Tristeza. La soledad llena el domicilio donde vivió la pequeña Joana. / Marco Medina
"Nosotros no entendemos por qué lo hizo, no tenía problemas, su papá la quería mucho y la encontró porque siempre llegaba jugando con ella”, comentó una de sus primas

En la familia de Joana Alejandra, nadie jamás se percató de sus ganas de morir; era una niña alegre que a diario se veía jugando en su casa y alrededores, llena de amigos, sin ningún problema aparente.

Su pequeño cuerpo fue velado al día de ayer en la Funeraria Villanueva Fernández, ahí estuvieron todo el tiempo sus padres. Marýa y Reyes no expresaron dolor, pues no asimilaban la perdida; sus familiares también estaban en shock.

Los compañeros de clase de la Secundaria Técnica 81 acudieron a darle el ultimo adiós a la amiga que siempre tenia una sonrisa para ellos, la que se divertía a diario.

“Estaban muy tristes; nosotros no entendemos por qué lo hizo, no tenía problemas, su papá la quería mucho y la encontró porque siempre llegaba jugando con ella”, comentó una de sus primas, que pidió quedar en el anonimato.

Recientemente Joana y sus padres habían cambiado de domicilio, de vivir por años en Saltillo, llegaron a la colonia Analco en Ramos Arizpe, sin saber que en la casa donde habitaban en la calle Tula, se generaría el dolor más grande de sus vidas.

Sus restos fueron llevados al cementerio Jardín de los Pinos, donde se les dio cristiana sepultura, ahí sus padres y demás familiares pidieron por su descanso eterno.