En Coahuila las manifestaciones de la fe y los hechos del estado se entrecruzan. / Foto: Alejandro Pérez Cervantes.
Desde hace algunos años, durante la semana mayor, la administración estatal ha promovido con gran despliegue de recursos y -a través de su Secretaría de Cultura- La Procesión del Silencio en Viesca, una celebración de marcado carácter religioso, amparado este despliegue institucional en un seudo interés turístico, pero ¿Hasta dónde esto es coherente y hasta dónde es legítimo?


Este año tampoco fue la excepción.
El Gobierno del Estado de Coahuila parece olvidar, ignorar u omitir que en México hubo una Guerra de Reforma de 1857 a 1861 con el fin de separar a la Iglesia del poder del Estado. Y que en el primer año de esta guerra se creó nuestra primera Constitución, de marcado carácter laico.
Y que ésta sería refrendada en 1917 -promulgada no de manera gratuita un 5 de febrero, día de San Felipe de Jesús- por su multicelebrado prócer Venustiano Carranza.
Se les olvida  también a los fervorosos promotores de estos eventos que quien se atrevió a aplicar estas leyes de manera literal fue el fundador de su partido, Plutarco Elías Calles, que junto con la intransigencia de la iglesia católica mexicana de entonces desataron una guerra religiosa con decenas de miles de muertos -algunos historiadores hablan de más de cien mil- entre 1926 y 1929
(Sin contar la “Segunda” o “El Rescoldo”, a principios del gobierno de Cárdenas).

Promocional. / Foto: Facebook.

La sana distancia

No se tome este cuestionamiento como una censura a las creencias de un amplio sector de la población, mucho menos una amonestación al libre ejercicio de la fe: el cuestionamiento de fondo es con la tentativa gubernamental de patrocinar, divulgar, facilitar y solventar eventos de carácter religioso con recursos públicos. No imagino a ningún ciudadano de Coahuila pagando sus  impuestos para luego percibir impasible cómo éstos se derrochan en ritos medievales, bajo el sobado argumento de “la derrama económica”. Por su perfil, su misión y sus obvias encomiendas, al final no resulta lógico ni justificable que una secretaría de cultura o de turismo tenga por qué patrocinar o coordinar eventos de esta naturaleza.

Promocional del año pasado. / Foto: Facebook.

La abierta promoción en redes y espacios en medios privados audiovisuales, -propaganda pagada con recursos públicos- renta de transporte gratuito para miles de feligreses y un despliegue de carácter logístico para dicho evento violenta claramente el estado laico y el Artículo 130 de nuestra Constitución. ¿Desde cuándo y por qué le interesa al Gobierno el proselitismo religioso? ¿Se busca acaso transitar de éste a otros tipos de proselitismo?
Incluso, hubo días de la Semana Mayor en que las redes sociales de la SEC parecían la página oficial de la diócesis de Saltillo. Es más, ni ésta promovió con tanta insistencia ni recursos dicha procesión.

El via crucis del Ojo de Agua es el más tradicional y emotivo. / Foto: Alejandro Pérez Cervantes.

Contrastes

Uno de los argumentos para apoyar este tipo de manifestaciones desde la esfera gubernamental es su carácter de tradición (¿desde cuándo?) y la gran afluencia de fieles al evento. Algunas cifras aseguraron incluso un aforo de más de 12 mil personas, con la consiguiente derrama de recursos hacia uno de los municipios más rezagados del estado, que busca aprovechar su reciente estatus como Pueblo Mágico. Como siempre –en este y otros asuntos- no hay posicionamientos claros. Se juega a la ambigüedad, al rumor y al sobreentendido.  No hay posturas oficiales que justifiquen y den cuenta de por qué las cosas son como son. Así, las razones detrás de las decisiones gubernamentales siempre quedan en un limbo de especulación: en el mito de los compadrazgos, los intereses privados al amparo de las obras públicas, explicaciones a la sombra de la mitología sobre la disputa Saltillo-Torreón, en una micro geopolítica de recompensa y castigo, etcétera.
Pero, si realmente se tratara de apoyar las genuinas manifestaciones de verdadero carácter popular y probado arraigo en Coahuila ¿Por qué no se apoya con el mismo despliegue, recursos, publicidad y fervor el Via Crucis del tradicional barrio del Ojo de Agua? Las razones están a la vista y  las hay de sobra: la parroquia está vinculada íntimamente a la fundación de Saltillo y los manantiales que nos dan nombre, identidad y pertenencia. En términos históricos, el Via Crucis del Ojo de Agua conlleva una tradición de décadas. En razones prácticas –sin publicidad oficial de por medio- es el más concurrido: 15 mil almas. Sus artífices: un tan modesto como fervoroso grupo de actores y fieles de la Parroquia.
Sí, la religión y la fe también pueden ser manifestaciones de una cultura, de una identidad.
No por nada el propio término “cultura” deriva de cultivo: lo que se siembra, lo que se cuida, lo que se procura y se consume.
Defendamos las genuinas manifestaciones de cualquiera que sea nuestra fe.
Conozcámoslas y preservémoslas, pero también –sobre todo– exijamos el laicismo de las instituciones, la separación Iglesia-Estado y el respeto a las leyes que –se supone– nos rigen.

 

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