Conocer las leyendas de un pueblo es conocer en gran parte su cultura, pues en las leyendas pueden observarse los intereses, el folclor, los valores o incluso los miedos del grupo de personas que las comparten. En México, esta tradición vocal desciende desde la época prehispánica.

Las leyendas mexicanas son anécdotas folclóricas de tradición oral que se transmiten de voz en voz, por lo que no cuentan con un autor específico. Se tratan de historias sobre sucesos naturales o sobrenaturales que nacieron en épocas y lugares reales, brindando así verosimilitud a los relatos.

Conocer las leyendas de un pueblo es conocer en gran parte su cultura, pues en las leyendas pueden observarse los intereses, el folclor, los valores o incluso los miedos del grupo de personas que las comparten. En México, esta tradición vocal desciende desde la época prehispánica.

En esa época el relato oral era el método preferido para compartir el conocimiento sobre la historia y el origen de algunas tradiciones. En cambio, durante la época virreinal —con la llegada del catolicismo— comenzó la tradición de las leyendas sobre milagros o espectros de ultratumba.

Aquí te presentamos las 10 leyendas más escalofriantes de México:

La Llorona (Todo México)

Se cuenta que La Llorona es una mujer que deambula por las calles de varios estados del país en busca de sus hijos, a los que ella misma asesinó, enloquecida, durante una noche. Dicen que aparece en lugares por donde alguna vez pasó un río. También se dice que es una mujer muy bella vestida de blanco. Otros mencionan que sólo se alcanza a ver su silueta, que flota. En lo único que coinciden es que siempre que se deja ver se escucha un largo y aterrador grito: «¡Ay, mis hijos!».

Sobre el origen de esta leyenda hay varias versiones: una es la colonial, la cual se basa en las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, quien participó en la conquista del Imperio mexica. Se cuenta que una mujer de origen indígena era amante de un caballero español y, cuando ella le pidió formalizar la relación, él se negó porque pertenecía a la alta sociedad. Este hecho desató la tragedia por la que su alma deambularía en pena.

Cuentan que esa noche la mujer despertó a sus pequeños hijos –un niño y una niña–, tomó un puñal y los llevó al río, el cual se encontraba muy cerca de su casa. Estando ahí, ciega por el coraje, los apuñaló varias veces hasta que los dejó sin vida.

Minutos después reaccionó y, al darse cuenta de lo que había hecho, corrió desesperada por el río y emitió el escalofriante grito por el que la identificamos.

La Taconera (Coahuila)

Las tradiciones familiares mexicanas son estrictas. Una regla no escrita obligaba a por lo menos una de las hijas a quedarse junto a los padres en su vejez.
Ese era quizá el caso de "La Taconera", quien habiendo ya alcanzado una edad madura, permanecía junto a su madre, quien rondaba los 90 años, por su delicado estado de salud.

Nadie recuerda el nombre de aquella dama, que según la leyenda que recorre aún las calles del Centro Histórico, vivió en una modesta casa de la calle del Camposanto (hoy Juárez).

No tuvo nunca un prometido, pero por el día en el pueblo se murmuraba sobre lo que se escuchaba de noche: sus tacones, bajando la calle entera hasta donde terminaba el cuadro urbano y comenzaban los establos y algunas casas de adobe detrás del Ateneo Fuente.

Se decía que engalanada acudía hasta allí para visitar al hombre con quien sostenía un romance. Las calles en absoluto sosiego al caer la noche amplificaban el sonido de sus pasos. "Ahí va La Taconera", solían decir las vecinas que alcanzaban a escucharla en su diario recorrido nocturno.

Su madre sufría por las habladurías. Algunos vecinos estaban seguros de que su hija la descuidaba, olvidándose a veces incluso de alimentarla, por lo que le recriminaban su irresponsabilidad.

Una noche, al regresar de su encuentro romántico, la joven encontró muerta a la anciana. Lo grave -sobre todo para la época- fue que la muerte la sorprendiera en absoluta soledad, sin ningún familiar a quien dar una  última bendición y sin un sacerdote que diera soporte espiritual a sus últimos momentos.

Y esa fue la causa de la gran culpa que pesó sobre la joven. No volvió a salir por las noches en busca de su amado. Cuentan que el arrepentimiento no la dejó vivir más y finalmente murió de pena.

Meses después los vecinos del barrio volvieron a saber de ella.
Muchos aseguraban ver su silueta esfumarse en el mismo recorrido que hacía para llegar a la casa de su amado. Otros afirmaban escuchar por las noches el paso marcado de sus tacones.

