Detrás de este espectáculo de golpes, piruetas, gritos y músculo, hay tanta competitividad como un fin común: romper moldes y tabúes en un mundo masculino, el de la lucha libre, y en una sociedad tan machista como la mexicana.

Ayudada por la Comandante y Reyna Isis, Zeuxis se levanta un metro del suelo y pega una impresionante patada lateral con ambos pies a Princesa Sugehit, su máxima rival. Minutos después, esta devolverá el golpe con un salto entre las cuerdas del ring que dejará prácticamente K.O a Zeuxis. Esta exitosa maroma (acrobacia) da la victoria a su equipo, “las técnicas”, y permiten a Sugehit retar al campeonato nacional a su temida contrincante, del bando de “las rudas”.

“La misoginia nunca se va a acabar porque no toda la gente tiene este panorama o esa mente abierta para aceptar que la lucha libre femenina ya no es solamente un relleno a la lucha. Lo más importante es poder  abrir esos panoramas, pero solamente con trabajo”, señala Zeuxis detrás de una máscara negra con ribetes rosas y plateados y un ajustado bikini que resalta su curvas.

En la imagen la luchadora mexicana Joana Jiménez, “Silueta”. Foto: EFE/Mario Guzmán

Es un alter ego total -ella no revela su nombre jamás- que representa a la perfección la luchadora contemporánea. Tiene 27 años y lleva once en este deporte al que entró por vocación. Tiene estudios de paramédico y rehabilitadora física, se preparó en Bellas Artes y cuida su imagen dentro y fuera del ring, siendo asidua a las redes sociales.

Con sus dotes marciales y de “showwoman” se gana el corazón del Arena México de la Ciudad de México, la catedral de este deporte donde, a menudo, las mujeres son todavía consideradas protagonistas menores, ensombrecidas por personajes insignes como Blue Demon o El Santo.

Detrás de un antifaz y un vestido negro que emulan a Cat Woman, Princesa Sugehit reivindica este espectáculo que le ha dado “dinero, fama y viajes” y, contra viento y marea, la ha empoderado como mujer: “El machismo siempre ha existido y existirá. Pero poco a poco vas ganando tu lugar”, resalta esta experimentada luchadora, que a sus 36 años lleva la mitad de su vida en el cuadrilátero.

En la imagen la luchadora mexicana Princesa Sugehit. Foto: EFE/Mario Guzmán

DISCRIMINACIÓN HISTÓRICA

La lucha libre mexicana, una mezcla de deporte, teatro y folklore, nació a finales del siglo XIX inspirada en la lucha grecorromana. Las mujeres no celebraron su primer combate hasta julio de 1935, cuando el espectáculo se popularizó enormemente, aunque tuvieron que enfrentar numerosas críticas.

No tiraron la toalla, y las gladiadoras continuaron con mayor o menor éxito participando puntualmente en combates hasta mediados de los 50, cuando sus luchas fueron vetadas por ley en la Ciudad de México, cuna del deporte.

Vista general de un combate de lucha libre de mujeres en la capital mexicana. Foto: EFE/Mario Guzmán

Artistas como La Malinche o Toña “La Tapatía” quedaron relegadas a escenarios menores de pueblos del país, y a menudo los promotores enfrentaban multas si las programaban.

En 1986 las mujeres volvieron a los cuadriláteros capitalinos, aunque de forma intermitente y ante un público que no les mostraba tanto afecto.

No fue hasta 2005 que un escuadrón de gladiadoras regresó con fuerza al ring del Arena México, ofreciendo un espectáculo que les ha valido un lugar en la máxima categoría, el Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), que tiene a unos 200 luchadores en plantilla, y en tantas otras competiciones esparcidas a lo largo y ancho del territorio. Todavía no son cabeza de cartel, pero poco les falta.

Las damas de la lucha libre mexicana combaten encarnizadamente para el título mientras buscan un fin común: acabar con el machismo y el “statu quo” dentro y fuera del cuadrilátero.Foto: Foto: EFE/Mario Guzmán

ROMPIENDO MOLDES

"¿Dónde quedaron las chichis (senos)?", grita un espectador a Reyna Isis. La grada estalla en carcajadas de hombre y mujeres y ella se gira desafiante al público y se agarra el busto con las dos manos.

