Por lo menos de manera oficial, Josefa González Blanco no dimitió como secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), por la contingencia climática en la Ciudad de México y zonas conurbadas; tampoco por la falta de un certificado de impacto ambiental para construir el Tren Maya en la península de Yucatán; no renunció tampoco por la inminente extinción de la vaquita marina en el Golfo de California… vaya no se separó de esa secretaría de Estado por fallas en asuntos de su competencia.

¿Entonces? La titular de Semarnat, cuyo nombre muchos mexicanos escucharon entre ayer y hoy por vez primera, tras casi seis meses de asumir el cargo, dimitió la tarde de ayer sábado luego de que se difundió que un día antes ordenó retrasar 40 minutos el despegue de un avión de Aeroméxico, que cubría la ruta Ciudad de México-Mexicali, para que la funcionaria pudiera abordar la aeronave.

Otro aspecto que llama la atención de la renuncia de González Blanco este fin de semana, es la prontitud con que se aceptó la petición, cuando se ha señalado repetidamente -por parte de fuentes diversas- que otros colaboradores del Jefe del Ejecutivo Federal intentaron separarse del servicio público, pero el presidente Andrés Manuel López Obrador no lo permitió.

Pese a ello, en menos de una semana, la de González es la segunda dimisión de un alto cargo del Gobierno Federal, después de que Germán Martínez, dejó la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social, por supuestas injerencias de la Secretaría de Hacienda en el IMSS.

Cuando se anunció la renuncia del Senador con licencia y también exlíder nacional del PAN, AMLO advirtió después de esa habría otras separaciones de su administración.

Y más pronto que tarde el Presidente mismo sugirió a González Blanco que renunciara; al menos eso fue lo que declaró de gira en Querétaro: 

“Yo le recomendé que era lo mejor para ella (la renuncia) y para todos. Por encima de intereses personales, de interés de grupo, está el interés general. Nosotros, repito, no tenemos derecho a fallarle al pueblo y por eso se aceptó la renuncia de Josefa (González Blanco)”, explicó.

No debe pasarse por alto que la exfuncionaria reconoce que su error fue que, al iniciar una gira de trabajo, causó un retraso a los pasajeros y a la tripulación del avión sin justificación.

Vale recordar que en lo que va del actual Gobierno, los viajes presidenciales y de funcionarios de primer nivel han dejado de ser vuelos comunes y corrientes por la presencia de los servidores públicos.

“No podemos ser tolerantes con actos de prepotencia”, dijo López Obrador sobre el caso de la extitular de Semarnat. “Tenemos que actuar con rectitud: cero corrupción, cero influyentismo, cero nepotismo. Ninguna de esas lacras en política”.

Si en verdad se van a acabar los privilegios de la burocracia del País, enhorabuena. Pero que no usen actos como el retraso de un vuelo comercial como el pretexto para ajustar al equipo de AMLO que, a unos días de cumplir medio año de gestión, sigue sin arrancar del todo.