Los testimonios abundan a lo largo de todo el camino que tantas noches siguiera "La Taconera": de la calle del Camposanto al poniente, doblando en la calle del Reloj (hoy Bravo), hacia el norte por Hidalgo, hasta el campo del Ateneo.

Quienes intentaban seguir el sonido de sus tacones no los alcanzaban nunca. Y aun más curiosa es la afirmación popular de que quienes caminan en sentido contrario no escuchan nada.

Más de 70 años han transcurrido, pero aún hoy, vecinos de las calles Juárez y Bravo, aseguran escuchar por la madrugada el misterioso taconeo.

La casa de Arramberri (Monterrey)

Conocida como una de las casas más embrujadas de México, la propiedad de la calle José Silvestre Aramberri hoy se ha transformado en un sitio en ruinas al que pocos se atreven a entrar. Décadas atrás se la conocía como la residencia de los Lozano Montemayor, una familia acomodada y con la mejor reputación en la ciudad.

Pero el 5 de abril de 1933, ocurrió un hecho espantoso entre las paredes que conmocionaría a la sociedad del estado. El señor Lozano Montemayor volvía del trabajo para saludar a su esposa y su hija, cuando se encontró con sus cuerpos sin vida, en medio de un charco de sangre. Su familia había sido asesinada mientras él estaba ausente.

Cuando las autoridades se presentaron para investigar el caso, concluyeron que el crimen había sido cometido por alguien a quien conocían. La puerta no había sido forzada. De pronto, el loro de la familia vio a los policías y se puso a gritar como loco:

—¡No me mates, Gabriel! ¡No me mates, Gabriel!

Al darse cuenta de que el animal había sido testigo, los oficiales comenzaron la búsqueda de una persona cercana a los Lozano Montemayor que respondiera a ese nombre. El culpable resultó ser Gabriel, sobrino de la señora Florinda de Lozano, quien confesó haber matado a su tía y su pequeña prima junto con dos secuaces, para robar un cofre lleno de monedas de plata y joyas.

La casa de Arramberi fue abandonada tras los espeluznantes sucesos.

Cuentan los vecinos que en la planta baja de la mansión, se puede ver la pintura de una mujer desfigurada. Se dice que es el alma de Florinda, que sigue deambulando por ahí.

El árbol del vampiro (Jalisco)

La historia cuenta que en la Guadalajara colonial llegó un hombre muy rico llamado Jorge, proveniente de Europa, quien todas las noches salía vestido de negro y con una actitud misteriosa.

Cada que salía aparecían animales muertos, pero éstos se empezaron a convertir en humanos. La gente asustada decidió salir en busca del causante, cuando, cerca del Panteón de Belén, escucharon gritos. Era Don Jorge, atacando con la boca el cuello de un hombre.

La gente lo persiguió, pero él logró huir, así que el cura de Guadalajara lo fue a buscar a su hacienda, para hacerle un exorcismo.

El Vampiro juró vengarse de todos, pero alguien le clavó una estaca en el pecho y murió.

Al morir, lo enterraron en el mismo Panteón de Belén. Pero lo extraño sucedió cuando un árbol empezó a crecer justo por encima de la lápida de Don Jorge, misma que se rompió.

La leyenda dice que el día que el árbol sea derrumbado o que las raíces rompan por completo la lápida, Don Jorge, el vampiro, regresará a llevar a cabo su venganza.

El callejón del Diablo (CDMX)

Ubicado en la colonia Insurgentes-Mixcoac, el angosto Callejón del Diablo tiene muchas leyendas que giran a su alrededor, desde la aparición de Satanás en la noche hasta sombras raras que se reflejando en el lugar acompañadas de ruidos extraños. ¿Cuál es la leyenda más conocida?

Según lo indican algunas crónicas viejas, el desconcertante nombre de la calle proviene de las habladurías de la gente del barrio que en otra época aseguraban haber visto en este estrecho callejón al mismísimo Lucifer deambular por sus rincones.

De entre los pocos valientes que lo llegaron a atravesar, había un borracho que distraído por su estado, decidió tomar el Callejón del Diablo como atajo. Tras adentrarse, a unos metros detectó a un personaje recargado en un helecho, y aunque en un principio parecía una persona normal, de pronto un misterioso destello de luz cayó sobre la arteria y develó el terrorífico semblante de la criatura. Al contemplar la imagen, el ebrio intentó correr, pero sus pies se quedaron pegados al piso hasta que la terrorífica visión se desvaneció.

Aparte no es lo único que se ha escuchado, otra leyenda cuenta que un día apareció el cuerpo de un usurero llamado Julio. Este hombre había pasado su vida persiguiendo personas para cobrarles deudas y de acuerdo a los rumores, su muerte se debió a un altercado que tuvo con el mismo diablo que lo estaba castigando por su horrible comportamiento.

