Las convocatorias se redactan incompletas, se difunden poco y mal. / Foto: Especial.
Se ha señalado hasta el cansancio: la falta de cuidado en la organización de concursos artísticos, derivada de la fallida elección de un jurado solvente, aunado a las cada vez más recurrentes prácticas de opacidad, las que han ido conformando entre la comunidad creadora un justificado descreimiento en la objetividad y justicia de casi todos estos certámenes

La opacidad como tendencia

Los más recientes fueron dos y también se volvieron muestra de los usos y formas recientes de manejar los certámenes artísticos: el concurso sobre foto de alimentos convocado por la SEMA y el concurso de fotografía sobre el Centro Histórico, organizado por la oficina municipal del mismo nombre. Además de bases poco claras, escasa difusión en convocatoria y resultados, jurados conformados muchas veces por personas ajenas a las disciplinas a dictaminar (en el caso de Centro Histórico hubo un representante de Desarrollo urbano, una joven profesora del TEC y “reconocidos urbanistas y arquitectos”… pero ningún fotógrafo. Algo casi similar ocurrió en el concurso de foto de la SEMA. Pero la dinámica más cuestionable, y que la comunidad artística tendría que ir presionando para que fuera obligatoria en todas las convocatorias similares, sería la de transparentar (junto con el resultado de las convocatorias) la identidad y perfiles de los jurados. Así como la publicación del dictamen, explicando los criterios meditante los cuales fueron ponderadas y elegidas las propuestas ganadoras. Es lo mínimo. Y es lo que hace todo concurso –al menos en la escena nacional- que se precie de cierta solvencia.

Por otro lado ¿Para qué ocultar la identidad de los jurados? Si no se trata un juicio marcial, no viene a cuento la secrecía, y tampoco se trata de alguna actividad vergonzosa. Al contrario.

¿Qué sentido de credibilidad pretenden los organizadores que puede aportar a un concurso un jurado secreto?

Primer y segundo lugar en el concurso del Centro Histórico. Nadie pudo argumentar sus valores técnicos y estéticos. / Foto: Especial.

Padrón del Consejo de Cultura: solicitudes perdedizas

El tercer caso fue en un tema de mayor relevancia: la convocatoria para conformar el padrón artístico que sirviera como base a la elección y renovación del Consejo Ciudadano de Cultura a nivel estatal. Como ya se sabe, la publicación de ésta tuvo por principio diversos tropiezos y torpezas en su manejo: la SEC la envío por correo electrónico a sólo una parte de la comunidad artística. En un segundo intento, se publicó en redes sociales de una manera extrañamente discreta, aunado a la ilegibilidad de sus numerosos incisos en un archivo de imagen: esto a pocos días del día límite marcado por la misma. Los resultados fueron obvios: casi nadie se enteró. Y los que supieron, no pudieron leerla.  Y aunque la sección Artes de Vanguardia se dio a la tarea de transcribirla y publicarla (4 de junio), la respuesta de la comunidad artística para registrarse a conformar este padrón fue escasa, lo que amplió el plazo hasta el día 21 de junio. Los tropiezos no terminaron ahí. Por lo menos cuatro postulantes se comunicaron a este medio para denunciar que, a pesar de haber hecho su solicitud en tiempo y forma vía correo electrónico, no les fue notificada su aceptación en las listas del padrón. Sólo se les dijo –escuetamente- que “la información ya había sido impresa” sin mayor explicación. O sea, que habían quedado fuera, a pesar de haber mandado su papelería dentro de los límites marcados por la misma convocatoria.

Algunos de ellos tuvieron que pedir revisión de las listas y después de cierta insistencia, pudieron inscribirse en el padrón. Las listas defintivas quedarían esta semana ¿Mala fe selectiva? ¿Descuido o sesgo? No se sabe. Lo cierto es que un proyecto tan delicado como la elección de un Consejo ciudadano de cultura conformado por artistas no necesita de estas torpezas o actos deliberados que sólo abonan a la suspicacia.

La falta de legibilidad es una constante. También la poca claridad en los criterios de selección. / Foto: Especial.

Bienal Rubén Herrera: plazos traicioneros

El cuarto y más grave caso se dio en el Instituto Municipal de Cultura. Y fue relacionado a una grave irregularidad en el proceso de la segunda edición de la Bienal Nacional de Autorretrato Rubén Herrera. Todo lo que dejó de qué hablar su primera edición lo hemos abordado ya antes aquí (“Bienal de autorretrato, una deuda por saldar”, feb 11, 19) y el masivo reclamo en torno al descuido en los procesos de recepción y selección nos señalan que la lección no fue aprendida.

Y aunque los resultados de este concurso se darán a conocer en dos semanas, ya desde ahora hay repetidos cuestionamientos de artistas procedentes de diversas partes del país. Esto, debido a que de manera totalmente injustificada y contraviniendo las propia bases, los organizadores decidieron –de último momento- acortar varios días la fecha límite, dejando fuera a innumerables participantes. Fue tanto el disgusto de éstos, que la fan page del Museo Rubén Herrera fue saturada de reclamos y preguntas cuya única respuesta fue el silencio. A lo pocos días, también todos los comenarios fueron borrados. Uno de ellos –seleccionado para la muestra el año pasado- procedente de la capital del país escribió por e-mail a esta columna:

“El Sistema de Información de Cultura (plataforma oficial online de difusión de la Secretaría de Cultura federal) publicó que el cierre de esta convocatoria era el día 6 de junio de este año. Muchos pintores que no somos de Saltillo, no obstante que mandamos nuestra inscripción entre los días 3 y 6 de junio, fuimos rechazados por el comité de la Bienal, después de haber trabajado ex profeso piezas para este concurso. Autores que incluso recbieron mención honorífica en la pasada edición o de reconocido prestigio nacional, escribimos indignados a varios remitentes expresando nuestra inconformidad: al Museo Rubén Herrera, al SIC, al Instituto de Cultura de Saltillo y sobra decir que fuimos completamente ignorados. Si los medios donde van a publicar o actualizar su convocatoria son sólo locales, mejor hagan sólo una Bienal estatal o regional, y que de una vez no se tome en cuenta al resto. Ellos no pueden seguir haciendo mal las cosas y seguir recibiendo apoyo. Ojalá y puedan ayudarnos a difundir este reclamo, estaríamos muy agradecidos.”

Al parecer, el problema no fue sólo con los foráneos. Por lo menos un autor local denunció en sus redes sociales la misma situación, y que la explicación oficial fue que “el cambio de fechas se había comunicado vía correo”.

Así las cosas en Coahuila con los concursos y convocatorias. Lo peor es que en este panorama repleto de vicios, omisiones y torpezas -y bajo estas directrices- es como se pretende alentar la participación de nuevos actores y fomentar el desarrollo de las artes y la cultura.

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