Si este momento refleja el machismo inherente en el país, la socarrona respuesta de Isis da muestras también de la fuerte autoestima de las jóvenes.

Paradójicamente, las luchadoras desafían el ideal de belleza actual. Exhiben músculo y carne en lugar de piel y huesos. Son cuerpos esculpidos  no esconden una voluptuosidad que se aleja de la talla 36.

También ostentan su autonomía.  “Yo estoy dedicada al 1.000% a la lucha libre y, gracias a ella, lo tengo todo”, presume Princesa Sugehit, que gracias a este trabajo tiene hoy casa y coche propio.

La luchadora Zeuxis. Foto: Mario Guzmán

Zeuxis declara su independencia de otra poderosa manera, asegura no “convivir con compañeros luchadores” porque prefiere abrirse a un círculo de amistades más amplio, y tampoco ha tenido líos con sus fans, a pesar de los numerosos rumores.

Ambas han viajado por otros países como Japón o Estados Unidos, donde la lucha libre profesional también goza de un buen público, y eligieron esa vida por opción y a pesar de las súplicas de su familia, preocupadas por el desgaste físico que implica la lucha libre profesional.

Porque todo ello tiene un precio. Lo recuerda Joana Jiménez, “Silueta”, quien a sus 30 años lleva unos 15 entrenando. Ella lleva un injerto en la rodilla, Zeuxis se rompió el tobillo hace un año y Sugehit tiene varias cicatrices en la frente que delatan años de dar y recibir golpes a diestro y siniestro.

Piensan en retirarse, aunque es difícil poner una fecha a un deporte que se lo ha dado todo. Silueta calcula que dentro de cinco años dirá adiós al cuadrilátero, luego quiere dedicarse a la Educación Física.

 Ella tiene un esposo y una hija en Guadalajara, en el noroeste del país, a quienes no ve tanto como le gustaría. “A veces me voy de gira tres meses a Japón. Y cuando dejo a mi familia durante todo este tiempo, los extraño bastante”, reconoce. Sugehit, tras 20 años EN el ring, piensa dar “más adelante, un espacio a una familia, a un hogar”.

Pero el amor por la lucha llama a su puerta. Silueta no parará hasta ganar otra “máscara o cabellera” de alguna de sus rivales, con quien mantiene una “pura competitividad”, forjada en “compañerismo, pero también ese celo de defender el lugar ante nuevas gladiadoras, o luchadoras al vapor, que buscan una plaza en la máxima liga”.

Y toda referencia al teatro inherente en este espectáculo, un continuo de golpes, gritos y muecas de dolor, es negada de plano por estas tres artistas del cuadrilátero.

Una imagen de la luchadora Princesa Sugehit preparándose las calzas para el combate. Foto: Foto: EFE/Mario Guzmán

No les será fácil dejar un mundo de focos, adrenalina y superheroínas de cómic. “(Cuando me pongo la máscara) se transforma la persona, y puedo ser esa niña malcriada que siempre quise ser”, descubre Zeuxis desde la trinchera de las rudas, estas malas del juego que despiertan pasiones en miles de mexicanos y mexicanas.

DESTACADOS:

+++ Detrás de un antifaz y un vestido negro que emulan a Cat Woman, Princesa Sugehit reivindica este espectáculo que le ha dado “dinero, fama y viajes” y, contra viento y marea y la ha empoderado como mujer: “El machismo siempre ha existido y existirá. Pero poco a poco vas ganando tu lugar”.

+++ La lucha libre mexicana, una mezcla de deporte, teatro y folklore, nació a finales del siglo XIX inspirada en la lucha grecorromana. Las mujeres no celebraron su primer combate hasta julio de 1935, cuando el espectáculo se popularizó enormemente, aunque tuvieron que enfrentar numerosas críticas.

+++Tras el veto a partir de los años 50 del pasado siglo, en 1986 las mujeres volvieron a los cuadriláteros de México DF, aunque de forma intermitente y ante un público que no les mostraba tanto afecto. No fue hasta 2005 que un escuadrón de gladiadoras regresó con fuerza al ring, ofreciendo un espectáculo que les ha valido un lugar en la máxima categoría.

Por Martí Quintana Bados/EFE-Reportajes