Stephanie Grisham es la directora de Comunicación y a ella se le atribuyen ciertas salidas airosas dentro del círculo del presidente.

Los trabajadores de la Casa Blanca se agrupan en categorías de longevidad. Un ejemplo es el club “9 de noviembre”, el apodo para aquellos que se unieron después de que Trump ganara las elecciones.

Pocos en la Casa Blanca tienen una historia como la de Stephanie Grisham.

Durante casi dos años, se ha desempeñado como directora de Comunicaciones de la primera dama Melania Trump y se ha convertido en una de las figuras más poderosas en la inestable Casa Blanca de Trump. En el verano del 2015 Grisham, una ferviente republicana, era apenas una humilde redactora en la campaña de Trump y más tarde caería rendida ante el entonces candidato.

El papel de Grisham ha llamado la atención por sus declaraciones mordaces dirigidas a aquellos que han mantenido roces con Melania Trump y su esposo. Cuando Trump atacó en Twitter a la presentadora de televisión, Mika Brzezinski, a la que llamó “loca” y de la que se burló de su aspecto al decir que “sangró profusamente por un estiramiento facial”, Grisham no dudó en justificar las declaraciones del presidente y en nombre de Melania Trump declaró: “como ha dicho la primera dama en el pasado, cuando su marido es atacado, responderá al golpe 10 veces más fuerte”.

Aliada Incuestionable

Cuando la primera esposa de Donald Trump, Ivana, se autonombró la “primera esposa Trump” y, por lo tanto, “la primera dama” mientras promocionaba el libro Raising Trump el año pasado, Grisham llamó a Ivana “buscadora de atención y egoísta”. Grisham incluso se enredó en una discusión en Twitter con Issa Rae después de que la actriz dijera en una entrevista que cancelaría su programa Insecure si llegara a enterarse que la primera dama era seguidora del mismo.

El círculo cercano al presidente y a la primera dama perciben la relación entre Trump y Grisham basada en la protección y la confianza mutuas.

A ella le otorgan el mérito de que el escándalo de Stormy Daniels —la actriz porno que detalló publicamente su relación sexual con el presidente— no haya enviado a Melania al foso eterno de la humillación y se haya logrado reconvertir en una imagen positiva de la primera dama, digna y estoica en su posición.

Los empleados de la Casa Blanca han aprendido que Grisham no es alguien con quien deban meterse. Durante el primer viaje oficial de la primera dama a África en octubre pasado, la asesora adjunta de Seguridad nacional, Mira Ricardel, se enfrentó con miembros del personal de Melania. A su regreso, Grisham y el jefe de Personal de la primera dama, Lindsay Reynolds, se acercaron al entonces jefe de Personal de la Casa Blanca, John F. Kelly, para hablar sobre el tema. Cuando no tomó ninguna acción aparente, Grisham comunicó lo sucedido directamente a Melania Trump, quien a su vez habló con su esposo en privado.

Al ver que no hubo represalias, Grisham sugirió a la primera dama una estrategia diferente: sin avisar al Ala Oeste de la Casa Blanca, Grisham emitió una declaración: “La oficina de la primera dama considera que (Mira Ricardel) no merece más el honor de servir en esta Casa Blanca”.

En pocos días, Ricardel salió de la Casa Blanca.

La tensión no murió ahí. La confrontación más grande parece haber sido entre el personal de la primera dama y John Kelly, según tres funcionarios actuales de la Casa Blanca familiarizados con la dinámica. El personal de la oficina de la primera dama se sintió menospreciado por el entonces jefe de Gabinete del presidente quien el fin de semana pasado anunció que Kelly se iría antes de fin de año.

Alguien cubre las espaldas de la primera dama, y se trata de una de las mujeres más poderosas de la Casa Blanca.