La piedra negra (Zacatecas)

Cuenta la leyenda que allá por los años 80´s un par de jóvenes ambiciosos de nombre Misael Galán y Gildardo Higinio salieron en búsqueda de riquezas y tesoros, pues sabían que entre los montes del estado de Zacatecas había muchas minas, y pensaban que en alguna de ellas encontrarían el oro que los haría millonarios.

Muchos fueron los días que pasaron buscando lo que los sacaría de pobres, y fue hasta que llegaron a un monte en las limitaciones entre Vetagrande y la capital de Zacatecas que se adentraron en una cueva en donde encontraron una gran piedra negra brillosa la cual pensaron era muy valiosa.

Los amigos escarbaron hasta lograr sacarla de la tierra en donde se encontraba enterrada y habían acordado llevarla con ellos para después romperla, repartirla y venderla.

Los rumores de lo que habían encontrado se propagaron rápidamente y ya la gente los esperaba ansiosos por saber qué era lo que habían encontrado.

Pasaron algunos días y los muchachos no llegaban, por lo que algunas personas decidieron salir a buscarlos, pero cuál fue su sorpresa que  afuera de la cueva los encontraron muertos y con grandes heridas de riña.

Decidieron llevarlos a velar al pueblo mientras que una persona quedó al cuidado de la piedra negra que habían encontrado. La persona asignada para el resguardo de la piedra a los pocos días se volvió violenta, al punto de llegar a golpear y matar a su esposa para después terminar suicidándose él.

Algunos pobladores atribuyeron la conducta de estas 3 personas a la cercanía que habían tenido con la piedra, al grado de que ya nadie quería acercarse y optaron por dar aviso al sacerdote del pueblo y decidieron llevarla a un lugar secreto y alejado.

De acuerdo a algunos lugareños, la piedra negra se encuentra en la Catedral de Zacatecas, muy cerca de la campana chica y cuenta la leyenda que si alguien intenta acercarse, el repiqueteo de dicho objeto suena en señal de alerta.

Una mujer de blanco en El Salto (Michoacán)

Cuentan que en la cascada conocida como El Salto, en ciertas noches de luna, han visto a una mujer vestida de blanco que se aparece de manera misteriosa. Dicen que es una mujer solitaria, muy hermosa, de larga cabellera color negro azabache que contrasta con lo blanco de su ropa y de su tez. Ella anda sigilosamente por la orilla del río, y más que caminar parece que levita y jamás ha dejado una huella en el lodo. Según la mayoría de las versiones, no se trata de “La Llorona“, aunque otras afirman que si porque la han escuchado llorar, a pesar de que su llanto se confunde con el estruendo de la caída del agua.

Se dice que algunas personas que han visto a esta aparición fantasmal, han caído enfermas por el susto. Por ejemplo, una tarde fueron unos amigos a nadar a la cascada, y estuvieron allí hasta que se hizo de noche. Como había luna llena, decidieron quedarse más tiempo, disfrutando del rumor de la cascada y el ambiente nocturno. De pronto, vieron que una mujer solitaria se aproximó a la cascada.


Se les hizo raro, pero también se emocionaron, pues pensaron que podrían espiarla mientras se bañaba. Sin embargo, todos sintieron un temor inexplicable y peor cuando uno de ellos le dijo un piropo a la mujer y ésta volteó a mirarlos. No le vieron el rostro, pero ella pegó un chillido infernal. Los muchachos se fueron corriendo, despavoridos, y por el susto se enfermaron. Dejaron de comer y no podían dormir debido a las pesadillas. Gracias a que la mamá de uno de ellos consiguió una curandera, quien a todos les dio “una barrida”, se curaron. Desde entonces, ninguno ha vuelto a la cascada de noche.

La leyenda de los Aluxes (Yucatán)

Cuenta la leyenda que… “en las noches cuando los hombres se entregan al sueño hay criaturas que salen al mundo. Los Aluxes brotan a la luz de la luna. Pocas personas los ven, porque son ágiles, ligeros y traviesos. Su vida es un continuo jugar. Les gusta chapotear en las aguas, siempre están sonrientes y con ganas de desconcertar a los humanos. Por las noches, cuando todos duermen, ellos dejan sus escondites y recorren los campos; son seres de estatura baja, muy niños, pequeños, pequeñitos, que suben, bajan, tiran piedras, hacen maldades, se roban el fuego y molestan con sus pisadas y juegos.

