Foto: Especial
Una fiesta típica del Istmo de Tehuantepec que se convirtió en tragedia para varias familias

Minatitlán, Ver.  “Fue una rociadera; a los que estaban muertos les seguían pegando de balazos y rematando, hasta al bebé le volvieron a disparar varias veces”, resume una de las sobrevivientes del ataque armado en la palapa La Potra, donde la noche del viernes fueron asesinadas 13 personas y cuatro, heridas.

'Yo lo que hice fue aventarme debajo de la mesa, a mí me apuntaron con una pistola en la cabeza, pero me encomendé a Dios, le dije: 'perdóname señor y que se haga tu voluntad', dijo otra de las mujeres que asistió a la fiesta.

Las invitadas a los festejos de los 52 años de Fulvia Salinas Jiménez llegaron engalanadas con sus trajes de tehuana, huipil, enagua, tocado y alhajas; los hombres también de gala y cargando cartones de cervezas. Una fiesta típica del Istmo de Tehuantepec que se convirtió en tragedia para varias familias.

Durante la fiesta, horas antes de la matanza, el propietario del local, Hebert Reyes, subió a Fecebook un video.

Sobrevivientes del ataque narraron que seis personas llegaron con armas largas disparando a los que estaban en la pista, donde más de 50 personas bailaban La vida es un carnaval. Relataron que no fueron a buscar a una persona específicamente, pero sí revisaron a cada uno de los varones. No llegaron preguntando por nadie; es más, casi no hablaron con ellos, sólo a dispararles.

La balacera habrá durado unos 20 minutos, pero a mí se me hizo eterno. No fue un balazo sino una rociadera: algunos ya estaban muertos y les seguían dando, contó la testigo. Todos fueron sacados de donde se habían refugiado y los obligaron a ver cómo asesinaban a sus amigos o familiares.

Al bebé ya lo habían herido y lo siguieron rematando. La mamá lo traía cargando y el papá lo quiso cubrir, pero terminó con un disparo en la cara, contó una de las testigos de la masacre.