápido de esto, pues ya se ocupó.
Ahora se encontraba cavando un hueco en el jardín. Cuando llegó al fondo, el hueco topó curiosamente con su recámara.

—Esto es absolutamente espléndido, exclamó.

Entonces, con alegría se fue a la cama y comenzó cavar otro hueco que dio hacia su vientre. Allí estaba ella en una acción imposible para la razón, excavando toda la mañana. Como era de esperarse llegó a un paisaje de agua. El cielo amplio y acerado, la tomó de la mano y la llevó a contemplar unas rocas.  Allí estaban los dos, mirando extasiados cómo las rocas no sólo andaban caminando, sino que jugaban a lanzar esferas de oxígeno entre risas.

Así estuvieron ella y el cielo, sobra escribir, enamorados.

En contemplación, en silencio, en el asombro, toda la tarde, si es que le agregamos temporalidad a la escena.

No hay más qué decir.

 

claudiadesierto@gmail.com

Nacida en Monclova, Coahuila. México, en Junio 3 de 1969. Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Maestra en Historia de la Sociedad Contemporánea. Doctora en Ciencias y Humanidades para el Desarrollo Interdisciplinario. Ha publicado entre otros, “Los frutos del sol“ (Castillo MacMillan 2005) libro infantil y poemarios entre los que figuran Casa de sol (FECA-CONACULTA 1995), “Ruido de hormigas“ (Gatsby Ediciones, 2005), Carne para las flores, antología personal (Aullido libros, España 2011), Las flores desenfundan sus espinas, antología personal (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2013) y “Donde la piel“ (Mantis Editores/CONARTE, 2019). Aparece en “Anuario de poesía mexicana“ (Fondo de Cultura Económica, 2006).

Obtuvo el primer lugar en fotografía Coahuila luz y forma 2003. En poesía, recibió beca del FONCA, estímulos como joven creadora y como creadora con trayectoria del FECA y del PECDA en varias ocasiones. Fue becaria FORCA-Noreste 2011-2012, en Lima, Perú donde impartió talleres sobre poesía objetual. Como invitada de honor del Festival Internacional de Teatro Tánger 2013 en Marruecos, se leyó su poesía traducida al árabe. Parte de su trabajo también tiene versiones en inglés, alemán, portugués y francés. Entre las revistas en las que ha publicado, destacan el número inaugural de la revista de poesía contemporánea de Valencia “21veintiúnversos“, ( octubre de (2015), y “Lichtungen“ (noviembre de 2016) en el apartado “Literatura del norte de México“, en el que sus poemas fueron traducidos por Christoph Janacs.

Fotografías medio ambientales, video poemas y atmósferas sonoras fueron exhibidos en la Galería Mohammed Drissi de Tánger (Julio-agosto 2021). Participó en la muestra de arte coahuilense titulada Segar el mar, dentro del 49 Festival Cervantino. Parte de su trabajo se encuentra en el portal virtual www.thenatureofcities.com, al lado de artistas medio ambientales del mundo. Actualmente es Directora de Divulgación Científica en el Museo del Desierto.

Selección de los editores