Cuando el humano despierta y trata de salir, ellos se alejan. Pero cuando el fuego es vivo y chispea, ellos le forman rueda y bailan alrededor; un pequeño ruido les hace huir y esconderse, para salir luego y alborotar más. No son seres malos. Si se les trata bien. Los Aluxes del Maya ALUX son Duendes traviesos que deambulan por milpas y montes después de la puesta del sol. Calzan alpargatas y portan sombrero, presentando los rasgos de un niño indígena de tres a cuatro años, viven en las cuevas y grutas con sus perritos de barro, a veces se les oye tocar sus instrumentos que son algo así como trompetas, también de barro.

Generalmente son inofensivos pero si llegan a molestarse con algún ser humano pueden enviarle un aire enfermante que produce escalofríos y calentura, estos duendes diminutos y traviesos provocan tolvaneras, remolinos, gritos raros y otros fenómenos, cuando se enojan al escuchar blasfemias y groserías provenientes de la gente que deambula en sus cercanías. Si de casualidad topan con gente empiezan a molestar con travesuras, tiran piedras y esconden pequeños objetos. Con sus risas descontrolan la serenidad y si se asustan, son capaces de armar una algarabía mayúscula”.

El Callejón del Muerto (Puebla)

En una noche lluviosa de 1785, Anastasio Priego, el propietario de una antigua hostería del barrio de Analco corría a toda velocidad por las calles de la ciudad en busca de Doña Simonita, una partera que podría atender a su mujer y recibir a su hijo.

Justo en el callejón de Yllescas (en la 12 Sur, entre 3 y 5 Oriente) un asaltante trató de quitarle todas las pertenencias a Don Anastasio, quien en defensa propia mató al maleante y dejó el cuerpo a mitad del callejón. Vecinos del lugar aseguran que el espíritu del muerto se aparece ahí mismo, asustando a los transeúntes.

Años después, en otra noche lluviosa del mismo día del año, el padre Panchito estaba por cerrar la iglesia de Analco cuando apareció un hombre desesperado por recibir confesión. El padre aceptó escucharle y quedó sorprendido al descubrir que estaba confesando al difunto del callejón, quien se arrepentía de todos los asaltos que había cometido. Una vez que recibió la absolución de sus pecados la figura del hombre se desvaneció ante los ojos del sacerdote.

El antiguo convento de monjas (Sonora)

Hay historias que te ponen los pelos de punta y otras dificiles de creer, Sonora no podía faltar en tener sus propios mitos y leyendas que han marcado la vida de algunos y lugares por ello.

Cada ciudad y municipio en Sonora tiene una historia distintiva, la cual todo mundo en la región se sabe y te cuenta, esta vez tocará el turno a una historia que estremece a la capital sonorense.

Si eres de las personas que se asusta facilmente mejor no sigas leyendo porque estas historias realmente son tenebrosas y no te dejarán dormir.

Historia

Cuenta la leyenda que por la calle Serdán, la cual en la actualidad es muy transitada por el día tanto por carros como por personas caminando, pero al caer la noche todo aquel que necesite cruzar por la zona lo evita a toda costa a menos que sea necesario.

Si así lo hacen, pasan muy rápido y con miedo en las entrañas, debido a que las noches en esa zona de silencio se rompe para llenarse de sonidos extraños y se puede observar a personas caminando de un lado a otro.

En su mayoría son embarazadas que caminan pero sin tocar el suelo; y esto debido a que se cuenta que cuando la ciudad comenzó a construirse a mediados del siglo pasado, uno de los primeros edificios en construirse fue un Convento de monjas.

Ahí se recibían en su mayoría a mujeres embarazadas, quienes se ocultaban para que su estado de gestación no fuera descubierto por la sociedad y ser denigradas con un niño no deseado, en donde algunas llegaban a convertise en monjas y otras simplemente desaparecían sin rastro.

Con el paso del tiempo, en una de las diversas remodelaciones que sufrió la ciudad y después de que el convento dejó de funcionar, se dedició en remodelar dicho edificio y por ende se derribaron varias paredes muy gruesas; encontrando para sorpresa entre ellas osamentas de recien nacidos y esqueletos de mujeres.

Tras ese hallazgo, la gente comenzó a especular que esos bebés encontrados eran aquellos que las monjas trataron de esconder para que nunca pudiesen saber de ellos al igual que los cuerpos de las mujeres, quienes morían en los partos teniendo el mismo final.

Por ello es que el ambiente extraño que se siente al pasar por la calle Serdán se dice que es por aquellas ánimas de mujeres que murieron en el convento situado en esa misma dirección, de ahí que se escuchen gritos, lamentos y hasta llantos de bebés que habrían quedado atrapados entre las paredes del recinto.

En la actualidad esa zona sirve de oficinas del Instituto Nacional de Educación para los Adultos, alberga un banco y el Instituto Soria.